El incierto futuro de la juventud marroquí: Uno de cada tres, ni estudia ni trabaja
Mar Marín
Castillejos (Marruecos), 1 ago (EFE).- Empleo, mejores salarios y una oportunidad para el futuro. Esas fueron las razones que llevaron a muchos jóvenes marroquíes a arriesgar su vida en la peor crisis migratoria de un país donde uno de cada tres menores de 29 años ni estudia ni trabaja.
Jóvenes como Fátima, Ahmed, Mohamed -solo por citar algunos con los que EFE ha podido hablar en la frontera entre Marruecos y Ceuta- dispuestos a lanzarse al mar por el espejismo europeo.
A sus 25 años, Fátima suma veinte intentos de llegar a nado desde Fnideq (Castillejos, norte de Marruecos) al enclave español de Ceuta. «No me importa el riesgo, volveré», decía esta semana. Y, según ha confirmado EFE con sus allegados, esta vez, lo ha logrado.
Fátima engrosaba las estadísticas de desempleo juvenil en Marruecos, es ahora parte de los 60.000 migrantes irregulares que han cruzado a Ceuta y una de las pocas que ha conseguido quedarse en la ciudad autónoma española.
Varios de sus amigos lo han intentado también, con suerte desigual. «No hay trabajo, no hay futuro, no hay derechos, como sanidad, educación. Mejor intentarlo todo. No hay espacio para los jóvenes», lanzaban a coro antes de cruzar la frontera.
Sus perfiles se ajustan al grueso de los jóvenes que han participado en este éxodo sin precedentes, que ha costado al menos 67 vidas, según las autoridades españolas.
Y son los perfiles medios de los «ninis», los jóvenes que no estudian ni trabajan. Unos 2,9 millones de marroquíes de entre 15 y 29 años, según la Organización Mundial del Trabajo.
La Alta Comisión de Planificación (HCP, por sus siglas en francés), subrayaba en su informe de abril que la cifra duplica a la registrada hace apenas tres años.
Más del 70 % son mujeres y casi la mitad se concentra en la franja de 25 a 29 años, lo que pone de relieve «la dificultad de la inserción en la vida activa».
En Marruecos, la situación de los jóvenes que no trabajan, estudian ni reciben formación (jóvenes NEET) «sigue siendo un desafío estructural», alerta la OIT.
Más que un salario digno
Pero en el éxodo a Ceuta han participado también miles de jóvenes que no son ninis. Jóvenes con empleos, estudios y familias de clase media que todavía se preguntan por qué se jugaron la vida.
Para la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH, izquierdista y la más influyente del país) no se trata solo de condiciones económicas precarias.
«La desesperanza ha dejado de ser un sentimiento individual para convertirse en la identidad de toda una generación», que ve en la migración una expresión de rechazo contra la desigualdad, «la corrupción, el autoritarismo y el abuso de poder», denunció hoy.
Una reciente encuesta de Centro Marroquí para la Juventud y las Transiciones Democráticas reveló casi la mitad de los participantes -585 jóvenes de todo Marruecos- pretendían emigrar, no solo por motivos laborales, también por las deficiencia en los servicios sociales, de salud y la baja calidad de la educación.
Demandas por las que alzó la voz el GENZ212, el movimiento juvenil que se lanzó a la calle en septiembre del pasado año para exigir mejoras en servicios públicos como sanidad, educación o transporte, y denunciar el millonario gasto de Rabat en infraestructuras deportivas, como el megaestadio de Casablanca que, con capacidad para 115.000 personas, será el mayor del mundo.
«Lucha, militante, por la sanidad, contra la corrupción y por la dignidad» o «el pueblo quiere la caída de la corrupción», eran algunos de los lemas que coreaban los jóvenes en las calles.
Marruecos sofocó las protestas con detenciones masivas y condenas de hasta 15 años. Hoy, el movimiento se ha diluido.
«No entiendo por qué se encarcela a jóvenes que protestan. Eso no es normal. Han protestado, no han puesto bombas ni han cometido actos violentos», sostenía en una entrevista con EFE el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun.
Los jóvenes «dicen cosas que hay que escuchar porque su discurso no es absurdo. Quieren más igualdad, más justicia, una lucha real contra la corrupción. Quieren educación, conocimiento y universidad».EFE
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