Isabella Rossellini: de princesa del cine a reina de los animales
Isabella Rossellini —galardonada con el Premio a la Excelencia en la última edición del Festival de Cine de Locarno— se ha hecho famosa como modelo, actriz y directora. Rossellini ha conversado con Swissinfo sobre su infancia como hija de la realeza del cine, su fascinación por el comportamiento animal y el edadismo en la industria de la belleza.
Cuando llegó a Locarno para la inauguración del festival de cine, Isabella Rossellini tenía sobrados motivos para estar molesta: la aerolínea estadounidense con la que viajaba de Nueva York a Milán, por overbooking, la pasó de clase preferente a clase turista. Ella, sin embargo, cumplió con elegancia una agenda repleta de entrevistas, charlas, presentaciones de películas y la gala en la Piazza Grande.
Hija de la actriz Ingrid Bergman y del cineasta Roberto Rossellini, Isabella creció rodeada de la flor y nata del cine italiano y europeo de la posguerra. Federico Fellini, Pier Paolo Pasolini y Vittorio de Sica, entre otros muchos, eran habituales en su casa. Cuando habla de su infancia, parece como si los platós de cine hubieran sido su lugar de juegos.
«Iba más a los rodajes de mi padre que a los de mi madre, porque siempre era el productor o el director quien mandaba», afirma. «[El director estadounidense] Vincente Minnelli, en particular, era muy amable y a los niños nos dejaba entrar en el plató, como hice yo en A Matter of Time [Nina, en Italia y otros países] (1976), que se rodó en Roma. A mamá le encantaba trabajar en Roma, donde vivíamos, porque el conflicto entre la familia y el trabajo siempre es muy intenso para cualquier mujer, pero especialmente para las actrices».
Por eso mismo, Isabella se niega a actuar en series, ya que eso normalmente implica pasar muchos meses lejos de casa. «Apariciones especiales, sí, pero papeles protagonistas, rotundamente no», cuenta.
A finales de la década de 1970, tras cruzar el Atlántico, conquistó las dos costas de la industria cinematográfica estadounidense: en Nueva York conoció a Martin Scorsese, con quien se casó en 1979, y en Hollywood colaboró y se casó más tarde con David Lynch. Contó, además, con John Schlesinger y Robert Redford como mentores. Entre sus películas más conocidas se encuentran Blue Velvet [Terciopelo azul] (1986), de Lynch, y Conclave [Cónclave] (2024), por la que obtuvo una nominación al Óscar. Y fue también durante décadas la imagen del gigante de la cosmética Lancôme.
En un intento por escapar de la sombra de su famosa madre —«al principio me sentía muy intimidada por la enorme reputación de mi madre», señala—, Isabella estudió diseño de vestuario y comenzó a trabajar como modelo. No se entregaría al cine hasta mucho más tarde. «Siempre llego tarde», dice. «Empecé a trabajar como modelo a los 20, como actriz a los 32 y como etóloga a los 55».
Vive en una granja de animales
Rossellini, que ahora tiene 74 años, vive rodeada de animales —la principal pasión de su vida— en una granja al norte del estado de Nueva York. «Empecé a recoger perros y gatos callejeros hasta que mis padres me dijeron: “¡Basta!”. Y entonces, cuando yo tenía unos 14 años, mi padre me regaló un libro de Konrad Lorenz, el fundador de la ciencia de la etología —que estudia el comportamiento animal—, titulado El anillo del rey Salomón, que era un éxito de ventas en aquella época».
Cuando tenía 20 años, la etología no se impartía todavía como asignatura. «Pero se convirtió en una profesión cuando yo tenía unos 50 años, así que volví a la universidad y me licencié en etología», indica.
Isabella debutó como directora en el siglo XXI, combinando su pasión por los animales con su hábitat natural: el cine. Las series de minipelículas Green Porno, Mammas y Seduce Me se concibieron con la llegada de YouTube, siguiendo un consejo de Robert Redford, el actor, director y empresario inconformista que fundó el Festival de Cine de Sundance y el canal Sundance, dedicados a las producciones independientes.
«Bob me dijo que, en esta nueva era en la que la gente veía películas en el móvil, esta serie solo tendría sentido si cada episodio durara dos minutos, como máximo».
La serie Green Porno comenzó en 2009 y sigue en marcha. Rossellini afirma que actualmente se está produciendo The Survival of the Friendliest, una nueva serie de cortometrajes sobre cómo los animales salvajes se convirtieron en mascotas domésticas.
Swissinfo: ¿Qué le inspiró a hacer la serie Green Porno, centrada exclusivamente en la vida sexual de los animales?
Isabella Rossellini: Creo que la diferencia es lo que la hace tan interesante, porque, por lo general, siempre se piensa: Mamá más papá, igual a crías. Hay animales que cambian de sexo a mitad de su vida. Empiezan siendo machos y luego se convierten en hembras, o viceversa. Hay animales que son hermafroditas, que tienen ambos sexos. Así que, en realidad, no era el sexo en sí lo que me interesaba; las películas de Green Porno no son muy porno.
Es sobre comportamientos diferentes, ¿verdad?
Sí, por eso hice otra serie sobre el instinto maternal (Mammas) y otra sobre estrategias de seducción en las que hay canto, baile o perfumes. Pero, de alguna manera, Green Porno siguió siendo el título que las une a todas. La fascinación proviene del hecho de que estas cosas pueden ser tan diferentes. Y no se trata de intentar aprender de los animales cómo comportarse como ser humano, sino de saber que todo es posible.
Usted ha tenido varias vidas: modelo, actriz, directora, autora, activista por los derechos de los animales y etóloga. ¿Qué une todas esas experiencias?
Mis intereses siguen a mi curiosidad. Y por eso, para mí, siempre están conectados. No se puede definir a alguien solo por una cosa, como, por ejemplo, ser madre o actriz. [El fotógrafo] Richard Avedon, con quien trabajé bastante, solía decir que ser modelo es como ser una estrella del cine mudo. No tienes diálogo, pero aun así tienes que actuar porque fotografían la emoción. No hay belleza sin emoción.
En la serie Green Porno, no solo escribió y dirigió, sino que también diseñó el vestuario. ¿Necesita tener el control total?
Sí, hago todos los guiones gráficos y todos los dibujos de mis películas, pero también debo dar crédito a mis dos colaboradores: Rick Gilbert y Andy Byers. Quiero tener el control del proceso, pero tengo que hacerlo con lo que sé. Así que tuve que descartar la tecnología porque es algo que no sé hacer. Apenas sé enviar un correo electrónico.
Los efectos especiales siempre se hacen con cuerdas. Todo se hace en la cocina, por así decirlo. No hay ordenador porque no sé manejarlo. Mi referencia es [el pionero del cine] Georges Méliès. Él utilizaba una cámara enorme. Nunca se movía. A veces solo la empujaba un poco. Mis películas son iguales. Sin contraplanos, sin planos desde arriba. Todo es muy sencillo.
¿Tiene algún recuerdo especial o algún vínculo con el Festival de Cine de Locarno?
Debo confesar que es la primera vez que vengo a este festival, aunque sí que tiene una relación especial con mi familia. Mi padre ganó el Gran Premio de Locarno en 1948 con una película que me encanta: Alemania, año cero [Germania, anno zero], una película maravillosa que rodó como parte de lo que la prensa denomina la «trilogía de la guerra». Mi padre rodó primero Roma, ciudad abierta [Roma, città aperta] con Anna Magnani, luego Camarada [Paisà]y cerró la trilogía con Alemania, año cero. Fuimos a Alemania, a un Berlín que estaba completamente destruido, y seguimos la historia de un niño que vive en ese Berlín en ruinas.
Además, mi hermano mayor [el productor cinematográfico Renzo Rossellini], que produjo muchas películas de Fellini y Ettore Scola, entre muchos otros, también ganó un Premio a toda una carrera en Locarno, en 2023. Desde que era pequeña, siempre he admirado a mi padre y a mi hermano mayor, así que no me puedo creer que esté en el mismo grupo que ellos.
Volviendo a su carrera como modelo, usted se vio envuelta en un acalorado debate sobre el edadismo —discriminación por edad— en el sector publicitario. ¿Cómo se lo tomó?
Bueno, fue, sin duda, un caso claro de edadismo. Lancôme me dejó de lado, tras muchos años de éxito, cuando yo tenía 42 años. Fui a ver a mi responsable y le dije: «Quiero entenderlo, porque, por lo general, en cualquier trabajo, cuando tienes mucho éxito, te ascienden o te dan una bonificación. ¿Por qué me despiden?». Pero no me despidieron, simplemente no me renovaron el contrato. Y el ejecutivo me dijo: «Las mujeres sueñan con ser jóvenes. Por lo tanto, la modelo que representa nuestro producto y a la mujer ideal no puede ser una persona de cuarenta y tantos años. Aunque tengas éxito».
«¡¿Qué?!», le dije. «¿Está seguro de que soñamos con ser jóvenes?». Pero ellos hacen los estudios de mercado. Yo simplemente pregunté a mis amigas si querían seguir siendo jóvenes, y su respuesta fue que no. Quizá mis amigas sean una excepción. O quizá Lancôme estuviera haciendo un estudio erróneo o planteando las preguntas equivocadas. Y luego me volvieron a contratar cuando yo tenía 63 años.
¿Cómo fue esa reconciliación?
Me sorprendió muchísimo. Los primeros años pensaba que me pedirían perdón y me volverían a llamar. Después de 23 años, ya había perdido la esperanza. Aquella historia tuvo cierta repercusión negativa en la prensa y estas empresas son muy cuidadosas con su imagen. Les dije: «¿Por qué no contratáis a Meryl Streep o a Helen Mirren? Si me contratáis a mí, la historia volverá a salir a la luz». «No, te queremos a ti», me dijeron. «Queremos arreglar las cosas». Vale. Así que fui a París porque quería enfrentarme a ellos.
¿Eran los mismos directivos que la habían despedido?
No, esa es la cuestión. Vi una moto que se detenía en el hotel donde tenía la cita. Era una mujer con el pelo como el de Brigitte Bardot. Se acercó a mí y me dijo: «Hola, soy la nueva directora general de Lancôme» [Françoise Lehmann, ahora ex directora general]. Le dije: «No hace falta que digas nada más». Ella me respondió: «Cuando te despidieron, yo era una joven empleada de Lancôme y me pareció muy injusto. Luego, veinte años después, me convertí en directora general y me dije: Voy a arreglar las cosas».
Artículo editado por Catherine Hickley; y adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.
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