¿Puede Suiza prescindir de las grandes tecnológicas? Intentamos el desafío
Suiza busca la soberanía digital, pero ¿puede distanciarse realmente de las grandes empresas tecnológicas? Dos periodistas de Swissinfo intentaron romper sus vínculos con las principales firmas tecnológicas estadounidenses. A continuación, le contamos su experiencia.
A las 6:30 de la mañana suena la alarma de mi iPhone. Antes de que sean las 7, ya he utilizado al menos cinco tecnologías estadounidenses: WhatsApp (Meta); LinkedIn (Microsoft); Gmail (Alphabet); Teams y Outlook (Microsoft). Y todavía no me he lavado la cara.
La mayor parte de mi vida digital -desde las primeras fotos que tomé a mi hija hasta mis contraseñas y documentos personales- está almacenada en algún lugar de la nube bajo el resguardo de las grandes empresas tecnológicas. Casi todas las interacciones que tengo con el mundo exterior -privadas o profesionales- pasan a través de un pequeño grupo de empresas de origen estadounidense.
Cuanto más informo como periodista sobre los esfuerzos de Suiza por conseguir una «soberanía digital» -lo que supone que las tecnologías y los datos fundamentales permanezcan bajo el control local-, más me cuestiono cómo podría lograrse esto a nivel individual. ¿Podría independizarme de las grandes tecnológicas? ¿Puede acaso hacerlo todo un país?
Mi compañero Kristian se había planteado lo mismo. A principios de este año decidió cortar el cordón que le unía a las firmas tecnológica gigantes y yo decidí unirme a su viaje hacia la independencia digital.
Comenzamos por lo básico: nuestros ordenadores, correos electrónicos, teléfonos, servicios en la nube y herramientas de inteligencia artificial. Imaginamos que el proceso supondría unos cuantos cambios: abandonábamos un servicio y poníamos en marcha otro. En realidad se sintió mucho más como arrancar raíces de un terreno seco: sí era posible, pero también era un proceso muy lento y complicado. Rápidamente nos encontramos viviendo en una suerte de universo paralelo en el que los pagos móviles ya no funcionaban, las herramientas de trabajo se vieron afectadas y quedamos excluidos de servicios que habíamos utilizado durante la mayor parte de nuestras vidas.
>> ¿Qué ocurre cuando intentamos romper los lazos con las grandes tecnológicas? Así inició nuestro experimento y la nueva serie «¿Puede Suiza y su población vivir sin las grandes tecnológicas?»:
La gente está atrapada en el ecosistema
Descubrimos que el problema no solo era dejar de usar una aplicación o una plataforma. Lo es en realidad el ecosistema que las grandes empresas tecnológicas han construido para nuestras vidas digitales. Escapar de él exige tiempo, dinero y energía.
Suiza es la sede de múltiples empresas tecnológicas centradas fundamentalmente en la privacidad, su misión es ofrecer alternativas que van más allá de las grandes tecnológicas. Una de estas firmas es la proveedora de correo electrónico Proton, proveedora del almacenamiento en la nube llamado Tresorit y de la interfaz de chat Threema. Así que parecía que teníamos opciones.
Sin embargo, cuando Kristian comenzó a sustituir los servicios tradicionales por otras alternativas se dio cuenta de que muchas puertas se cerraban súbitamente. Como muchos otros millones de personas, había utilizado Gmail durante años sin reflexionar demasiado al respecto. Era un servicio fiable, sencillo y estaba conectado a casi todo.
Cambiar de empresa proveedora no significaba solo cambiar de bandeja de entrada, sino desenmarañar años de cuentas, inicios de sesión y una serie de servicios que han sido construidos alrededor de los productos de Google.
«Gmail había dejado de ser solo una cuenta de correo electrónico para convertirse en un juego de llaves que llevaba conmigo sin darme cuenta», dice. «Una para el banco, otra para el transporte público, una más para el seguro médico, y otra para casi todo lo demás».
En esta serie de varios capítulos, Kristian Foss Brandt y Sara Ibrahim, periodistas de Swissinfo, intentan reemplazar en su vida diaria -personal y profesional- el uso de tecnologías básicas que ofrecen las principales empresas tecnológicas estadounidenses -como Windows, Android los servicios de Google, las plataformas en la nueve y otras herramientas de IA- por alternativas europeas o suizas, cuando esto es posible.
El objetivo es comprobar si la soberanía digital es realista a nivel individual y lo que revela sobre la dependencia tecnológica general de Suiza, así como los caminos para reducirla.
Para la empresa Proton, el correo electrónico suele ser la puerta de entrada a una dependencia tecnológica mucho más amplia. Cuando una persona elige una firma proveedora, suele ir aceptando otros servicios, como aplicaciones de gestión de documentos, resguardo de contraseñas, almacenamiento de imágenes, calendario y mensajería.
«Nuestra competencia real no es solo Gmail», dijo a Swissinfo Raphael Auphan, director de operaciones de Proton. «Son Google Workspace y Microsoft 365».
Me encontré con los mismos problemas cuando intenté distanciarme de Apple y Google.
Sustituir mi iPhone 16 de Apple, casi nuevo, implicó adquirir un Fairphone 5, promocionado como una alternativa europea más ética, por su durabilidad y por el manejo responsable de sus materiales de origen. Poco después vino la compleja tarea de instalar /e/OS, un sistema operativo móvil de código abierto que se basa en Android (propiedad de Google), pero que puede operar de forma autónoma con respecto a la mayoría de los servicios que ofrece Google.
La experiencia como usuaria fue más fluida de lo que esperaba. Pero pude descubrir rápidamente todo lo que implicaba distanciarme de un ecosistema de teléfonos inteligentes que es dominado por unas cuantas empresas proveedoras globales.
Sin los servicios de Google y de Apple, ya no era posible para mí realizar cómodamente mis pagos desde mi teléfono móvil, tampoco podía utilizar las aplicaciones de resguardo de contraseñas ni el calendario o algunas aplicaciones de trabajo. La autenticación en dos pasos -que se usa para proteger el acceso a múltiples servicios- comenzó a ser mucho más difícil de gestionar y tuve que utilizar códigos de verificación vía SMS, en vez de claves de acceso más seguras.
«No realices una migración al código abierto si tu única motivación es ahorrar dinero, sin cambiar nada más. Te decepcionará», fue la advertencia de Jonas Sulzer. El estudiante de informática de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y copresidente de Digitale Integrität Schweiz, un nuevo partido que está en contra de la vigilancia tecnológica.
Sulzer estaba en lo cierto.
La invisible dependencia de Suiza
Nuestro experimento personal reveló rápidamente que la dependencia de Suiza de tecnologías extranjeras va más allá de los teléfonos móviles de las personas. Es una dependencia de alcance sistémico, económico y político.
Las empresas proveedoras estadounidenses concentran el 78%Enlace externo de los servicios en la nube que utiliza Suiza actualmente. Hasta 80%Enlace externo de las empresas suizas que cotizan en el mercado de valores en sectores considerados críticos como la energía, la salud y los servicios públicos dependen de tecnología de origen estadounidense, una situación que es reflejo de una tendencia europea aún más amplia.
Las autoridades federales y cantonales suizas gastan millones de francos suizos en una migración hacia infraestructuras respaldadas en la nube por empresas preponderantemente chinas y estadounidenses, como Alibaba, Microsoft y Amazon. Servicios clave como las aduanas, el sistema sanitario y una parte de la administración pública ya funcionan directamente en servidores en la nube de las grandes tecnológicas, confirma la revista suizaEnlace externo Republik.
Los esfuerzos encaminados en reducir esta dependencia se aceleran. En 2024, el Parlamento suizo acordó invertir alrededor de 250 millones de francos suizos en un proyecto que incluye el desarrollo de una infraestructura de nube soberanaEnlace externo para la administración federal para el 2032. En diciembre del 2025 se decidió también que el ejército suizo destinara 10 millones de francos suizosEnlace externo a la adquisición de alternativas de código abierto distintas a Microsoft Office 365.
«El ejército debe apoyar a las autoridades civiles para generar una estrategia que permita abandonar Microsoft», dijo el diputado del Partido Verde, Gerhard Andrey, que ha sido una de las principales voces en el debate nacional sobre la digitalización en Suiza.
>> Por qué el camino de Suiza hacia la independencia digital sigue siendo difícil:
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El desafío de Suiza para alcanzar la soberanía en IA
La administración federal comenzó a probar hace pocoEnlace externo algunas soluciones de código abierto, como openDesk y Linux, obteniendo resultados alentadores, pese a que existe resistencia internaEnlace externo y hay dudas sobre la madurez y estabilidad de estos sistemas.
En comparación con los países vecinos, Suiza actúa con cautela. Francia ordenó yaEnlace externo a varios ministerios que comenzaran a trabajar para reducir su dependencia de las tecnologías no europeas. El estado alemán de Schleswig-Holstein, por su parte, ya migró una parte importante de su administración a un software que opera con código abierto.
¿Por qué es tan complicado prescindir de las grandes empresas tecnológicas?
Depender menos de las grandes empresas tecnológicas es posible. Pero está lejos de ser sencillo.
Una vez que ecosistemas como Microsoft 365 se integran con profundidad en los flujos de trabajo y en los hábitos de la población -a través del uso de los correos electrónicos, el almacenamiento de datos en la nube, el software de una oficina y los inicios de sesión vinculados a una misma plataforma-, dejarlos atrás exige costosas migraciones y un cambio significativo en las organizaciones.
La dinámica descrita se conoce como «dependencia del proveedor». Mientras más dependen las organizaciones de un solo ecosistema, más complicado les resulta abandonarlo, aunque existan alternativas. «Aunque depende de cada organización, la migración para abandonar a las grandes tecnológicas puede llevar entre dos y varios años», asegura Pascal Stöckli, cofundador de Netzwerk SDS, una iniciativa suiza dedicada a promover soluciones que fortalecen la soberanía digital.
Esta misma lógica se aplica a las personas. Aunque la elección inicial de un dispositivo iPhone o Android, o de un ordenador Mac o Windows, suele ser personal, poco a poco la comunidad usuaria se ve arrastrada hacia un ecosistema más vasto que incluye servicios que funcionan perfectamente entre sí, así que cambiar se vuelve cada vez más complicado.
Libertad y fricción
Aunque frecuentemente sentimos frustración al intentar alejarnos de las plataformas de las grandes tecnológicas, también hubo momentos en los que experimentamos una gran liberación.
Adquirimos una mayor consciencia y nos preguntamos hasta qué punto nuestro comportamiento digital no es modelado por elecciones deliberadas, sino por la comodidad, las inercias y una serie de dependencias invisibles.
También nos permitió observar los servicios «gratuitos» desde otra perspectiva.
Un estudio de Proton concluyó que los datos de cada persona usuaria promedio estadounidense generan 1.605 dólares anuales a Google, lo que supone más de 16.000 dólares a lo largo de una década.
El experimento no nos liberó de la noche a la mañana de las grandes tecnológicas. De hecho, en más de un sentido, pensar en una independencia total de las personas y las naciones parece algo utópico. Pero sí reveló hasta qué punto la vida moderna que existe en Suiza depende de tecnologías que fueron creadas, que le pertenecen y que son controladas por empresas de otros lugares.
Lukas Kahwe Smith, experto en tecnología de código abierto de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna, considera que una transición para abandonar a las grandes tecnológicas solo funcionaría si fuera una cuestión global. Kristian lo entendió de inmediato cuando sustituyó WhatsApp por Threema, pues solo encontró un solo contacto con quien chatear.
«Si eres la primera persona que lo hace, eres quien lo tiene más difícil. Pero si más gente decide el cambio, menos complicado será», afirma Kahwe Smith.
Compartiremos más de nuestra experiencia de distanciarnos de las grandes tecnológicas en próximas entregas de esta serie. Suscríbase al boletín de ciencia de Swissinfo para recibirlas en su bandeja de entrada.
Editado por Gabe Bullard. Adaptado del inglés por Andrea Ornelas. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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