Esperanza renace en ancianos de Perú con visita del papa: «Nos ha devuelto ganas de vivir»
Paula Bayarte
Lima, 3 oct (EFE).- «Nunca pensé que fuéramos a tener un papa peruano y menos que viniera a mi casa», dice emocionada Laura, una de las 60 personas que viven en el modesto hogar de ancianos que León XIV visitará en su viaje a Perú el 16 de noviembre, una fecha que han marcado en el calendario y les ha devuelto «las ganas de vivir».
Hasta hace unas semanas la idea de recibir «al papa peruano» no estaba ni en la imaginación de los residentes y trabajadoras de esta humilde casa de acogida de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, ubicada en el corazón del Callao, la provincia portuaria situada junto a Lima, uno de los puntos con mayor índice de criminalidad del país andino.
«Para todos es como un sueño tener al Santo Padre, en nuestra casita, donde lo podemos recibir con mucho cariño y mucho amor, realmente es una gran emoción», cuenta a EFE sor María Agripina Garrido, una de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.
Aunque el hogar luce en su interior colorido y reluciente, y varios loros en jaulas animan las estancias, la tristeza y la soledad también están presentes, pues muchos de los ancianos están allí hospedados al no tener familia cercana.
«En nuestros hogares hay mucho dolor de distintas clases, por sus enfermedades, sus limitaciones, sus dolencias, el abandono familiar… verdaderamente pasan momentos de soledad y de sufrimiento», relata la hermana.
«Que él (León XIV) visite esta parte vulnerable es un gran consuelo, una alegría inmensa y una fortaleza para llevar adelante esas enfermedades», añade.
Una «bendición» inesperada
Es el caso de Laura, de 84 años, que llevaba más de dos años con depresión, casi siempre aislada en su habitación. La noticia del papa la animó muchísimo.
«Cuando hemos entrado aquí sabemos que ya no vamos a salir, y (saber que vendrá el papa) es para mí lo más maravilloso que me podía pasar en mis 84 años de vida», dice con emoción Laura, sentada junto a su andador en el estrado donde León XIV subirá en poco más de un mes.
José Luis, que lleva casi diez años viviendo entre las paredes amarillas del asilo y se encuentra en recuperación de una segunda operación, declara que desde que sabe que el papa va a llegar se encuentra más contento, con más ganas de vivir y siente que sus oraciones se han cumplido.
«Hay tantos lugares que puede visitar… y nos ha escogido a nosotros, es una bendición que ni siquiera esperábamos. A veces me quedo sin palabras y queremos que sepa que lo queremos y le esperamos mucho», dice junto a la capilla.
Añade que en la casa se siente la soledad porque hay muchos residentes que no tienen visitas por no tener familia, pero la llegada de León XIV ha despertado la esperanza porque «no todo puede ser tan triste».
Visita breve
María Agripina recuerda que solo el anuncio de la llegada del papa a Perú y poder verle desde lejos ya eran un regalo; pero meses después, una comisión de El Vaticano visitó la casa de acogida y, semanas más tarde, con una emoción que apenas le dejaba hablar, el padre que ofrece las misas diarias les anunció a las hermanas la inesperada noticia.
«¿Hemos escuchado bien?», se preguntaban las hermanitas que ahora preparan la recepción de León XIV en la mañana del 16 de noviembre, su último día en Perú. Allí permanecerá unos 30 o 40 minutos, primero en la capilla y luego en un pequeño estrado en el patio principal.
Entre 2020 y 2021, Robert Prevost, además de ser obispo de Chiclayo era administrador apostólico de la Diócesis del Callao y se cuenta que cada quince días conducía él solo los casi 800 kilómetros que separan ambas ciudades, a las que volverá, una vez más, en unas semanas. EFE
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