El rock argentino pierde un mito popular e inigualable con la muerte de Indio Solari
Por Sebastián Rodríguez Mora y Florencia Pessarini
Buenos Aires, 5 jun (EFE).- Con la muerte de Indio Solari, el rock argentino perdió a uno de los artistas más influyentes de su historia, quien forjó junto a Los Redondos un fenómeno cultural sin precedentes y que llegó a congregar multitudes de hasta 300 mil personas, pese a mantenerse al margen de la industria musical.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el nombre verdadero de la mítica banda de Solari, produjeron sus propios discos, controlaron su distribución, cultivaron una relación distante con la prensa y no aplicaron estrategias de mercadeo convencionales. Nunca se sumaron a grandes festivales.
Con el lema «solos y de noche», comenzaron a tocar a mediados de los setenta bajo el manto de clandestinidad de la última dictadura argentina (1976-1983) y estallaron con la revitalización que trajo la vuelta de la democracia.
Mientras Charly García revolucionaba la escena con su innovación artística, Luis Alberto Spinetta (1950-2012) elevaba el lenguaje poético del rock y Gustavo Cerati (1959-2014) se transformaba en la cara exportable de la música argentina con Soda Stereo, el ‘Indio’ forjaba un mito popular inigualable.
Pese a esa distancia con todo lo que oliera a comercial, en los años noventa del siglo XX, la popularidad de Los Redondos rebasó el espíritu contracultural y sus temas comenzaron a sonar en las radios más importantes a pedido del público.
Así como la obra de Spinetta encontró una fuerte recepción en ámbitos intelectuales y la de Cerati quedó asociada a una estética urbana y cosmopolita, el ‘Indio’ construyó una conexión singular con amplios sectores populares que encontraron en sus recitales espacios de pertenencia e identificación colectiva.
Fue de esta manera como la banda se fue convirtiendo en un fenómeno de masas transversal a cualquier clase social.
Las llamadas ‘misas ricoteras’ movilizaban fieles desde todos los rincones del país en convocatorias que, a menudo, superaban la capacidad de los espacios habilitados y del control policial. A veces ocurrieron episodios de violencia, una de las razones que condujeron a la separación de la banda a principios del siglo XIX.
El fenómeno, lejos de aplacarse, se trasladó a la carrera solista del artista. En su último concierto, realizado el 11 de marzo de 2017 en Olavarría, una ciudad de tan solo 120 mil habitantes, el ‘Indio’ congregó a entre 200 y 300 mil ‘ricoteros’.
Esa noche, dos asistentes murieron en medio de incidentes provocados por el desborde de público, en un predio cuya capacidad resultó insuficiente para acoger la cantidad de personas que intentaron ingresar.
La música de varias generaciones
Sus letras, deliberadamente ambiguas y abiertas a múltiples interpretaciones, fueron leídas por distintas generaciones como un reflejo de las frustraciones, incertidumbres y desencantos que marcaron distintas épocas de la historia argentina.
En ‘Oktubre’ (1986), considerado uno de los discos fundamentales del rock argentino, muchos encontraron referencias al control, el encierro y las formas de autoritarismo de la dictadura, en tensión con la apertura de la recuperación democrática.
Una década después, ‘Vamos las bandas’ o ‘Un ángel para tu soledad’ se asociaron a las experiencias de exclusión, desarraigo y búsqueda de pertenencia que atravesaban amplios sectores de la sociedad en paralelo a las reformas neoliberales llevadas a cabo por el Gobierno de Carlos Menem (1989-1999).
Frente a Soda Stereo, que llenaba estadios en América Latina, o Charly García, consagrado por muchos como el número uno del rock en español, la decisión de Indio Solari de sostenerse en un circuito independiente limitó su proyección internacional.
Pero en el territorio argentino, de norte a sur y de este a oeste, se forjó un fenómeno con gran trascendencia para la identidad argentina. EFE
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