Los países europeos buscan reducir su dependencia tecnológica en plena revolución de la IA
Madrid/Bruselas, 7 jun (EFE).- Los países europeos están cada vez más preocupados por su creciente dependencia tecnológica, en especial respecto a las grandes empresas de EE.UU., lo que ha llevado a algunos de ellos a poner en marcha planes específicos, a los que se ha sumado esta semana un paquete legislativo diseñado por la Comisión Europea (CE).
El rápido desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), con segmentos monopolizados por un puñado de empresas globales, y las perspectivas revolucionarias de tecnologías como la computación cuántica, con implicaciones relevantes en la ciberseguridad, han reactivado el debate sobre la soberanía tecnológica en la Unión Europea (UE).
En Alemania, el Gobierno lanzó en otoño la llamada ‘Agenda de Alta Tecnología’, que está dotada con 18.000 millones de euros hasta 2029.
Esta iniciativa, que apuesta por una estrecha colaboración entre los ámbitos empresarial y científico, se centra en seis segmentos clave: inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, microelectrónica, biotecnología, energía y movilidad.
Una de las prioridades es convertir a Alemania en un centro global para la producción de semiconductores. En el sector energético, Berlín aspira a construir la primera central de fusión nuclear del mundo.
Francia también ha redoblado su apuesta por las tecnologías de vanguardia, con inversiones en computación cuántica y semiconductores, dos campos que París considera determinantes para reducir su dependencia exterior.
El Estado francés ha culminado este año la compra de Bull, una empresa de referencia en supercomputación e IA.
Estas iniciativas forman parte de una estrategia más amplia para garantizar el control de tecnologías e infraestructuras críticas.
El Gobierno francés pone el acento en segmentos como la IA, la computación cuántica, los semiconductores o los servicios en la nube, sin olvidar la energía nuclear o las baterías eléctricas.
Italia ha situado la soberanía tecnológica en el centro de su estrategia.
Por un lado, ha respaldado iniciativas europeas y ha liderado proyectos como IT Wallet, piloto del futuro monedero europeo.
En el ámbito de la protección de datos, Roma ha impulsado una infraestructura de nube soberana destinada a proteger a las administraciones públicas, que gestiona junto a empresas italianas como TIM o Leonardo.
En el sector financiero, el operador nacional Bancomat se ha aliado con la española Bizum y la portuguesa MB Way dentro de la Iniciativa Europea de Pagos (EPI).
En España, el Gobierno también ha trazado una ‘hoja de ruta’ para reforzar la soberanía digital, que apuesta por la conexión entre las infraestructuras digitales españolas y europeas, y por el uso de programas de código abierto en la Administración.
Otros objetivos son crear un sistema europeo de pagos y mantener el ritmo inversor en tecnologías críticas como la IA, los semiconductores o la computación cuántica.
En Países Bajos, el Gobierno ha tomado medidas para impedir que su tecnología caiga en manos de empresas extracomunitarias.
La semana pasada, vetó la compra de Solvinity, que opera el sistema de identidad digital, por la compañía estadounidense Kyndryl.
Hace un año, las autoridades neerlandesas intervinieron la empresa Nexperia, que fabrica chips y es propiedad de un grupo chino, para evitar la transferencia de tecnología a China.
Países Bajos también ha restringido la exportación de los equipos que fabrica ASML, una de las empresas clave en el ecosistema de la IA.
A menor escala, Ámsterdam ha puesto en marcha un proyecto piloto para buscar alternativas al software estadounidense.
En el ámbito comunitario, el pasado miércoles, la CE presentó un paquete de leyes para intentar que las empresas europeas ofrezcan servicios en la nube que puedan competir con los que suministran las compañías estadounidenses o chinas.
La propuesta incide en las licitaciones de la administración para contratar servicios en la nube. La CE ha diseñado cuatro niveles de ‘soberanía tecnológica’ para evitar que gobiernos extranjeros accedan a información sensible.
Estas medidas complementan a otros desarrollos normativos en ámbitos como la ciberseguridad o el suministro de chips.
La Computer & Communications Industry Association (CCIA), de la que forman parte empresas como Amazon o Google, ha advertido de que la iniciativa de la CE puede provocar un «cierre fragmentado del mercado único» porque introduce «medidas discriminatorias que socavan los objetivos de digitalización de la UE».
La organización subraya que la UE «no es capaz de cumplir» sus propios requisitos y plantea que la cláusula de origen se sustituya por «criterios de seguridad técnica verificables».
Según un informe reciente del Parlamento Europeo, el ecosistema digital europeo es extremadamente dependiente de proveedores extracomunitarios, sobre todo de EE.UU.
El informe señala varias áreas especialmente vulnerables: infraestructuras en la nube, programas informáticos para empresas y particulares, ciberseguridad y tecnologías de la información para las administraciones públicas.
En el apartado de infraestructuras en la nube, AWS (Amazon), Microsoft Azure y Google Cloud controlan el 70 % del mercado en Europa.
En el ‘software’ corporativo, proveedores de EE.UU. copan el mercado (en torno al 80 %), con firmas como Microsoft, Oracle, IBM o Salesforce. La única excepción europea es SAP.
En los programas destinados a consumidores finales, predominan también las empresas de EE.UU. y Asia: iOS y Android, en ‘software’ para móviles; Windows, en sistemas operativos para ordenadores; y Google, en el mercado de búsquedas en internet. EFE
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