Las ADF, ¿un grupo yihadista en la República Democrática del Congo?
Pablo Moraga
Nairobi, 17 mar (EFE).- Los difusos vínculos del Estado Islámico (EI) con las rebeldes Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) han hecho que la sombra de la amenaza yihadista oscurezca aún más el conflictivo este de la República Democrática del Congo (RDC), aunque los expertos no terminan de aclarar la relación entre ambos grupos.
Para muchos congoleños, las ADF, que esta semana volvieron a marcar la actualidad de la RDC con varios ataques que causaron más de 60 muertos, son sinónimo de un reguero de sangre.
En 2021, estos rebeldes llegaron a matar a alrededor de 1.260 personas, según datos de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (OHCHR).
Y sus tentáculos amagan con expandirse a otros lugares de la región. Las autoridades de la vecina Uganda les acusaron de organizar ataques dentro de su territorio, incluidos dos atentados suicidas en noviembre de 2021 y asesinatos -e intentos de asesinato- por parte de motoristas armados contra altos funcionarios.
Sin embargo, la visibilidad de las embestidas de las ADF contrasta con su opacidad, aunque Estados Unidos identifica desde marzo de 2021 a estos rebeldes como «una organización terrorista» afiliada al Estado Islámico.
Escondidos en los bosques densos del noreste de la RDC -campo de batalla de más de un centenar de grupos armados-, aún no está claro el nexo de estos rebeldes con el EI, a pesar de que los radicales islámicos reivindican algunos de sus ataques desde abril de 2019.
Por eso, el académico Christoph Vogel, investigador del Conflict Research Group, recomienda prudencia.
Aunque una «parte significativa» de los líderes de las ADF han «jurado su lealtad» al EI, dice Vogel a Efe, es difícil saber si se trata de una estrategia publicitaria o si existe una «asociación real» con «vínculos operativos».
«Los analistas -enfatiza este experto- están divididos al respecto».
EL ORIGEN DE LAS ADF
El carácter oportunista de las ADF, que ha tenido distintas metas desde su nacimiento en Uganda en la década de los años noventa, dificulta un análisis de esta milicia.
Las ADF empezaron a caminar de la mano del ugandés Jamil Mukulu, su fundador y líder de una secta islámica -Tabliq- que mató a cuatro policías en 1992, durante una pelea por el control de la mezquita más importante de Kampala.
En 1995, después de cumplir una condena de tres años de cárcel, Mukulu usó el descontento social de sus seguidores -que acusaban al Gobierno ugandés de discriminar a la población musulmana (el 14 % de los habitantes de Uganda)-, y el de algunos grupos étnicos marginados desde el período colonial, para crear su milicia.
Con el propósito de derrocar al presidente Yoweri Museveni, que gobierna Uganda desde 1986, las ADF empezaron una campaña de asesinatos contra las fuerzas de seguridad, pero también contra civiles, sembrando el miedo entre la población.
Pero los hombres armados de Mukulu enseguida se toparon con un Ejército ugandés robusto, patrocinado por países occidentales, que a partir del 2000 forzó a los rebeldes a abandonar sus posiciones en Uganda y retirarse a la vecina RDC.
Allí, las ADF adoptaron dinámicas económicas parecidas a las de otros grupos armados congoleños -impuestos para los comercios, y contrabando de madera, productos agrícolas y oro-, e incluso formaron alianzas con otros rebeldes.
El excomandante adjunto de los cascos azules en la RDC desde 2013 hasta 2016, general Jean Baillaud, describió a las ADF «no solamente» como un «grupo armado», sino también como «una red que controla grandes sectores de la economía local».
¿OTRO GOLPE DE TIMÓN?
El dinero obtenido con sus negocios permitió al grupo construir campamentos en el interior de la DRC, con colegios propios e incluso centros de salud sencillos, pero su mundo empezó a desmoronarse en 2014, cuando el Ejército congoleño lanzó una ofensiva militar a gran escala para derrotar a estos rebeldes.
Golpe tras golpe -Mukulu fue arrestado en 2015-, los combatientes estaban inmersos en un escenario de crisis, y los ataques atribuidos a las ADF se dispararon.
«Las ADF han dejado de existir (…). Ahora somos una provincia, la Provincia de África Central, una de las numerosas que componen el Estado Islámico», sermoneó en 2020 el nuevo líder de las ADF, el ugandés Musa Baluku, en un vídeo propagandístico.
Sin embargo, en vez de buscar extender un «califato», sus masacres parecen ser ataques de represalia para que el Ejército congoleño abandone sus operaciones militares en la zona, señala el investigador independiente Robert Flummerfelt, que entrevistó a decenas de excombatientes, antiguos rehenes de este grupo y otras víctimas de sus atentados.
La analista Judith Verweijen, de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), no descarta un acercamiento de las ADF al EI, quizás con el objetivo de atraer a más combatientes y financiación.
«Esos vínculos existen y son importantes -señala Verweijen a Efe-, pero destacarlos con exceso puede oscurecer otros factores que explican el comportamiento de las ADF, conduciéndonos a enfoques erróneos para combatirlas, como operaciones militares sin mecanismos para proteger a los civiles contra la violencia de represalia».
Desde noviembre de 2021, el Ejército de Uganda lucha con el de la RDC en una operación conjunta para neutralizar a las ADF en suelo congoleño, pero los rebeldes siguen regando de violencia esta esquina fértil -y con abundantes recursos minerales- de África. EFE
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