La defensa cobra fuerza esta edición en Le Bourget, el mayor salón aeronáutico del mundo
París, 5 jun (EFE).- La defensa va a cobrar mucha fuerza en el Salón Aeronáutico y del Espacio de Le Bourget, la mayor feria mundial del sector, con un 45 % de los 2.400 expositores en la 55 edición que se celebra del 16 al 22 de junio en el que fue el primer aeropuerto de París.
«Estamos en un contexto de mucha mayor conflictividad», señaló este jueves en la conferencia de prensa de presentación Guillaume Faury, presidente del Grupo de Industrias Francesas Aeronáuticas y Espaciales (GIFAS) que organiza el salón y consejero delegado del fabricante europeo Airbus.
Ese porcentaje es muy superior al peso que tuvieron los expositores que venden sistemas de armamento en la anterior edición de 2023 (se celebra cada dos años), aunque Faury quiso puntualizar que muchas de las tecnologías de esos sistemas son de utilización dual, para el sector militar y civil, de forma que la gran mayoría de las empresas que están en el primero están también en el segundo.
Los 2.400 expositores que han reservado espacios en las 70 hectáreas que se han acondicionado proceden de 48 países y aunque 1.110 son franceses, habrá también una fuerte presencia sobre todo de Estados Unidos (450 empresas).
No habrá rusos, porque han sido excluidos por las autoridades francesas en este tipo de eventos por la invasión de Ucrania (que sí estará representada con cinco expositores) y subsiste la duda de si podrán estar los nueve israelíes que han reservado su espacio, y que están pendientes de una decisión de la Justicia francesa.
El Tribunal de Bobigny debe dictaminar sobre el procedimiento abierto por varias ONG contra los organizadores de la feria con el argumento de que los proveedores de material militar de Israel participan en la «comisión masiva de crímenes» por parte de ese país contra los palestinos.
Además de un fuerte incremento de la presencia de equipamiento militar, otra de las grandes tendencias de esta edición de Le Bourget será la mayor relevancia que se le quiere dar a la actividad espacial, con un pabellón específicamente dedicado de 2.500 metros cuadrados en el que estarán una parte de las 200 empresas del sector que son expositoras.
En cuanto a las innovaciones tecnológicas, Faury remachó que para los fabicantes la descarbonización de la aviación civil es «la prioridad número uno», teniendo en cuenta su compromiso para alcanzar la neutralidad de carbono en el horizonte de 2050.
El responsable ejecutivo de Airbus señaló que el camino para lograrlo pasa en primer lugar por la reducción del consumo de carburante, en particular con la nueva generación de aviones que se espera que salga al mercado la próxima década, y con la sustitución del queroseno por el llamado combustible sostenible (SAF).
Un SAF que por ahora representa apenas unos pocos puntos de porcentaje de lo que consumen los aviones porque es mucho más caro.
A más largo plazo, Airbus apuesta por el avión de hidrógeno con pila de combustible, pero Faury reconoció que Airbus ha tenido que posponer sus planes de sacarlo al mercado para 2035, sobre todo porque la producción y la distribución de hidrógeno verde va mucho más lento de lo que habían anticipado hace cinco años.
Los organizadores de Le Bourget anticipan un aumento tanto de los visitantes profesionales (fueron 127.312 en 2023), los únicos que podrán acceder al salón los cuatro primeros días, como de los particulares (165.267 hace dos años).
Unos y otros podrán contemplar en particular las 150 aeronaves que estarán a la vista, y algunas de ellas también en vuelo, como los cazas Rafale (del francés Dassault Aviation), F16 (del estadounidense General Dynamics) y Eurofighter Typhoon (del europeo Airbus y del británico BAE Systems).
Una de las grandes cuestiones que planearán por el salón es la escalada arancelaria desatada por Donald Trump, que cuestiona el acuerdo de 1979 que desde entonces ha eximido de esas tasas el comercio de piezas y productos del sector aeronáutico.
Faury dijo que para todas las empresas del sector, una vuelta a las condiciones de ese acuerdo «es lo mejor que nos podría ocurrir» porque una guerra arancelaria podría conducir a una «regionalización» de la producción. EFE
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