Escándalo en la playa
Hace 100 años, Weggis (a orillas del lago de Lucerna) abría al público la primera playa mixta. ¡Una iniciativa aclamada por los turistas, pero mucho menos aceptada por algunos de sus contemporáneos!
Swissinfo publica regularmente otros artículos extraídos del blog del Museo Nacional SuizoEnlace externo, dedicados a temas históricos. Estos artículos están disponibles en alemán, francés e inglés.
Weggis, la valiente; Weggis, la desafortunada. Fue, en efecto, en este balneario donde se habilitó en 1919 la primera playa mixta de Suiza, una iniciativa de lo más audaz según los criterios morales de la época. Pero la inauguración, prevista inicialmente para el 13 de julio de 1919, literalmente quedó pasada por agua debido a las lluvias torrenciales. El Kurverein (en español, organización local dedicada al turismo) de Weggis, impulsor de este “Lido” sin separación física entre los sexos, postergó la apertura una semana. Y volvió a ser un día de lluvia.
¿Mal presagio o castigo divino?
Los organizadores no se desanimaron y señalaron, no sin cierta picardía, que una playa necesitaba tanta luz y sol como agua. La idea de la nueva instalación balnearia de Weggis – específicamente en la zona costera de la comuna, cantón de Lucerna-, con sus 90 cabinas, había surgido de los propios turistas.
Andreas ZimmermannEnlace externo (1869-1943), hotelero, presidente municipal, alcalde y dramaturgo, había notado que sus clientes consideraban anticuadas, oscuras, sucias y malolientes las pequeñas casetas de madera que el hotel tenía en la playa.
Sin embargo, al salir de la Primera Guerra Mundial, el turismo, exhausto, debía renovarse para sobrevivir. Este desafío pesaba más que las costumbres conservadoras de la época, aferradas a los baños separados por sexo.
Eso fue lo que Zimmermann logró hacer entender, en 1918, a sus colegas del Kurverein y a los representantes del ámbito político. Encargó al arquitecto lucernés Carl Griot la construcción de sus «baños de agua, aire y sol»: un edificio de tres alas, abierto, aireado y espacioso. Y, sobre todo, sin una sola pared que separara las miradas entre hombres y mujeres.
Una sensación nacional
Esta nueva playa, bautizada con el moderno nombre de “Lido”, tuvo una repercusión nada menos que nacional. Hasta entonces, en Suiza, todos los baños al aire libre imponían, sin excepción, una estricta separación entre los sexos: las mujeres a la izquierda y los hombres a la derecha, exactamente como en la iglesia.
En 1919, Weggis se atrevió a dar el gran salto hacia la modernidad, aunque sin renunciar a algunos elementos tradicionales. Así, Zimmermann compuso una marcha para la playa y dirigió la banda local cuando la pieza se interpretó por primera vez.
Por su parte, la estación balnearia de Weggis se mostró muy moderna en su comunicación: afiches publicitarios se exhibieron en los teatros de variedades de Zúrich, Berna y Basilea, donde se esperaba encontrar al público objetivo. La playa misma dio que hablar en toda la Confederación: apareció en los cines, en los bailes de máscaras y hasta en una revista de opereta presentada en el teatro Corso, Zürich, wie es weint und lacht («Zúrich, cómo llora y ríe»). La casa de moda Grieder incluso se inspiró en el fenómeno de Weggis y decoró sus vitrinas de Zúrich y Lucerna con una colección de trajes de baño.
Escándalo y polémicas
Sin embargo, el nuevo Lido estaba lejos de despertar unanimidad. Promovidas por los círculos católicos, las polémicas contra la escandalosa playa arreciaban en la prensa. En alemán recibió el apodo de Schandbad, «el baño de la vergüenza», un juego de palabras basado en la similitud fonética con Strandbad, «playa». A los niños del orfanato de Eggenbühl, cerca de Hertenstein, se les ordenó incluso dar un rodeo por Eichi para ir a la escuela o al pueblo y evitar así cualquier mirada hacia la playa de Weggis.
Ante la avalancha de quejas, el Consejo de Estado del cantón de Lucerna se vio obligado a intervenir. En aquella época -y durante mucho tiempo después-, la moral y la decencia en los baños alimentaban un intenso debate público, especialmente en la Suiza central, fuertemente impregnada de los preceptos católicos.
Un oficial de policía, de nombre Häfliger, vigiló lo que ocurría en la playa de Weggis el 24 de agosto. A pesar de las quejas, se vio obligado a reconocer que allí no ocurría nada inapropiado: «A muchos les molestará que ambos sexos se bañen juntos, disfrutando de los rayos del sol». Pero concluyó con lucidez: «Allí se observa lo mismo que en cualquier balneario común».
No era necesario, por lo tanto, tomar medidas drásticas. El Consejo de Estado se limitó a exigir a todos los visitantes varones mayores de 12 años que usaran «un traje de baño que cubriera el pecho», al igual que las mujeres.
Bañistas y “mirones”
La gran afluencia de público le dio la razón a Weggis: el año siguiente a su inauguración, la playa recibió 31.596 visitantes, de los cuales, curiosamente, 18.383 eran bañistas y 13.213 espectadores – es decir, mirones-. Estos últimos fotografiaban sin ningún pudor aquello que en otros lugares permanecía oculto.
Como aún puede leerse en el informe anual del Kurverein: «Las fotografías tomadas en la playa se multiplicaron hasta tal punto que la comisión balnearia tuvo que dictar una prohibición. A pesar de ello, los inspectores intervinieron en reiteradas ocasiones por fotografías tomadas sin permiso. Estas imágenes podían ser una de las mejores formas de publicidad para la empresa, pero, al mismo tiempo, podían utilizarse fácilmente con fines indebidos, lo que perjudicaría a esta institución de carácter sanitario más de lo que la beneficiaría».
Una fotografía publicada en un periódico provocó revuelo: la imagen mostraba a un niño de tres años chapoteando en la playa de Weggis, completamente desnudo. El éxito del Lido no decayó. Ya en 1927-1928, el Kurverein compró la parcela vecina, aumentando en 4.000 metros cuadrados la superficie de la playa, que pasó a contar con 186 cabinas. El público pedía más: el Lido recibió 26.240 visitantes en 1927 y 51.575 al año siguiente. En toda Suiza, otros balnearios imitaron a Weggis. Fue el caso de Lucerna, Fürigen, Stansstad, Flüelen, Gersau y Vitznau (todos a orillas del lago de los Cuatro Cantones), pero también de Weesen (lago de Walenstadt) y del Mythenquai de Zúrich. La escandalosa playa de Weggis había marcado el inicio de una nueva tendencia.
Michael van Orsouw es doctor en historia, poeta y escritor. Publica regularmente obras de historia.
El artículo original en el blog del Museo Nacional SuizoEnlace externo
Artículo adaptado al español por Norma Domínguez; y revisado por Carla Wolff.
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