«Luchamos o desaparecemos», la encrucijada de los supervivientes del 7 de octubre
Marta Donat
Madrid, 9 oct (EFE).- Lotan Pinian, miembro de un kibutz a cinco kilómetros de la Franja de Gaza, sobrevivió al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 al permanecer durante 18 horas atrincherado con su mujer y sus tres hijos en la habitación de seguridad de su casa. Vivir en Israel es hacerlo en un “lugar donde o luchamos por nuestra vida o desaparecemos», dice a EFE.
El Kibutz Beeri, uno de los más grandes de Israel, sufrió el asesinato de más de 100 miembros durante los ataques de Hamás de hace tres años, que marcaron el inicio de una campaña militar contra Gaza en la que han muerto más de 74.000 palestinos.
Al igual que muchas otras familias, Pinian y la suya todavía no han vuelto al kibutz, que está en reconstrucción, y viven actualmente en un alojamiento temporal en el sur de Israel.
Vivir en Israel es vivir en un “lugar donde o luchamos por nuestra vida o desaparecemos, y no vamos a desaparecer», defiende en una entrevista con EFE en Madrid, donde ha asistido esta semana a los actos organizados por la comunidad judía en memoria de las víctimas del 7 de octubre.
“Nadie en España podría vivir con 20 años de misiles cayendo sobre su casa desde el vecino a cinco kilómetros de ti”, argumenta.
Pinian, de 45 años y jefe de operaciones de una organización judía, se atrincheró con su familia aquel 7 de octubre y pudo sobrevivir, pero los padres de su mujer fueron asesinados.
“Están dentro del refugio, ayuda, ayuda”, fueron los últimos mensajes de sus suegros.
«Enterramos a los padres de Michal, Mati y Amir, en una ceremonia temporal porque Beeri era una zona de guerra. Y solo después de un año los llevamos de vuelta al cementerio de Beeri e hicimos otra ceremonia allí», explica.
Mis hijos son los verdaderos héroes
A ellos las fuerzas israelíes les rescataron y al salir del refugio encontraron su kibutz en llamas, corrieron entre los cadáveres de sus amigos y conocidos y pusieron mascarillas en los ojos de sus hijos para que no vieran el campo de batalla en el que se había convertido su hogar.
«Vamos a correr por una zona de combate; vamos a cruzar por encima de muchos cadáveres. Cuando te lo diga, pon tus manos sobre los ojos de tus hijos y sígueme”, le dijo uno de los soldados.
Mis hijos “son verdaderos héroes, no hicieron ni un solo ruido. Estaban muy tristes, pero no lloraron ni gritaron”, recuerda.
Cuando sus hijos están tristes ahora, Pinian les dice que solo hay dos opciones: o que la mochila que pesa “te arrastre hacia el barro y que no puedas más o entender que esta mochila ahora es parte de tu vida, no te la puedes quitar, la agarras y te haces aún más fuerte”.
“Apreciamos la vida, porque si tenemos 24 horas las celebramos, porque las siguientes 24 horas no sabemos qué pasará, porque somos supervivientes”, continúa.
Ellos o nosotros
Según Pinian, cuando vives en Israel “desde el momento en que te levantas hasta que te vas a dormir hay tensión en el aire, algo puede pasar en cualquier momento”.
No obstante, lo ocurrido hace tres años superó a la peor pesadilla: «Tenemos el muro, la valla, el ejército, la artillería, los tanques, la fuerza aérea, la inteligencia. No podíamos imaginar que algo como el 7 de octubre fuera a ocurrir».
Tres años después, como superviviente tiene muy claro que la lucha continúa: “No puedes hacer la paz con alguien (…) que quiere demolerte, destruirte. Dicen que no mereces vivir. Yo no digo eso. Todo el mundo merece vivir. Pero si me pones un cuchillo en el cuello, te mataré antes de que me mates a mí”.
Y concluye: “Creen que hay otra vida. Yo no creo eso. Ésta es la única vida que tengo. La mantendré tanto como pueda”. EFE
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