Promover la democracia, pero ¿qué democracia?
La población suiza tiene una concepción muy particular de la democracia. El politólogo Daniel Bochsler sostiene que esa visión no debería servir de guía para los esfuerzos internacionales destinados a fortalecerla.
La promoción de la democracia en el mundo es uno de los pilares de la política exterior suiza, tal y como establece el artículo 54 de la Constitución Federal. Según una encuesta de opiniónEnlace externo, nueve de cada diez ciudadanos suizos respaldan la idea de que Suiza fomente la democracia en su acción exterior. Sin embargo, la comprensión que tiene la población suiza de la democracia es tan singular que surge una pregunta inevitable: ¿Tiene Suiza autoridad para fomentar la democracia en otros países?
La democracia es un concepto que admite interpretaciones muy distintas. Basta recordar que Corea del Norte se denomina oficialmente «República Popular Democrática de Corea» o que Viktor Orbán llegó a reivindicar una «democracia iliberal», una etiqueta que utilizó para justificar el debilitamiento de la libertad de prensa y de la independencia judicial. Pero, más allá de estas etiquetas engañosas, los principios y reglas asociados a la democracia varían considerablemente de un país a otro. Por ello, cuando se habla de política exterior orientada a la promoción democrática, surge una cuestión fundamental: ¿qué modelo de democracia debe promoverse?
La ciudadanía suiza ofrece una respuesta clara. En el marco de la Encuesta Social Europea, el mayor estudio sociológico realizado en Europa, se analizó la concepción de la democracia en 36 países del continente. Los resultados mostraron que los suizos destacan por una visión particularmente singular. Para empezar, se muestran muy satisfechos con su propio sistema democrático. Además, en cuatro de las quince preguntas específicas planteadas y a lo largo de dos oleadas de encuestas, quedó patente que priorizan objetivos y principios de manera diferente a la mayoría de la población europea.
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Democracia suiza en el mundo: el discreto papel de su política exterior
Los dos elementos fundamentales de la excepcionalidad suiza
La singularidad suiza puede explicarse a partir de dos rasgos principales. Por un lado, las personas encuestadas asocian la democracia con el debate público previo a las decisiones políticas y con instrumentos como los referendos y las iniciativas populares. Por otro, vinculan la democracia en menor medida que la mayoría de los europeos a instituciones representativas como las elecciones y los partidos políticos.
Especialmente llamativo es que la idea de que un gobierno pueda ser elegido y sustituido mediante elecciones ocupa un lugar relativamente secundario en la concepción suiza de la democracia. Más aún: para los ciudadanos suizos, los derechos de democracia directa son claramente más importantes que las elecciones y los principios de la democracia representativa. No ocurre así en ningún otro país europeo. Cabe destacar que la encuesta no preguntaba por la democracia existente en el propio país, sino por los elementos que definen una democracia auténtica.
Podría pensarse que, al hablar de democracia, muchos suizos tienen en mente la Landsgemeinde de Glaris o Appenzell Rodas Interiores, esas asambleas populares en las que la ciudadanía debate y decide directamente, mientras los partidos desempeñan un papel secundario. Curiosamente, esa concepción es más fuerte precisamente en las regiones donde aún existe esa tradición: está especialmente extendida en la Suiza de habla alemana, mientras que las zonas de habla italiano y las francófonas se sitúan más cerca de la media europea.
Las instituciones que mantienen unida a Suiza
La democracia directa ha aportado numerosas ventajas a Suiza, probablemente incluso algunas de las que sus propios ciudadanos no son plenamente conscientes. En ausencia de una lengua o una religión comunes, son las instituciones las que mantienen unido al país. Las votaciones populares, celebradas varias veces al año, son una de las piezas clave del sistema. Aunque suelen evidenciar las diferencias políticas existentes, también obligan a los distintos sectores a buscar acuerdos y tejer nuevas alianzas. Algunos estudiosEnlace externo sostienen incluso que la democracia directa hace que los suizos se sientan más satisfechos con sus vidas.
Pero ¿cómo puede promoverse la democracia en otros países a partir de esta concepción? ¿Puede servir de modelo para otros países un sistema democrático tan particular como el suizo, que combina un gobierno compartido entre varias fuerzas políticas con amplios mecanismos de participación directa de la ciudadanía?
Salvo Uruguay, ningún país ha adoptado unas instituciones constitucionales inspiradas en las de Suiza. Y eso ocurrió hace más de un siglo, no como resultado de la política exterior suiza, sino tras un viaje de estudio a Suiza realizado por el presidente uruguayo y padre de la Constitución del país, José Batlle y Ordóñez.
Dificultades en la promoción de la democracia
La tradición suiza de democracia directa es conocida y, a menudo, admirada en todo el mundo. Sin embargo, también despierta un especial interés entre líderes y movimientos populistas. El argumento de que la democracia directa debe prevalecer sobre la democracia electoral ha sido utilizado repetidamente por dirigentes como Hugo Chávez o Ilham Aliyev para legitimar reformas constitucionales que debilitaban los mecanismos democráticos. Tanto en Venezuela como en Azerbaiyán, las referencias al referéndum constitucional suizo formaron parte del arsenal argumentativo empleado por regímenes autoritarios para dar apariencia de legitimidad a consultas de dudoso carácter democrático.
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Esta visión particular de la democracia genera tensiones cuando se traslada al ámbito de la promoción democrática internacional y alimenta dudas sobre la posibilidad de reproducir con éxito el modelo suizo en otros contextos.
Las reservas de quienes redactan constituciones en distintos países acerca de la viabilidad de una democracia directa al estilo suizo suelen ser incluso mayores que las de sus propias poblaciones. Y, en caso de contemplarla, normalmente consideran que podría funcionar, como mucho, en el ámbito local.
Sin embargo, Suiza sí puede desempeñar un papel destacado apoyando la creación de instituciones democráticas y sistemas federales en países con una gran diversidad étnica o que se encuentran en procesos de reconstrucción tras un conflicto. Nepal y Colombia pueden ser un ejemplo de ello.
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El papel de Suiza en el proceso de paz de Nepal
El país alpino también desempeña un papel relevante en la defensa de los medios de comunicación libres y de la sociedad civil, pilares fundamentales de cualquier democracia que han sido igualmente esenciales en la propia historia suiza. Que existan diferencias de enfoque entre la visión interna y la proyección exterior no es algo inusual; también ocurre en el ámbito de las exportaciones económicas.
Promover la democracia en otros países exige sensibilidad y respeto por las distintas formas de entenderla. Los responsables suizos deben tener en cuenta tanto las expectativas de su propia ciudadanía como las circunstancias y tradiciones políticas de los países con los que colaboran.
Editado por Benjamin von Wyl. Adaptado del alemán por Carla Wolff.
Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las de Swissinfo.
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