Brillos en flor: la alta costura desprende luminosidad sobre la pasarela
Abraham de Amézaga
París, 8 jul (EFE).- Los brillos y el universo natural estuvieron muy presentes en la jornada de alta costura de este miércoles en París y las propuestas para el próximo otoño-invierno de los diseñadores libaneses Elie Saab y Zuhair Murad fueron dos de los mejores ejemplos.
Los vestidos largos reinaron sobre la pasarela, habida cuenta de que ambos son dos grandes maestros a la hora de trabajar esta prenda, con brillos y motivos florales en un gran número de casos.
En la plaza de Trocadero, frente a la torre Eiffel, y en el Teatro de Chaillot, como en anteriores ocasiones, se vio la última colección de Elie Saab: escotes de diferentes tipos, desde el palabra de honor al de forma de corazón y cuadrado, en los que no han faltado motivos florales y plisados.
Además, uno de los últimos modelos en salir a pasarela, de brillos y transparencias, incluía un gran tocado con forma de cisne del mismo color.
Una colección en la que se vio un esmoquin y por vez primera tres propuestas de hombre, todas negras.
Este último color abrió el desfile, siguiéndole blancos, burdeos, azules, beige, metalizados y dorados, entre otros.
Como manda la tradición, el modelo de novia con velo y larguísima cola clausuró el pase de Elie Saab.
Si en Saab las maniquíes desfilaban con antifaces, un buen número de las de Murad lo hicieron con mariposas.
Piedras y plumas se mostraron en ambos pases, aumentando las primeras la luminosidad y las segundas la exuberancia de los conjuntos.
Una oda la que Zuhair Murad volvió a hacer a los vestidos largos -no se vio ningún corto- en el convento de San Bernardino del barrio latino.
Junto a los brillos, las mencionadas mariposas se encaramaron a algunas de las propuestas, donde también se desplegó lo floral y las transparencias.
En su paleta de colores se vieron verdes, burdeos, rosas, beige y, por supuesto, dorados, metalizados y el negro.
Por otro lado, los holandeses Viktor & Rolf, al otro lado del Sena, desvelaron un original desfile en el que solo participaron dos modelos.
Sobre una blanca pasarela redonda que rotaba, dos mujeres de diferentes edades, una joven y una madura, se fueron probando prendas que iban extrayendo del interior de diferentes muebles.
El brillante dorado no faltó, junto al nude o color piel, en una colección en la que no hubo lugar para el negro y que los diseñadores describieron como un espejo en el que se miran dos generaciones.
El volumen volvió a estar presente, con volantes y abrigos que pueden servir igualmente de edredones, por su grosor.
Durante los primero desfiles del día se presentó la primera colección de Pierpaolo Piccioli para Balenciaga, un guiño al legado del gran Cristóbal, que más de uno reivindicaba desde hacía tiempo en la casa.
La arquitectura como eje, con colores de peso y propuestas como capas, se pudieron ver. Saber hacer y feminidad a raudales.
Piccioli tiene reconocida experiencia tanto en alta costura como en ‘pret-à-porter’, como dejó en evidencia en su etapa en Valentino. EFE
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