«Un juego psicológico»: dentro de un centro de estafas de Camboya
Taryn Wilson
O’Smach (Camboya), 2 oct (EFE).— Réplicas de comisarías y bancos, guiones románticos, zonas de ocio y un hospital: todo eso se puede encontrar en un extenso complejo camboyano que parece una mini ciudad o un plató de cine. Pero la realidad es mucho más sombría.
El recinto, en la localidad fronteriza con Tailandia de O’Smach (provincia de Oddar Meanchey), es solo uno de los centenares que existen en Camboya y otros países del Sudeste Asiático para estafar a personas de todo el mundo.
Estas redes nacieron vinculadas a casinos en el Sudeste Asiático, pasando a convertirse en centros de ciberestafas tras la pandemia, en los que trabajadores de muchos países – atraídos por suculentas ofertas de empleo o víctimas de trata desde el inicio – defraudan ayudados de tecnología punta a personas de todo el planeta bajo órdenes de mafias, la mayoría chinas, según expertos y la ONU.
Recientemente, el Ejército tailandés, que permanece en O´Smach por un acuerdo con Camboya sobre su conflicto fronterizo, permitió a EFE y otros periodistas acceder a uno de estos complejos, ahora vacío tras un bombardeo de Bangkok en diciembre de 2025, durante el último episodio de enfrentamientos.
La supuesta vinculación con ciberestafas del recinto, donde se erigen edificios alrededor de un par de casinos -O´Smach Casino Resort y Royal Hill-, había sido documentada por fuentes independientes antes del bombardeo. El propietario de O´Smach Casino es Ly Yong Phat, un magnate camboyano sancionado por EEUU por su alegada implicación en casos de trata y fraude online.
Asimismo, la plataforma independiente Cyber Scam Monitor, dedicada a exponer y rastrear centros de ciberestafas, ya alertaba sobre O’Smach Casino Resort en junio de 2025. Y un informe reciente de Jacob Sims, experto en la materia e investigador visitante del Centro de Asia de la Universidad de Harvard, subraya que hay testimonios de víctimas de trata que pasaron por O’Smach.
Estafas a Brasil, China, Singapur…
Dentro de uno de los edificios del complejo, restos de comida y plantas marchitas sugieren que fue abandonado a toda prisa, en principio por los bombardeos -sin que haya constancia de víctimas que estuvieran en el recinto-, dejando atrás falsos uniformes y placas policiales esparcidas por habitaciones decoradas como comisarías de Brasil, Australia, China, Vietnam, Indonesia y Singapur.
Precisamente, uno de los últimos modelos de estafa, según ha podido saber EFE, consiste en suplantar a la Policía y a las autoridades de otros países, entre ellos España, para conseguir que las víctimas transfieran fondos a cuentas bancarias bajo su dominio, alertándolas de un robo de identidad.
En este inmueble, una gran zona parecía estar dedicada a la India, incluyendo salas de la Policía de Nueva Delhi. Otra parecía destinada a Brasil, con mensajes en portugués en los escritorios.
Sobre los mismos aún quedaban hojas con datos personales — nombres, direcciones y números de teléfono —, y anotaciones sobre las interacciones con víctimas. EFE pudo verificar que algunos de los números procedentes de Brasil siguen activos y coinciden con los nombres que aparecen en la lista.
Aislamiento y hospital
Un edificio acribillado a balazos, con un coche calcinado en el exterior, albergaba en su sótano lo que el Ejército tailandés sospecha que eran celdas de aislamiento, con cámaras de videovigilancia.
Unas 60 personas de Nepal y Pakistán que escaparon de O’Smach en enero de 2025 denunciaron torturas si no llegaban a un número determinado de estafas, según medios como Radio Free Asia.
En otra zona del complejo se encontraba el llamado «Hospital Zhongnan» (nombre de una montaña de China), que contaba con consultas, formularios en chino, un quirófano y una farmacia, no lejos de un área de ocio con restaurantes, tiendas y locales de masaje.
Víctimas dentro y fuera de los recintos
Según estimaciones de la ONU de julio, al menos 300.000 personas se encuentran atrapadas en centros de estafas del Sudeste Asiático, sometidos a violencia, abusos sexuales y torturas.
La ONG Blue Dragon Children’s Foundation, con sede en Vietnam y dedicada a combatir la trata, declaró a EFE que ha rescatado a casi 800 personas de centros de la región desde 2022, y que prácticamente todas «han sufrido violencia física y psicológica», apuntó su fundador, Michael Brosowski.
Detrás de los abusos y las múltiples víctimas hay un negocio multimillonario. Según estimaciones de julio de Naciones Unidas, solo el pasado año generó pérdidas en el Sudeste Asiático, Australia y Nueva Zelanda de entre 88.000 y 114.000 millones de dólares.
Un negocio que va ampliando su radar de actuación y trasladando los centros a otros puntos del Sudeste Asiático y a naciones insulares del Pacífico, el sur de Asia, la región del Golfo, África Occidental y el continente americano, alerta la ONU.
«En Europa o EEUU piensan que esto no les afecta, pero son ellos a quienes se dirigen crecientemente (las estafas)», dice a EFE Laura Gil, portavoz de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para el Sudeste Asiático y el Pacífico.
A lo que Brosowski añade: «No es solo un problema regional, sino una amenaza global». EFE
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