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Castillejos amanece en calma tensa y sin migrantes ante el esperado cruce masivo a Ceuta

Castillejos (Marruecos), 14 ago (EFE).- La localidad marroquí de Castillejos, puerta de entrada a Ceuta, amaneció este viernes con una calma relativa y sin presencia visible de migrantes, mientras sus habitantes viven en la incertidumbre en la víspera de la fecha difundida en redes sociales para un nuevo cruce masivo y las fuerzas de seguridad despliegan un férreo dispositivo en las carreteras de toda la región.

Calma e incertidumbre

En el centro de Castillejos, la vida transcurre con aparente normalidad. Las tiendas han abierto sus puertas, a diferencia de lo ocurrido durante la crisis de finales de julio. Los comerciantes, sin embargo, viven con incertidumbre.

«Estamos en una situación de incertidumbre», dice un comerciante de electrodomésticos que regresó de España para establecerse en su ciudad. «Mañana abriremos tarde. Queremos asegurarnos primero de que todo está bien y no hay disturbios».

Recuerda con pesar los días de finales de julio, cuando tuvo que cerrar su negocio en plena temporada alta. «Aquí hay compañeros que pidieron préstamos para traer mercancía, y ahora sus almacenes están llenos. No hemos vendido nada», añade.

La migración masiva, explica, ha sido un golpe duro para el comercio local.

Aunque los comercios, restaurantes y cafeterías funcionan con actividad normal, las calles transmiten una sensación de tensión. Las patrullas de la Policía y la Gendarmería circulan sin cesar hacia el perímetro de Ceuta, para reforzar a los efectivos desplegados o para rotar a sus agentes. Vehículos de las autoridades locales recorren la ciudad en busca de posibles migrantes.

«Queremos cambiar nuestras vidas»

Dos jóvenes, de 23 y 24 años, observan Ceuta desde un punto elevado. No quieren dar sus nombres. Vienen de Souk El Arbaa al Gharb, a unos 220 kilómetros al sur. Parte del camino la hicieron en coche; otra parte, a pie.

«Queremos entrar en Ceuta para cambiar nuestras vidas y mejorar nuestro futuro», explica uno de ellos. Muestra las manos, con grandes cayos por el duro trabajo en el campo. «Somos agricultores», dice. El otro mira la ciudad española por primera vez, con una mezcla de ilusión y temor.

La carretera de 80 kilómetros que une Tánger con Castillejos dibuja este viernes un paisaje de tranquilidad vigilada. Los controles de la Policía y la Gendarmería se suceden cada pocos kilómetros. Entre los vehículos, apenas se ven jóvenes caminando al borde del asfalto, con la vista fija en Ceuta.

Son pocos, muy pocos, comparados con las imágenes de hace dos semanas, cuando vías similares se llenaron de miles de personas dispuestas a cruzar la frontera.

Antes de uno de los retenes, un Volkswagen antiguo frena en seco. Varios jóvenes bajan con rapidez y se adentran en el matorral. «Son migrantes. El coche los recogerá después del control», explica un testigo a EFE.

A ocho kilómetros de Ceuta, un gran control de la Gendarmería corta la carretera principal. Aquí, a diferencia de lo habitual, se han desplegado también unidades antidisturbios. Los agentes revisan minuciosamente cada vehículo.

En la Zona de Actividades Económicas de Castillejos, que se extiende entre esta ciudad y Ceuta en varias hectáreas, se ha improvisado un centro de concentración de efectivos de seguridad.

No lejos de allí, una gasolinera acoge decenas de autobuses vacíos, habitualmente empleados para trasladar a migrantes hacia el centro y sur de Marruecos.

Playas acordonadas y colinas vigiladas

La mitad de la playa urbana permanece cerrada al público, acordonada con vallas metálicas de varios cientos de metros en su parte más cercana a Ceuta. En el mar, frente a la costa oeste de la ciudad española, dos buques de la Marina Real marroquí permanecen fijos en sus posiciones, mientras otras embarcaciones menores patrullan la zona.

La carretera costera que une Castillejos con Ceuta sigue cerrada al tránsito ordinario. Solo se permite el paso a viajeros y trabajadores con destino a la ciudad autónoma. En la entrada de esa vía, varios vehículos de seguridad y un camión antidisturbios equipado con cañón de agua refuerzan el control. El acceso de periodistas está prohibido.

En las colinas paralelas a la carretera y en los bosques cercanos, efectivos de seguridad marroquíes se han desplegado bajo sombrillas para soportar el calor. Desde allí vigilan los accesos a la frontera y rastrean cualquier movimiento sospechoso.

La estampa contrasta con la de hace apenas dos semanas. Durante los incidentes de finales de julio, la carretera de 34 kilómetros que une Tetuán con Castillejos bullía de migrantes que caminaban hacia Ceuta. Este viernes, esa misma vía aparece prácticamente vacía, con un flujo de vehículos muy reducido, según confirman a EFE testigos que han recorrido la zona. EFE

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(foto)(vídeo)

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