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Ilustración Helvetia con una paloma

El «buen país»: cómo Suiza contribuye a un mundo mejor con su diplomacia y qué gana con ello

Suiza es mensajera entre Estados enfrentados, anfitriona neutral de conversaciones de paz y promotora de la paz y del Estado de derecho incluso hasta en el espacio. Pero ¿qué pretende conseguir con sus buenos oficios?

Cuando Estados enfrentados se sientan a una misma mesa, Suiza suele estar presente. No siempre como mediadora; a veces solo como anfitriona y, ocasionalmente, como portadora de mensajes. Su papel es menos claro de lo que sugieren las imágenes de las cumbres. Y es menos exclusivo que antes.

La reunión entre el presidente estadounidense Joe Biden y el presidente ruso Vladímir Putin en Ginebra en 2021 fue uno de los últimos momentos de gran visibilidad de esta diplomacia. Sin embargo, el verdadero trabajo suele desarrollarse lejos de las cámaras. El Ministerio de Asuntos Exteriores (MAE) señala que, en los últimos años, ha acompañado más de 30 procesos de paz en más de 20 países.

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Darse la mano sobre el antiguo símbolo de la paz: una rama de olivo

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Diplomacia suiza

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Los buenos oficios de Suiza se basan en la confianza, la confidencialidad y la perseverancia. Un requisito importante para ello es la neutralidad. Esta debe permitir a Suiza hablar con ambas partes de un conflicto sin ser percibida ella misma como una de las partes. Sin embargo, Suiza ya no es ni mucho menos la única que aspira a desempeñar este papel.

Creciente competencia

Catar, Omán, Austria y Noruega, por citar solo algunos ejemplos, también actúan como mediadores. Para los Estados pequeños y medianos, la diplomacia de paz es un instrumento con el que pueden ganar influencia internacional.

Además, la época del mediador solitario está llegando claramente a su fin. La nueva era pertenece a la llamada multimediación: varios Estados ofrecen sus contactos, su infraestructura y sus servicios, y así contribuyen tanto a la paz como a su propia reputación.

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Suiza también percibe este cambio. Un ejemplo de esta nueva diplomacia fue la reunión entre el vicepresidente estadounidense JD Vance y representantes iraníes en el Bürgenstock en 2026. El hotel de lujo situado en la montaña es propiedad de inversores cataríes. En ese encuentro, Suiza proporcionó las medidas de seguridad, mientras que Catar asumió los costes del alojamiento.

La creciente competencia no es para la diplomacia suiza solo una cuestión de prestigio. Afecta a su modelo de negocio. Porque si otros Estados tienen contactos tan buenos o mejores con las partes en conflicto, la neutralidad y Ginebra como sede consolidada de encuentros internacionales ya no bastan para garantizar la influencia de Suiza.

Suiza conserva algunos triunfos

No obstante, Suiza sigue contando con algunas ventajas históricas para mantener su estatus. Entre ellas figuran los mandatos de potencia protectora: entre partes enfrentadas, Suiza garantiza la comunicación. Sin embargo, el punto culminante de esta actividad diplomática de «cartera» ya quedó atrás. Después de la Segunda Guerra Mundial, Suiza llegó a representar temporalmente a 35 Estados en más de 200 mandatos individuales. Hoy solo conserva ocho, de los cuales el más conocido es la representación de los intereses de Estados Unidos en Irán.

Al igual que ocurre con la neutralidad, los mandatos de potencia protectora también dificultan que Suiza tome partido en los conflictos. Pero eso forma parte del concepto. La capacidad de maniobra forma parte de la política exterior helvética, y Suiza es una maestra en no comprometerse claramente.

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Una costurera con una bandera suiza

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Política exterior

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A medida que la geopolítica se polariza y los grandes actores actúan de forma cada vez más agresiva, resulta cada vez más difícil mantener esta vía suiza.

La política exterior suiza sigue siempre la misma rutina

Los recientes debates internos sobre la neutralidad reflejan la búsqueda del país de su papel en la geopolítica. La costumbre suiza de dejar todas las opciones abiertas se entiende cada vez menos, tanto dentro como fuera del país. Sin embargo, el Gobierno sigue aplicándola, por ejemplo, en la cuestión palestina. A diferencia de la mayoría de los países del mundo, Suiza no reconoce a Palestina como Estado. Defiende la solución de dos Estados y vincula el reconocimiento de Palestina a la aplicación de dicha solución.

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La diplomacia también se ve sometida a presión por el papel de Suiza en la ONU. Como Estado depositario de los Convenios de Ginebra, recibió en 2024 de la Asamblea General de la ONU el encargo de organizar una conferencia sobre el Cuarto Convenio de Ginebra, también en el contexto del conflicto israelí-palestino.

Suiza mostró poco entusiasmo: con un tema que divide al mundo en dos bandos, no había nada que ganar diplomáticamente. Más tarde incluso canceló la conferencia, por falta de participantes y porque varios países habían expresado su descontento con la declaración final.

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A pesar de estos matices, la sede de la ONU en Ginebra y las numerosas organizaciones instaladas allí siguen siendo probablemente el mayor activo de la diplomacia suiza.

Sin embargo, Suiza ya no tiene garantías respecto a la Ginebra internacional. La crisis de financiación de la ONU y de otras organizaciones, provocada por un cambio de política de Estados Unidos, ha puesto en marcha un proceso de erosión. El elevado coste de vida en Suiza también contribuye a ello. Y otros lugares ya intentan beneficiarse de la situación.

Árbitra hasta más allá de la órbita terrestre

Todas estas transformaciones no modifican la imagen que Suiza tiene de sí misma. Los buenos oficios forman parte de la identidad del pequeño país y siguen siendo el eje central de su política exterior. Incluso iniciativas orientadas al futuro, como la diplomacia científica o los esfuerzos para regular la inteligencia artificial, se inspiran en este planteamiento.

Además, la actividad suiza hace tiempo que va más allá de lo terrestre. Así, el país trabaja en favor de un espacio seguro, estable y sostenible, contribuyendo a establecer normas internacionales de conducta para actores estatales y comerciales.

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espacio

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Diplomacia suiza

El papel mediador de Suiza ante el riesgo de conflicto en el espacio

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Participar en la redacción de las reglas del juego y mediar en los conflictos: así es como Suiza concibe su papel en el mundo, el de una árbitra entre las potencias que, casi sin ser percibida, influye en el curso de los acontecimientos mundiales.

Edición, Balz Rigendinger, artículo en español, adaptado por la autora Patricia Islas

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