Seis claves de la lucha en torno a la iniciativa de la SSR
El electorado suizo ha rechazado de manera contundente este domingo la iniciativa que pretendía reducir la tasa de la radiotelevisión pública a 200 francos —el importe que pagan anualmente todos los hogares para financiar la Sociedad Suiza de Radio y Televisión (SSR)—. Pero esta nueva contienda en torno al audiovisual público deja huella. Análisis.
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Resultados de las votaciones del 8 de marzo de 2026 en Suiza
1. La comunidad suiza en el extranjero no fue el blanco de la campaña
La mayoría de los suizos que viven fuera del país pueden mostrarse satisfechos con el resultado. Según la última encuesta de la SSR, el 58 % de la diáspora votó en contra de la iniciativa, frente a un 37 % que la apoyaba.
Durante la campaña, la comunidad suiza en el extranjero no fue atacada, a diferencia de la votación de 2024 sobre la mensualidad extra de la pensión obligatoria. Habría sido fácil criticarla como grupo privilegiado, dado que reciben contenidos de Swissinfo adaptados a sus necesidades y pueden ver todos los programas de SRF, RTS y RSI por satélite pagando menos que la tasa habitual.
La SRF, la RTS y la RSI son las tres grandes unidades regionales de la SSR, cada una dirigida a una región lingüística distinta de Suiza. Todas forman parte de la misma empresa pública, pero producen contenidos en idiomas diferentes y para públicos distintos: la SRF es de habla alemana, la RTS francófona, y la RSI pertenece a la región de habla italiana.
Esta contribución forma parte del mandato de la SSR para el exterior, que permite a los más de 200.000 suizos con derecho a voto y elegibilidad mantenerse informados y ejercer sus derechos políticos. Su importancia aumenta ante la crisis de medios que afecta a muchas regiones del mundo, mientras que en comparación internacional, el panorama mediático suizo sigue siendo diverso y sólido.
A diferencia de la votación de 2015 sobre la ley de radio y televisión (LRTV), que se decidió por un margen mínimo (50,08 %), esta vez el resultado ha sido claro. Nadie necesita hacer cálculos complicados para saber que la comunidad suiza en el extranjero no ha marcado la diferencia.
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2. Suiza refleja una realidad que conocen muchos países
El debate sobre esta votación en Suiza se enmarca en una tendencia internacional: los medios públicos están perdiendo apoyo y financiación en muchas democracias occidentales. En Francia, el presupuesto del audiovisual público ha disminuido en 162 millones de eurosEnlace externo (146 millones de francos) en dos años. En Reino Unido, la BBC ha aplicado un plan de ahorroEnlace externo bajo presión política y presupuestaria.
Al mismo tiempo, los servicios de información públicos se han convertido en objetivos en las luchas de influencia política. Se les acusa de parcialidad o de alinearse ideológicamente, lo que aumenta la presión sobre ellos. Por ejemplo, en Estados Unidos, Donald Trump intentó silenciar Voice of America, la emisora internacional estadounidense, calificándola de «elemento inútil de la burocracia federal».
En regímenes autoritarios, la tendencia es la contraria. Desde principios de los años 2000, Rusia, China o Irán han invertido masivamente en propaganda para controlar la información y debilitar contrapesos mediáticos. En este contexto, un servicio público independiente es clave para garantizar información fiable y mantener un espacio democrático plural.
3. La UDC no convenció como defensora del poder adquisitivo
La Unión Democrática del Centro (partido conservador) centró su campaña en proteger el bolsillo de los hogares, proponiendo una reducción drástica de la tasa de radio y televisión. Sin embargo, la mayoría de la población no se mostró convencida. Según los sondeos previos, la gente consideraba que la relación calidad-precio de los programas era adecuada.
El temor a perder acceso a deportes o series que la SSR ya no podría ofrecer terminó pesando más. Además, el propio partido de UDC parecía no confiar del todo en su iniciativa: destinó 1,5 millones de francos a su campaña, frente a los casi 4 millones invertidos por quienes se oposieron, que movilizaron a 35 organizaciones culturales, deportivas y científicas, reflejando tanto la diversidad de apoyos de la SSR como, en algunos casos, su dependencia financiera del servicio público audiovisual.
4. Albert Rösti confirma su habilidad política
La votación supuso una doble victoria para Albert Rösti, consejero federal de la UDC encargado de los medios. Como parlamentario, había apoyado la iniciativa «200 francos son suficientes». Ya como consejero federal, dejó el comité de iniciativa y promovió un contra-proyecto más ambicioso.
La reducción de la tasa propuesta por Rösti, de 335 francos actualmente a 300 francos en 2029, obliga a la SSR a un programa de ahorro importante. Sumando las pérdidas por publicidad, su presupuesto disminuirá un 17 %.
Rösti ha logrado así mantener su credibilidad al enfrentarse a su propia iniciativa, mientras alcanza su objetivo inicial: una SSR más reducida y empresas con menor carga fiscal. Además, ha anunciado que supervisará que la SSR cumpla su mandato y garantice una cobertura política equilibrada. Rösti demuestra así su maestría en la política suiza, firme en sus objetivos ideológicos, pero flexible en la estrategia.
5. Las críticas repetidas dejan huella
Aunque la mayoría apoyó a la SSR, sigue existiendo desafección hacia los medios públicos. La iniciativa «200 francos son suficiente» es la sexta que fracasa desde 1982.
Aunque no triunfen, estas iniciativas dejan marcas. Sin la iniciativa «No Billag» de 2018 —rechazada por casi el 72 %— y la de este domingo, la tasa probablemente no habría bajado tan rápido: de un máximo de 462 francos en 2007, se reducirá a 300 en 2029, un 35 % menos en 20 años.
El ‘canon’ se refiere a la tasa de medios obligatoria que deben pagar los hogares y, hasta ahora, también algunas empresas en Suiza, para financiar a la SSR (Sociedad Suiza de Radiodifusión y Televisión). Es decir, no es un impuesto general, sino un pago específico que asegura que la televisión y la radio públicas tengan los recursos para operar de manera independiente y ofrecer programación de servicio público en las distintas regiones lingüísticas del país.
Para enfrentarlo, la SSR ya había iniciado la mayor reestructuración de su historia, con el reto de ahorrar un 17 % de su presupuesto sin comprometer la programación. Susanne Wille, directora de la SSR, deberá cumplir su promesa de un servicio público más centralizado y eficiente, atento a los usuarios, o arriesgarse a perder apoyo político y nuevas amenazas de recortes.
6. La SSR debe tomar en serio las críticas
Durante la campaña, se escuchó que la SSR era demasiado progresista o «woke». Estas críticas deben ser consideradas. El servicio público debe reflejar a toda la sociedad, en todas sus vertientes políticas. Su misión no es hacer activismo ni desafiar estructuras de poder.
Al mismo tiempo, sería un error ceder ante la presión de la derecha conservadora, que intenta imponer su agenda política en las redacciones. Ninguna institución en Suiza es tan vigilada como la SSR —quizá solo el ejército—. Los periodistas del servicio público trabajan bajo observación constante y con exigencias más altas que nunca. Solo así, ofreciendo información imparcial e independiente, el servicio público podrá seguir justificando su razón de ser ante la población.
Texto original editado por Mark Livingston. Adaptado del francés por Carla Wolff.
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La iniciativa sobre la SSR, explicada brevemente
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