Pável Dúrov, el «terrorista» informático que desafía al Kremlin
Moscú, 29 jul (EFE).- El ruso Pável Dúrov, creador de la red de mensajería encriptada Telegram y declarado este miércoles en busca y captura por cooperación con terrorismo, es una de las figuras más admiradas por los jóvenes y emprendedores rusos, tanto por su éxito como por su negativa a someterse a la censura estatal.
Por ese motivo, ha tenido numerosos encontronazos con el Kremlin y los servicios de seguridad rusos, que han intentado silenciar a su red social en varias ocasiones antes y durante la guerra de Ucrania.
A las barricadas digitales
«Bienvenidos de nuevo a la Resistencia Digital, hermanos y hermanas rusos. Toda la nación está movilizada para sortear estas absurdas restricciones», dijo hace unos meses.
Dúrov defiende una ideología libertaria en la que, según sus palabras, Telegram es una «plataforma neutral» y «no importa si Telegram es usada por la oposición o el partido en el poder. Las reglas son iguales para todas las partes».
Precisamente, por negarse a aceptar las reglas de un Estado, este «terrorista» informático ya fue detenido hace dos años en Francia, cuya ciudadanía obtuvo en 2021.
Dúrov aseguró en su momento que el hecho de que los autores de sucesos violentos hayan usado Telegram «no debe servir de excusa para la organización de una caza de brujas o para convertir la sociedad en un campo de concentración».
Telegram, que fue lanzada oficialmente en 2013, supera los 1.000 millones de usuarios mensuales, lo que la convierte en una herramienta de alcance global.
Tótem de internet y aviones de papel
«Quiero ser un tótem de internet», le dijo a su profesor al graduarse en un elitista liceo de San Petersburgo, donde también estudió el conocido matemático Grigori Perelmán.
En 2006, fundó Vkontakte (VK), el Facebook ruso, que se convirtió rápidamente en la principal red social en Rusia, lo que llamó la atención del Kremlin, presidido por un hombre de la era analógica, Vladímir Putin, que recela especialmente de internet.
Bajo presiones, -Dúrov se negó a bloquear los grupos que organizaron en 2011 las mayores protestas antigubernamentales desde la caída de la URSS- acabó vendiendo la plataforma en 2014 a los amigos del Kremlin (mail.ru).
Cuando aún presidía VK, lanzó aviones de papel hechos con billetes de dólar desde la ventana de su oficina, gesto premonitorio, ya que un avión de papel es el símbolo de Telegram, cuyo estándar de cifrado fue creado por su hermano Nikolái.
Con ese servicio de mensajería encriptada, Dúrov dio el salto a otra dimensión -a diferencia de WhatsApp, Telegram permite el acceso a mensajes desde diferentes dispositivos a la vez y compartir un número ilimitado de fotos, vídeos y archivos-, lo que le acabaría llevando al exilio en Dubái, desde donde controla su imperio.
«La mayor ventaja de Telegram es que es una mezcla entre red social y plataforma de mensajería. No hay ninguna otra aplicación que disponga de canales, que, de hecho, son medios de comunicación de masas», comentó a EFE Mijaíl Klimariov, director de la Sociedad de Protección de Internet.
Primer intento de derribo
Dúrov se enorgullece tanto de su independencia geopolítica -considera que Telegram es una aplicación universal y se niega a que le relacionen con Rusia- como del hecho de que su aplicación haya sido utilizada por la oposición desde Hong Kong a Bielorrusia.
«Nunca entregó a nadie a la policía», señaló Krimaliov.
Por ese motivo, en 2018 el Kremlin decidió cerrar Telegram, pero las multitudinarias protestas en su defensa le hicieron cambiar de opinión. Eso sí, desde el comienzo de la guerra las autoridades intentan desarrollar una alternativa al estilo chino, MAX, que ha fracasado estrepitosamente en su intento de sustituir a Telegram.
Herramienta de terroristas y saboteadores ucranianos
Su secretismo (la implementación de chats secretos que protegen la privacidad de los usuarios con un cifrado exclusivo y hasta 200.000 personas por grupo) ha convertido a Telegram en un instrumento muy atractivo para delincuentes y extremistas.
Por ese u otro motivo, la red ha sido bloqueada en países como Irán, Indonesia, India o Tailandia, y sufrido restricciones y multas en España, Alemania, Brasil o Países Bajos.
Dúrov ha acusado a la Unión Europea de intentar controlar el discurso político.
En los últimos meses, las autoridades rusas volvieron a la carga con la excusa de los ataques con drones. Ralentizaron Telegram con el argumento de que dicha red era utilizada por terroristas, estafadores y por las agencias de inteligencia ucranianas para reclutar saboteadores. Telegram «está muriendo», proclamó el jefe de la corporación estatal de telecomunicaciones, Rostelekom.
Nada más lejos de la realidad. Jóvenes, empresarios, políticos e incluso militares, que emplean Telegram en el frente, criticaron públicamente la medida, que no ha impedido el acceso a la aplicación a través de las VPN (Red Privada Virtual). EFE
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