Aire más limpio, pero la pobreza persiste entre las familias peruanas
Casi seis años después de que Suiza pusiera en marcha un programa de compensación de emisiones de carbono suizas en los Andes peruanos, Swissinfo regresó al lugar para encontrarse con las personas beneficiarias del proyecto.
En junio, unos días antes de que las Naciones Unidas iniciaran la última ronda de negociaciones climáticas, Juana Briceño llegó tarde a casa tras cumplir su turno en el empleo temporal que tiene como limpiadora en esta región andina. Hace solo seis meses perdió a su esposo en un accidente en una mina ilegal en donde él trabajaba. Hoy, ella y dos de sus hijos adolescentes -que han abandonado los estudios para incorporarse también a la minería ilegal de oro- trabajan arduamente para salir adelante.
«No sé qué haré cuando se termine mi trabajo actual. Tendré que hacer algo (para darle lo necesario a sus descendientes ahora que han quedado en la orfandad)», dice aún conmocionada por la pérdida vivida.
Su situación no es inusual entre los aproximadamente 35.000 hogares que existen en esta empobrecida zona andina que recibió estufas de leña como parte de un programa de compensación de emisiones financiado por Suiza -el primer acuerdo bilateral de compensación a nivel global enmarcado en el Acuerdo de París relativo al cambio climático-. La renovación de cocinas ha aportado beneficios a la salud de la gente. Pero familias como la de Briceño, no han ganado mucho más.
A finales del 2020, poco después de que su hogar hubiese sido seleccionado para integrar el programa piloto financiado por Suiza para compensar las emisiones de carbono que provoca el transporte por carretera en el país andino, Briceño se mostró optimista ante Swissinfo.
El programa conocido como «Tuki Wasi» sustituía las cocinas en interiores que usaban fogones abiertos por estufas mejoradas que consumían menos leña y eran menos tóxicas, una acción decidida en el marco de la cláusula del Acuerdo de París para compensar las emisiones de un país en el territorio de otro. Junto con otros proyectos bilaterales suizos de compensación, que hoy son una piedra angular de la política climática alpina, el objetivo central ha sido beneficiar a poblaciones que viven en extrema pobreza.
«Por supuesto que estoy contenta con esta cocina. No tengo otra», dice esta madre de cuatro menores. Añade que ha evitado que su familia inhale «el humo que antes llenaba nuestras casas» cuando se cocinaba en fogones abiertos.
Pero, como les sucede a muchas otras familias beneficiarias del programa con las que Swissinfo charló en esta empobrecida zona montañosa del norte de Perú, la realidad es que se requiere mucha más ayuda para sacar a la gente de la pobreza extrema. Tras el fallecimiento de su esposo, Juana Briceño no ha recibido ningún tipo de indemnización debido a que él trabajaba en el sector informal. Y los gastos de la familia se dispararon antes de su fallecimiento debido a una larga estancia que tuvo su cónyuge en un hospital de Trujillo, ubicado a cinco horas de distancia por tierra de su casa.
Otro caso es el de Santos Briceño Azevedo, de 51 años, que también fue una de las primeras personas beneficiarias de estas cocinas, en el presente solo puede acceder a trabajos agrícolas esporádicos que se encuentran a una hora de marcha a pie de su casa. Y su ingreso en moneda local equivale apenas a 7,30 francos suizos por día. «Necesitaríamos algo más de ayuda para arreglar la estufa», dice señalando los ladrillos que han comenzado a desmoronarse y el dañado soporte de las ollas.
La información entre la población beneficiaria
Desde que el proyecto piloto de renovación de estufas se puso en marcha, la empresa francesa Microsol, que tiene una vocación de impacto social, ha sido la ejecutora del programa suizo que ha distribuido estufas a alrededor de 35.000 hogares, beneficiando a entre 140.000 y 170.000 personas.
Recientemente, en un día de mercado en Sanagorán, la gente se reunió para acudir a un taller organizado por Microsol y su socio local en el salón del municipio. Las mujeres, que portaban elevados sombreros de paja trenzada y llevaban a sus bebés en la espalda, acudieron a la cita junto con sus parejas y familias.
En respuesta a las preguntas realizadas por la gente, el equipo organizador explicó cómo fijar los ladrillos de adobe que se han desprendido utilizando una mezcla de cemento local y refirió que los restos de chapa ondulada pueden aplanarse, cortarse y convertirse en soportes para las ollas en las cocinas.
«La lógica de este programa es que la comunidad usuaria adopte como propias tanto las nuevas estufas como su tecnología», dice a Swissinfo Ralph Callalli, coordinador del programa Tuki Wasi de Microsol. La intención es evitar la dependencia de las organizaciones humanitarias y fortalecer la autosuficiencia.
Al final de la presentación, Microsol repartió una encuesta que ofrecía respuestas de opción múltiple. Diversas mujeres, que aseguraron que no sabían leer ni escribir, pidieron ayuda a otras personas para responder. Los datos más recientesEnlace externo refieren que casi un tercio de las personas de más de 15 años que habitan Sanagorán son analfabetas.
A excepción de la información sobre los créditos suministrados por el Gobierno suizo que figuran en las pancartas de Microsol que fueron fijadas en el ayuntamiento, prácticamente no hay información adicional sobre el respaldo financiero que recibe este programa o la relevancia global que tiene en el marco de la política sobre el cambio climático.
Thomas Niederberger, investigador suizo y colaborador de la oenegé peruana CooperAcción, ha supervisado el impacto social de los proyectos de carbono de la región y, habiendo dado seguimiento cercano al programa Tuki Wasi, aborda con franqueza las tensiones que produce.
«Fácilmente podría provocar una reacción negativa si la gente comprendiera lo mucho que se beneficia Suiza con este programa o cuánto cobra el equipo consultor de Lima por trabajar en él, mientras la población local trabaja gratis», dice. «Podría generarse una situación en la que la gente se negara a dar continuidad al proyecto o podría, incluso, obstaculizarlo».
No obstante, las entrevistas realizadas entre la población local revelan una limitada comprensión sobre las implicaciones más amplias relacionadas con el uso de las estufas.
Un estudio realizado en 2024Enlace externo por CooperAcción evidenció que no se ofreció suficiente información a la población beneficiaria, que al firmar el acuerdo que les suministraba las estufas estaba renunciando a sus «beneficios medioambientales».
¿Hay un déficit de compensación carbónica?
Callalli refiere que fue «muy intenso» el trabajo realizado para calcular el impacto del programa en materia de reducción de emisiones carbónicas y se concretó en estrecha colaboración con los ministerios de Medio Ambiente de Suiza y del Perú. La reducción de las emisiones se mide en unidades llamadas «Resultados de Mitigación Transferidos Internacionalmente» (ITMO, en inglés), según la jerga del Acuerdo de París. Los ITMO se calculan en función de la cantidad de leña quemada y los tipos de estufas utilizadas en las regiones en donde el Gobierno peruano no tiene en marcha programas propios de mejora de cocinas.
En marzo, cinco años y medio después de la firma del primer acuerdo de cooperación bilateral y como parte del artículo 6.2 del Acuerdo de París, Suiza y Perú autorizaron oficialmente este programa. Pero los logros en términos de ITMO -toneladas de emisiones de carbono reducidas o evitadas- serán conocidos oficialmente a finales del 2026, según Microsol.
La política climática vigente en Suiza exige al país compensar alrededor de 34 millones de toneladas de CO2 -un tercio de sus emisiones anuales totales- vía programas bilaterales en el extranjero para el año 2030. Aunque significativa, la aportación del programa Tuki Wasi es solo una fracción de la obligación suiza: un informe de evaluación publicado en 2023 al que accedió Swissinfo estimaba que Tuki Wasi ha permitido reducir alrededor de 500.000 toneladas cúbicas de CO2, apenas dos tercios del objetivo potencial de 750.000 toneladas que se fijó para 2030.
Berna tiene, por su parte, un compromiso de cero emisiones netas en 2050 y la comunidad de especialistas coincide en que para lograr el objetivo debe mantener y ampliar programas como el que está en marcha en Perú. A principios de septiembre, Albert Rösti, ministro de Medio Ambiente de Suiza, reconoció que posiblemente el país no cumpliría con su primer objetivo climático de reducir a la mitad sus emisiones carbónicas para 2030.
Considerando que los actuales programas de compensación llegan a su fin en 2030, y que solo se han transferido a Suiza menos de 100.000 créditos de carbono, es grande el número de personas e inversionistas que aguardan con impaciencia los planes de Berna para después del 2030.
La Fundación Klik, que adquiere compensaciones bilaterales de Suiza, advirtió en su informe anual del 2024 que la cercanía del plazo del 2030 podría desincentivar las inversiones. Daniel Hofer, presidente de Klik, expresó por escrito que, al limitar el mecanismo de compensación de carbono hasta finales del 2030, el Parlamento está otorgando periodos de amortización muy cortos a las inversiones que impactan positivamente el cambio climático, lo que se perfila como un elemento disuasorio.
Suiza ha firmado acuerdos de cooperación para la compensación climática con un total de 17 países. Pero la Fundación Klik no ha formalizado aún los contratos con la mayoría de estas naciones debido a los largos y complejos procesos técnicos y burocráticos que suponen. Es el caso del proyecto «CarSolaire» que, gracias a la participación suiza, está convirtiendo a los minibuses «Cars Rapides» de la ciudad de Dakar (Senegal) -que funcionan con diésel- en vehículos eléctricos alimentados por energía solar.
>> Más información sobre este proyecto en Senegal en el siguiente vídeo explicativo:
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Del diésel a la energía solar: un proyecto suizo para las calles de Dakar
Complementar los esfuerzos nacionales
La directora de cambio climático del Ministerio de Medio Ambiente del Perú, Jessica Moscoso, confirmó que las conversaciones actuales con Suiza están enfocadas en la revisión de los créditos de carbono generados por Tuki Wasi entre 2021 y 2024. Así como en analizar nuevas formas de cooperación energética y agrícola.
Moscoso aseguró que Perú confía en que los proyectos que se han desarrollado en los mercados de carbono generen realmente «beneficios ambientales, sociales y económicos tangibles para las poblaciones involucradas». Pero dejó claro que esta clase de programas no deben relevar al Gobierno peruano de la responsabilidad política que tiene en el tema y refirió que no deben ser apoyos tratados como ayudas a un país en desarrollo.
«Los proyectos enmarcados en al artículo 6 deben ser complementos a los esfuerzos nacionales y solo reforzar las capacidades ya existentes», destacó.
Claves para el éxito del proyecto
Después de asistir al taller organizado en Sanagorán, Marina Chullugual, madre de cuatro hijos, invitó a Swissinfo a conocer su estufa en uno de los puntos más remotos de la zona, al que solo se accede por pequeños y empinados caminos de tierra difícilmente transitables.
Pese a la información recibida el día previo, Chullugual está convencida de que Microsol y su socio local seguirán apoyando el mantenimiento de las estufas hasta 2030. No obstante, el futuro del programa está en el aire después de esa fecha.
«Amamos nuestra pequeña cocina y nos gustaría recibir más apoyo», dice. Añade que, para ayudar a alimentar a su familia, su esposo solo tiene acceso por ahora a empleos esporádicos en la minería de carbón, una materia prima que se exporta fundamentalmente a ChinaEnlace externo.
Sus hijos menores gozan de una mejor salud y se ha vuelto menos frecuente recorrer los 5 kilómetros que los separan de la clínica más cercana.
Chullugual es consciente que Suiza financia esas estufas. Sin embargo, cuando se le pregunta si considera justo que ella y su comunidad contribuyan al éxito de un complejo sistema de compensación de emisiones de carbono, simplemente asiente con la cabeza mientras pronuncia un «sí» vacilante.
Artículo editado por Veronica DeVore y adaptado al español por Andrea Ornelas. Revisado por Carla Wolff.
En 2025, el organismo de la ONU a cargo del tema climático revisó los programas suizos bilaterales en materia carbónica con Ghana, Tailandia y Vanuatu. El programa peruano Tuki Wasi no fue incluido porque no había sido autorizado cuando Suiza presentó este informe.
Pero este análisis evidenció áreas en las que la información suministrada por Suiza presentaba carencias. Concretamente, insuficiente documentación relacionada con la autorización de los programas o sobre los métodos para evitar duplicidades, y las consideraciones en materia de derechos humanos.
Una persona portavoz del Ministerio del Medio Ambiente suizo expresó a Swissinfo que «se han tomado con seriedad las observaciones del equipo técnico de especialistas» y se prepara un informe para subsanar esas deficiencias.
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