«Nunca pensé que podría sucederme algo así», dice el superviviente de un ataque iraní
Patricia Martínez Sastre
Bnei Brak (Israel), 17 jun (EFE).- El área donde se sitúa el Colegio Aleh, para niños con necesidades especiales, localizado en la urbe israelí de Bnei Brak, se asemeja aún más a una zona de guerra que a un distrito residencial: viviendas destrozadas, más de una veintena de coches cenicientos y calcinados, el temor entre los vecinos de lo que pudo haber sido.
«Nunca pensé que podría pasarme algo así», dice a EFE Assi Gregoire, originario de Costa de Marfil y residente de esta ciudad a las afueras de Tel Aviv. Una urbe poblada en su mayoría por judíos ultraortodoxos, pero cuyos barrios humildes resultan también atractivos para la población migrante.
Gregoire recuerda que sobre las cuatro de la madrugada hora local (1:00 GMT) de este lunes comenzaron a sonar las alarmas antiaéreas y que todos los vecinos, unas veinte personas, bajaron al búnker.
Minutos después, dentro del refugio oyeron una fuerte explosión. Fuera: ventanas, puertas y paredes saltaron por los aires.
El impacto de un misil balístico iraní destruyó de golpe un colegio para personas con necesidades especiales, en el que estudiaban unos 300 alumnos. El cuerpo sin vida de un anciano de 80 años fue recuperado de entre los escombros. Las viviendas aledañas, como la de Gregoire, se mantuvieron en pie, pero son inhabitables.
Gregoire acudió este martes a recoger el resto de sus pertenencias. En lo que era su casa, una vitrina con velas -junto a la imagen del papa Juan Pablo II- es de lo poco que permanece inamovible entre cristales rotos, comida en descomposición y muebles resquebrajados.
«Sigo en ‘shock’. No éramos conscientes del daño. Fue devastador (…) ¿Y qué podíamos hacer?», añade este hombre de 56 años. Su sobrina, Beba, de solo 4 años, dice que todavía siente dolor en los oídos tras la explosión, pero asegura que no sintió miedo.
Más de 200 muertos en Irán
Desde el inicio de la agresión israelí contra Irán, la madrugada del viernes, 24 israelíes han muerto, según el Gobierno israelí, en su mayoría en urbes del área metropolitana de Tel Aviv, la más castigada junto a la región norte.
En Irán, al menos 224 han fallecido, según datos de Sanidad iraní del domingo. Este martes, la agencia oficial Irna informó de que 1.800 personas han resultado heridas, entre ellas 35 mujeres y 10 niños.
El gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asesinó a más de una veintena de comandantes iraníes. Además, murieron más de una decena de científicos nucleares e Israel dañó Natanz y Fordo, dos de las principales plantas de enriquecimiento de uranio del país persa.
Gregoire pasará la próxima semana en un hotel pagado por la municipalidad en la ciudad costera de Netanya, situada a unos 30 kilómetros al norte de Tel Aviv. Después, se mudará a la casa de un amigo en Jolón, pero más allá de eso no sabe nada.
Según el voluntario israelí Yishai Tivon, de 18 años e hijo de sudafricanos, las tareas de rescate y descombro en áreas como esta de Bnei Brak, menospoblada que otras partes de Tel Aviv, son relegadas por las autoridades locales y, por ello, son ellos quienes acuden a ayudarles.
«Unas 70 familias vivían aquí. Mucha gente ha quedado desplazada. Muchos de ellos son personas que no son locales y no hablan la lengua, y eso es un problema», relata Tivon, voluntario con la oenegé Lev Echad (‘Un Corazón’), mientras carga cajas que mete en taxis y otros vehículos.
En las viviendas destrozadas visitadas por EFE vivían familias ultraortodoxas, pero también africananas de origen etíope, muchas de ellas recogiendo colchones, ropa de bebé y otras pertenencias.
«Creo que es mejor lograr la paz en todo el mundo», dice el marfileño de forma improvisada, sumido en sus pensamientos. «Después de lo que vi ayer, creo aún más firmemente que la paz lo es todo. (…) Necesitamos un mundo de justicia y paz». EFE
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