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Kiev denuncia “simulacro” ruso de negociar y se moviliza para buscar más sanciones

Marcel Gascón

Kiev, 3 jun (EFE).- Ucrania parece perder la esperanza en la posibilidad de un final negociado de la guerra en el corto plazo tras conocer en Estambul las exigencias de la parte rusa, y ha apostado por redoblar los esfuerzos para convencer a la Administración del presidente Donald Trump de la necesidad de apretarle las tuercas al Kremlin para que baje las armas.

“Rusia sigue rechazando incluso la idea misma de parar las matanzas. Por eso hacemos un llamamiento a la comunidad internacional: la presión es necesaria para lograr una paz genuina, no un simulacro de negociaciones”, escribió anoche en X el jefe de la delegación ucraniana en las conversaciones de Estambul, el ministro de Defensa, Rustem Umérov.

Umérov añadió que Rusia sigue tratando de “ganar tiempo” dando, a ojos de los EEUU, la impresión de que negocia de buena fe para poner fin a la guerra como ha exigido Trump.

Condiciones inasumibles

Kiev recibió este lunes en la metrópolis turca unas condiciones rusas para declarar un alto el fuego inaceptables para la parte ucraniana.

Según el documento, publicado por medios ucranianos, Moscú sólo accederá a un cese de las hostilidades si Ucrania levanta la ley marcial y deja de recibir ayuda militar occidental o si se retira del territorio ucraniano que sigue bajo control del Gobierno de Kiev en las cuatro regiones que Rusia se anexionó en 2022.

En estas circunstancias, el Gobierno del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha decidido apostar por la única opción que, en estos momentos, podría a su juicio llevar al líder del Kremlin, Vladímir Putin, a plantearse bajar las armas: un salto cualitativo en las sanciones que hasta ahora se han dictado contra Rusia que sólo puede venir de EEUU.

Para convencer a Trump de que dé este paso, Zelenski ha enviado a Washington a una delegación encabezada por el jefe de gabinete, Andrí Yermak, y por la ministra de Economía, Yulia Sviridenko.

“Planeamos hablar del apoyo militar y de la situación en el campo de batalla; del refuerzo de las sanciones contra Rusia, en particular del proyecto de ley del senador Graham”, ha escrito Yermak, la figura más influyente en las estructuras de poder ucranianas después de Zelenski.

El senador Lindsey Graham es una de las pocas voces favorables a Ucrania entre los republicanos leales a Trump.

Graham fue recibido recientemente en Kiev por Zelenski y tiene listo un proyecto de ley que prevé imponer aranceles del 500 % a todas las importaciones de los países que compren petróleo, gas, uranio y otras materias primas a Rusia.

La adopción de la ley obligaría a los países que siguen sosteniendo la maquinaria de guerra rusa con las compras masivas de petróleo y otras materias primas rusas a elegir entre seguir importando recursos energéticos de Rusia y continuar importando sus productos a EEUU.

Pero las perspectivas de que el Senado y el Congreso aprueben la ‘ley Graham’ están lejos de ser claras, en parte por el efecto desestabilizador que tendría sobre la economía y las ya tumultuosas relaciones comerciales de EEUU con otros países.

Una paz inaceptable para Kiev

Junto a Yermak y Sviridenko ha viajado a Washington un equipo del Ministerio de Defensa ucraniano.

Una de sus tareas será trasladar a sus interlocutores de EEUU los riesgos de una nueva ofensiva rusa que ya le quita territorio a Ucrania también en la región fronteriza de Sumi y podría llevar pronto las hostilidades a la provincia de Dnipropetrovsk, en Ucrania central.

Además de hacer casi imposible el alto el fuego, el documento entregado por la delegación rusa a la ucraniana en Estambul también deja claro que la guerra no acabará en la mesa de negociaciones a menos que alguna de las partes cambie radicalmente sus posiciones.

Rusia exige para firmar la paz que Ucrania se declare neutral, limite el tamaño de sus fuerzas armadas, reconozca el ruso como lengua oficial y entregue por completo las cuatro regiones que Moscú se anexionó formalmente en el primer año de la guerra.

Yermak, Sviridenko y el resto de integrantes de la delegación ucraniana que ha viajado a Washington tratarán de convencer a Trump de que es Rusia quien debe modificar una propuesta que, de imponerse en la mesa de negociaciones, obligaría a Ucrania a ceder mucho más de lo que ha concedido en el campo de batalla.

Si no lo consiguen, los ucranianos se verán obligados a seguir librando una guerra que, hoy por hoy, no se decanta a su favor, a juzgar por cómo se mueve la línea del frente. EFE

mg/cae/ah

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