Quince años después del levantamiento, Libia aún lucha por cerrar el capítulo de Gadafi
Islam Alatrash
Trípoli, 17 feb (EFE).- Quince años después del levantamiento del 17 de febrero que derrocó al régimen de Muamar el Gadafi, los libios afrontan viejas preguntas sobre el curso de la revolución con la irrupción de un nuevo acontecimiento: el asesinato del hijo del dictador, Saif al Islam, a principios de febrero.
Mientras sus partidarios veían a Saif al Islam como una figura para reunificar el país y poner fin al caos, sus oponentes lo consideraban una prolongación de una era autoritaria que no debía regresar.
Su muerte en su domicilio de la ciudad de Zintan, a manos de hombres armados no identificados, añade una nueva dimensión al conflicto en un momento en que los libios buscan un horizonte político claro capaz de poner fin al ciclo de crisis recurrentes que han acompañado su camino desde hace quince años.
Saif al Islam regresó a la escena política en 2021 al anunciar su candidatura a las elecciones presidenciales, que posteriormente fueron pospuestas, presentándose como un candidato de «reconciliación y estabilidad».
En declaraciones a EFE, el analista político Mustafa Suwahli considera que su asesinato «añade una nueva capa de complejidad al panorama libio, ya que representaba, para un segmento de la ciudadanía, una posible opción política en cualquier futuro acuerdo» entre las dos administraciones en las que está dividida el país.
Entre la esperanza y la decepción
La sociedad libia se divide a la hora de evaluar el pasado entre quienes creen que la revolución otorgó al país un mayor espacio para la libertad de expresión y el pluralismo político, y quienes argumentan que la división y el conflicto armado han tenido un alto coste en la seguridad y la economía.
Nora al Koni, de 36 años, empleada del sector educativo en Trípoli, afirmó en declaraciones a EFE que «la muerte de Saif al Islam acabó con el sueño de devolver la seguridad a Libia, sobre todo porque muchos libios lo veían como alguien capaz de rescatar al país de parte del caos vivido en 2011».
Para Muftah al Hussein, de 42 años, empleado público del este de Libia, la realidad actual no refleja los objetivos por los que salieron a las calles hace quince años: «Lo que vivimos hoy no es lo que soñábamos en febrero. Legitimar algunas formaciones armadas e integrarlas en el ejército y la policía ha empeorado la situación en lugar de resolverla», afirmó.
Proceso de transición
Desde 2011, Libia ha experimentado un proceso de transición convulso, marcado por las divisiones en las instituciones ejecutivas y legislativas entre el este y el oeste, la formación de gobiernos paralelos en diferentes momentos y la proliferación de grupos armados, algunos de los cuales se integraron posteriormente en las estructuras de seguridad oficiales.
Varios intentos de celebrar elecciones generales también han fracasado, el más reciente en diciembre de 2021, debido a disputas legales y de seguridad.
Así el país enfrenta quince años después desafíos interrelacionados, como la reunificación de las instituciones, la reforma del sector de seguridad, la resolución de la división financiera y la organización de elecciones generales sobre una base constitucional clara.
En este contexto, los observadores creen que el asesinato de Saif al Islam Gadafi podría afectar al proceso de reconciliación que se ha propuesto en los últimos años como una vía para superar las diferencias entre las facciones libias.
Suwahli cree que este nuevo acontecimiento reabre las «cuestiones de la justicia transicional y la reconciliación, así como la capacidad del sistema político para dar cabida a diversas corrientes dentro de un marco jurídico integral, sin exclusiones ni monopolización».
Quince años después del estallido de la revolución, Libia parece encontrarse en una nueva encrucijada y el asesinato de Saif al Islam Gadafi reta otra vez las aspiraciones de una hoja de ruta política. EFE
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