Locarno recupera el cine de Hollywood perseguido por sus ideas políticas
La gran retrospectiva del Festival de Cine de Locarno ha explorado la obra de cineastas de izquierdas perseguidos en Estados Unidos por sus ideas políticas durante la década de 1950 y ha recuperado un cine cuyas críticas al nacionalismo, el arribismo y el conformismo siguen resonando hoy.
Hay muchas ironías en organizar una ambiciosa retrospectiva en un gran festival de cine contemporáneo. La novedad es la moneda de cambio de la industria cinematográfica y celebrar películas rodadas hace casi un siglo por personas que ya han muerto ofrece pocas oportunidades para intercambiar tarjetas de visita.
La sección retrospectiva del Festival de Cine de Locarno, que se ha celebrado principalmente en el histórico cine Gran Rex, ha sido capaz de crear una especie de microcosmos dentro del festival: dialogar con la programación principal y reivindicar otra forma de relacionarse con el cine.
El tema elegido este año fue «Red and Black: Hollywood Left and the Blacklist» («Rojo y negro: la izquierda de Hollywood y la lista negra»). Y ha sabido conectar con el convulso presente de varias maneras. Durante la década de 1950, integrantes de la llamada «izquierda de Hollywood» fueron censurados por el Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes (HUAC), acusados de mantener vínculos con el comunismo.
Aunque la censura de las ideas de izquierdas en los medios de comunicación populares forma parte desde hace tiempo de la vida estadounidense —ya sea por las críticas a Israel, la defensa de los derechos de las personas trans o la teoría crítica de la raza—, esta tendencia se ha intensificado desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, que llegó a calificar incluso al moderado presentador de televisión Jimmy Kimmel de revolucionario peligroso.
Cuestionar la historia de la lista negra
Ehsan Khoshbakht, comisario de la sección retrospectiva de Locarno desde 2024 y codirector anual del festival de cine histórico Il Cinema Ritrovato, en Bolonia, pretende cuestionar la forma en que se ha contado tradicionalmente la historia de la lista negra.
«Soy muy crítico con el enfoque estadounidense de la cuestión de la lista negra», explica Khoshbakht a Swissinfo. «Porque tienden a pasar por alto un hecho fundamental: en muchos casos, estas personas eran comunistas convencidos. Algunos incluso eran estalinistas y realizaron películas que analizaban de forma muy crítica su propia sociedad».
Un ejemplo es Force of Evil, de Abraham Polonsky, estrenada en 1948. John Garfield —que, al igual que Polonsky, fue incluido en la lista negra por negarse a colaborar con el HUAC en 1951— interpreta a Joe Morse, un abogado corrupto que intenta monopolizar y legalizar el «numbers racket», un popular sistema de lotería no autorizado que existía en Estados Unidos antes de que este tipo de juegos fueran legales. El hermano de Morse, bastante más ingenuo, es un delincuente de poca monta involucrado en el negocio y su secretaria, Doris, todavía más inocente, se deja seducir sin demasiada resistencia por ese mundo brillante y corrupto.
En línea con lo que señala Khoshbakht, Polonsky disecciona la sociedad estadounidense y encuentra corrupción en todos sus niveles. Su rechazo al nacionalismo queda claro desde el principio: la gran estafa de Morse y sus socios consiste en amañar los números para que el 4 de julio salga el «1776», la cifra por la que apuesta todo ingenuo patriota estadounidense.
El culto al éxito en Estados Unidos
Muchos de los filmes incluidos en la retrospectiva comparten una mirada crítica hacia dos virtudes tradicionalmente asociadas a Estados Unidos: la ambición y el afán de hacer carrera. Ruthless (1948), de Edgar G. Ulmer, cuyo guion contó con la participación de los guionistas incluidos en la lista negra Alvah Bessie y Gordon Kahn, narra la historia de Horace Vendig (Zachary Scott), un filántropo hecho a sí mismo que deja atrás a amistades, esposas y amantes con tal de alcanzar la cima.
La película recuerda a Ciudadano Kane (1942), aunque con un tono emocional más duro. La complejidad psicológica de Orson Welles se sustituye aquí por algo más cercano al odio puro. «Eres el único amigo que tengo», le dice Vendig a su amigo de infancia Vic (Louis Hayward), después de haber traicionado a todos los demás. «Y odio lo que llevas dentro», responde Vic, como si los guionistas se dirigieran directamente a quienes los delataron.
Estos cineastas y guionistas —Bessie, Kahn, Polonsky y tantos otros— fueron apartados de las pantallas en el momento de mayor esplendor de sus carreras, junto con su visión de un cine estadounidense popular capaz de cuestionar el consenso dominante. Khoshbakht aún transmite parte de esa indignación.
«Es un desperdicio enorme», explica a Swissinfo. «Sigue siendo doloroso pensar, incluso hoy, en cómo se frenó en seco todo aquel talento, aquellas ideas, aquella imaginación y aquel compromiso. Todavía estamos recuperando el tiempo perdido».
Durante la época de la lista negra, los cineastas de la izquierda de Hollywood tuvieron que elegir entre su carrera y sus principios. Quienes dieron nombres ante el HUAC pudieron continuar, en muchos casos, con largas y exitosas carreras en Estados Unidos. Quienes se negaron vieron sus medios de vida destruidos y solo ahora están recibiendo el reconocimiento que merecen. Las películas de la izquierda de Hollywood, tanto las realizadas antes como después de la lista negra, dirigieron su desprecio contra una cultura dominada por el «sálvese quien pueda».
The Intimate Stranger (1956), dirigida por Joseph Losey, también incluido en la lista negra, pone el foco en una industria cinematográfica en la que la falta de escrúpulos es la norma. Exiliado de Hollywood, como el propio Losey, el montador Reggie Wilson (Richard Basehart) se traslada a Inglaterra, donde se casa con la hija de un importante productor y consigue un puesto de responsabilidad en la productora. Sus intenciones quedan aún más en entredicho cuando una mujer de su pasado asegura que la abandonó para ascender en la industria junto a su nueva esposa.
Los frutos del afán de éxito están por todas partes en la sociedad actual. Algunos observadores señalanEnlace externo que incluso hay quienes ya no son capaces de identificar la ambición como un «defecto fatal» en Macbeth, de Shakespeare. Resulta tentador pensar que estas películas de la izquierda de Hollywood puedan alzar la voz para condenar la ambición desmedida que sigue dominando la industria cinematográfica desde los tiempos de la lista negra. Pero no es un problema que una película, ni siquiera una retrospectiva, pueda resolver. Por eso, Khoshbakht se marca un objetivo más modesto.
«Me resulta gratificante cuando alguien que ha venido a Locarno a ver películas nuevas se cansa de tantas imágenes digitales, entra por casualidad en una película de la retrospectiva y queda fascinado por ella», afirma.
Dylan Adamson es crítico de cine y comisario de programas cinematográficos y reside en Toronto, Canadá. Sus textos han aparecido, entre otros medios, en The Globe and Mail, The Toronto Star, Filmmaker Magazine y Senses of Cinema. Los programas que ha comisariado se han proyectado en TIFF Cinematheque, Anthology Film Archives y San Francisco Cinematheque.
Artículo editado por Catherine Hickley y Eduardo Simantob; y adaptado al español por Carla Wolff.
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