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La caída de ventanales de la Torre Montparnasse de París amenaza su proyecto de renovación

París, 27 jul (EFE).- La caída este lunes de varios ventanales del rascacielos más alto de París, la Torre Montparnasse, obligó a establecer un perímetro de seguridad y cerrar dos calles aledañas, lo que abre un nuevo capítulo en el costoso proyecto de renovación del edificio, que amenaza con no consumarse por un desacuerdo entre propietarios.

Pese a no contar con el apoyo unánime de sus propietarios en lo que respecta a la forma final del gigantesco inmueble, de 59 plantas y 209 metros de alto, las labores para retirar el amianto de su interior se iniciaron el pasado martes, tras una década de retraso en las obras.

Según afirmó al diario francés Le Figaro uno de los participantes de la última asamblea de propietarios de la torre, celebrada el pasado martes, «hay tal confusión en torno a esta renovación que los bancos han dado marcha atrás». «¡El proyecto está muerto!», añadió.

Además, el principal copropietario de la torre, el fondo francés LFPI, anunció en la misma reunión su intención de abandonar el plan previsto y optar por una alternativa menos costosa.

El proyecto de renovación incluía la sustracción del amianto presente en la torre, una nueva fachada, más espacios verdes y un huerto en su terraza superior, con un precio estimado de unos 800 millones de euros: casi el triple de lo originalmente previsto.

El alcalde de París, el socialista Emmanuel Grégoire, convocó este sábado una reunión de crisis para tratar el proyecto de renovación después de que el desacuerdo se hiciera público el pasado miércoles.

La necesidad de un acuerdo se ha convertido, además, en una carrera contrarreloj, puesto que las obras del proyecto deben iniciarse antes del próximo 26 de noviembre, fecha de caducidad del permiso de construcción en el que es el único rascacielos dentro del término municipal parisino.

Entre los más de 30 copropietarios del inmueble figuran firmas internacionales como LFPI, uno de los más importantes gestores de patrimonio e inversiones de Francia, y multimillonarios como Xavier Niel, principal accionista de los grupos Vodafone y Westfield, entre otros.

Si bien la Torre ya forma parte del paisaje parisino, tanto por su imponente presencia como por su célebre mirador, se ha convertido en un auténtico rompecabezas para la Alcaldía, propietarios y vecinos, por ser una infraestructura cada vez más anticuada y con un proyecto de renovación crónicamente encallado.

El largo historial de problemas en torno a la torre incluye reiterados intentos de retirar el amianto, pendiente desde hace dos décadas, y un litigio judicial iniciado poco después de que la torre se vaciara completamente, el pasado 31 de marzo, por un desacuerdo en la modificación de los usos de la superficie de diversos propietarios.

El impacto del rascacielos tras su inauguración en 1973 fue tal que, pocos años después, la Alcaldía de París prohibió la construcción de edificios superiores a siete plantas.

El perfil rectangular y anguloso del edificio permanece hoy como un símbolo de otra época, concretamente de las tres décadas de crecimiento económico continuado vividos en Francia entre la Segunda Guerra Mundial y la crisis del petróleo de los años 70, conocidas como los ‘Treinta Gloriosos’. EFE

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