El expresidente Mutharika, un veterano de la política a la reconquista del poder en Malaui
Lilongüe, 14 sep (EFE).- El expresidente de Malaui Peter Mutharika, de 85 años, se presenta como el principal rival del actual mandatario, Lazarus Chakwera, de 70, en unas reñidas elecciones presidenciales el martes marcadas por una grave crisis económica y pobreza generalizada.
Mutharika, veterano líder del opositor Partido Democrático Progresista (DPP) y uno de los 17 candidatos en liza, llegó al poder en 2014 tras derrotar a la entonces presidenta, Joyce Banda (2012-2014), y gobernó hasta 2020.
Su reelección en las elecciones de 2019, con un 38,57 % de los votos, fue anulada por el Tribunal Constitucional por irregularidades generalizadas, en una decisión histórica: solo otra vez en África, en las elecciones de 2017 en Kenia, se habían invalidado unos comicios presidenciales.
El fallo judicial, que dio paso a la victoria de Chakwera, llegó tras meses de protestas opositoras, a menudo violentas, que se prolongaron durante más de medio año y que pusieron en jaque la estabilidad del país.
Un regreso con promesas
Cinco años después de aquellas elecciones, Mutharika defiende que los tiempos eran mejores bajo su mando y presume de haber reducido la inflación y mejorado infraestructuras públicas como las carreteras durante su primer mandato.
«Hoy, Malaui está bajo opresión: hambre, pobreza y miedo del propio Gobierno que debería protegernos», dijo Mutharika durante un acto de campaña en Blantyre, la segunda ciudad más grande de Malaui.
«Debemos respetar al Gobierno, no temerlo», remarcó ante miles de simpatizantes.
Sin embargo, su legado sigue marcado por acusaciones de corrupción, nepotismo e impunidad en la gestión pública, que él rechaza, pero que empañaron su imagen con numerosos escándalos.
Nacido el 18 de julio de 1940 en el distrito de Thyolo, en el sur de Malaui, Mutharika estudió Derecho en la Universidad de Londres y en Yale.
Desarrolló una carrera académica como profesor de derecho constitucional en universidades de Estados Unidos -como la Universidad de Washington-, Tanzania, Etiopía y Uganda, y participó en la redacción de la primera Constitución democrática de Malaui a inicios de los noventa.
Regresó definitivamente en 2004, cuando su hermano, Bingu wa Mutharika, fue elegido presidente, y se convirtió en su principal asesor. En 2009, fue elegido diputado y ocupó varias carteras ministeriales, entre ellas, el Ministerio de Asuntos Exteriores entre 2011 y 2012.
Tras la muerte de su hermano en 2012, afrontó cargos de traición y perjurio por su papel en un supuesto intento de evitar de forma inconstitucional la llegada al poder de la entonces vicepresidenta Joyce Banda, aunque nunca fue condenado.
Una rivalidad histórica
En 2014 derrotó a Banda en las urnas y ganó la Presidencia con poco más del 36 % de los votos. Aquellos comicios supusieron una dura derrota para la dirigente, que apenas logró un 20,2 % y quedó tercera, incluso por detrás de Chakwera, que entonces debutaba como candidato.
Banda, de 75 años, fue la primera mujer en ocupar la Presidencia de Malaui, y fue reconocida por la revista Forbes en 2014 como la mujer más poderosa de África. Sin embargo, su legado quedó empañado por la corrupción y la crisis económica de Malaui, uno de los países más pobres del mundo.
El llamado escándalo «Cashgate», un saqueo masivo de fondos estatales destapado en 2013 y valorado en unos 32 millones de dólares, salpicó de lleno a su Administración e involucró a políticos, empresarios y altos funcionarios.
La polémica forzó a los principales donantes internacionales a suspender ayudas por unos 150 millones de dólares, agravando aún más la fragilidad económica de Malaui.
Acusada de corrupción y blanqueo de capitales, Banda optó por un exilio autoimpuesto de cuatro años, hasta su regreso al país en 2018.
Ahora, vuelve a presentarse como candidata en las elecciones presidenciales, donde se medirá de nuevo con Mutharika y Chakwera. EFE
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