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Sube la presión internacional para un cese el fuego en bastión rebelde de Siria

Un sirio se lamenta en medio de las ruinas causadas por los bombardeos sirios en Hamuriyé, en el enclave rebelde de Guta Oriental, el 21 de febrero de 2018 afp_tickers

El Consejo de Seguridad de la ONU podría votar el jueves un proyecto de resolución que pide un cese al fuego en Siria para permitir el ingreso de ayuda y las evacuaciones médicas, en un momento en que los ataques en Guta Oriental suman 320 víctimas en cuatro días.

Suecia y Kuwait, que hicieron la propuesta, solicitaron una votación «lo antes posible», informó la misión de Estocolmo, agregando que la misma se realizaría probablemente el jueves, en un momento en que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) reclamó el poder acceder a Guta Oriental.

En este feudo rebelde cerca de la capital siria, desde el domingo, los bombardeos del gobierno han dejado 320 civiles muertos, entre ellos 76 niños, según los datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, exigió ante el Consejo de Seguridad la suspensión «inmediata» de los combates en esta región, que describió como un «infierno en la tierra».

En Guta Oriental, sitiada por las fuerzas gubernamentales desde 2013, viven unas 400.000 personas en condiciones críticas, con casos de desnutrición y hambruna.

«Se debe autorizar a nuestros equipos para que lleguen a Guta Oriental y socorrer a los heridos», declaró en un comunicado Marianne Gasser, representante del CICR en Siria.

Los equipos médicos «son incapaces de hacer frente a este gran número de heridos y no hay suficientes medicamentos ni material médico en la región», señaló Gasser.

Este miércoles, los bombardeos costaron la vida al menos a 50 civiles, incluyendo ocho niños, e hirieron a unos 350, según el OSDH. Los ataques alcanzaron varias localidades, Hamuriyé y Kfar Batna especialmente. Además de bombas, los aviones lanzaron barriles explosivos, un arma denunciada por la ONU y numerosas oenegés, siempre según el OSDH.

– Cavar su propia tumba –

Los bombardeos también alcanzaron varios hospitales.

«El régimen pretende apuntar contra grupos armados […] ¡pero en realidad solo apunta contra los civiles!», denunció Ahmed Abdelghani, un médico que trabaja en los hospitales de Hamuriyé y Arbin, bombardeados.

«Esto es un hospital civil […] ¿Por qué el régimen apunta contra nosotros?», añadió.

«Intentamos evacuar a decenas de heridos y trasladarlos a otros hospitales, pero todavía no hemos podido salir a causa de la intensidad de los bombardeos», indicó a la AFP Abu Ibrahim, médico del hospital de Saqba, alcanzado el lunes y el miércoles por los bombardeos.

«Nos escondemos en los cementerios. Es como si caváramos nuestra propia tumba antes incluso de morir», contó Amal Al Wuhaibi, una vecina de Duma.

El martes, la aviación rusa bombardeó Guta Oriental por primera vez en tres meses, indicaron el OSDH y el grupo islamista Jaish Al Islam, una de las dos formaciones rebeldes de la región. Moscú lo desmintió.

La nueva campaña aérea contra Guta Oriental comenzó el domingo pasado tras la llegada de refuerzos con vistas a una inminente ofensiva terrestre que aún no ha comenzado.

El gobierno quiere reconquistar esa zona, desde donde los rebeldes disparan obuses contra Damasco.

Guta Oriental es el último bastión controlado por los rebeldes cerca de la capital siria.

En los últimos meses, el gobierno logró retomar el control de varias localidades de los alrededores de Damasco mediante los llamados acuerdos de reconciliación, que implican la evacuación de los combatientes a cambio del fin de los bombardeos y del sitio.

Antes de Guta Oriental, varias zonas rebeldes, como la ciudad vieja de Homs en 2012 o Alepo en 2016, fueron aplastadas por las bombas y sometidas a un asedio asfixiante, obligando a los rebeldes a entregar las armas y provocando la huida de los civiles.

– Impotencia –

El conflicto entre el gobierno y los rebeldes se convirtió rápidamente en una guerra civil muy compleja, con la participación de grupos yihadistas y potencias extranjeras.

En noviembre de 2015, Rusia intervino militarmente para apoyar al gobierno de Bashar al Asad que se encontraba en una difícil situación militar.

La intervención rusa, sobre todo aérea, y el apoyo de milicias iraníes y del Hezbolá libanés, le permitió a Al Asad recuperar en dos años el control de más de la mitad del territorio del país, venciendo, según las zonas, a los yihadistas del Estado Islámico (EI) o a los rebeldes.

Por otro lado, fuerzas favorables al gobierno sirio continuaron desplegándose en Afrin, la región del norte de Siria invadida por el ejército turco, que quiere expulsar a las Unidades de Protección Popular (YPG), una milicia kurda que Turquía considera «terrorista».

Turquía afirmó el miércoles que cualquier grupo que ayude a las YPG será atacado por las fuerzas armadas turcas y sus aliados sirios.

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