La gestión migratoria de Ceuta nutre el odio de ultraderecha
Irene Escudero
Madrid, 30 ago (EFE).- Un mes después de que decenas de miles de personas entraran en Ceuta, una ciudad española situada en el norte de África, la gestión de esta crisis humanitaria se ha convertido en caldo de cultivo para la extrema derecha e incluso la radicalización del discurso de la derecha, según analistas consultados por EFE.
En esta ciudad de unos 83.000 habitantes, cientos de migrantes permanecen a la intemperie, mientras la tensión provoca protestas diarias de los vecinos y ataques a los llegados que acampan en la playa. No hay cifras de cuántos entraron pero se baraja una cifra de unos 80.000, de los que tampoco se sabe cuántos quedan.
No es una crisis migratoria
«Me parece incorrecto equipararlo a otras crisis migratorias de la historia reciente de España», apunta a EFE Ruth Ferrero, politóloga de la Universidad Complutense de Madrid, quien habla de una triple crisis: geopolítica, de gestión y de soberanía.
Este episodio ha mostrado «la vulnerabilidad de España ante un acontecimiento que no puede controlar» y la consecuente crisis de gestión porque «un Estado como el español parece mentira que no sea capaz de dar una respuesta más rápida», alega.
Blanca Garcés, investigadora del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), coincide en las tres crisis, pero a la humanitaria y a la política añade una crisis social derivada de la falta de oportunidades para los jóvenes en Marruecos que hace que estén «dispuestos a jugarse la vida porque sienten que no pierden nada, ni trabajo ni derechos».
«No es una crisis migratoria, porque son números asumibles para España pero no para Ceuta a solas», justifica a EFE esta experta en migraciones.
La mayoría de quienes entraron retornaron de forma inmediata, por lo que la reubicación en la península de quienes permanecen resolvería la saturación, agregó.
España, laboratorio migratorio de Europa
Garcés recuerda que la política migratoria española tiene dos caras: una frontera atlántica abierta hacia América -acompañada en los últimos meses con una regularización masiva- y el control de la frontera sur con África.
En la segunda, explica la experta del CIDOB, «España ha funcionado como un laboratorio de políticas de frontera», siendo pionera en firmar convenios con países africanos para externalizar el control de fronteras.
Fue bajo la presidencia española de la UE cuando se cerró la negociación del Pacto Europeo de Migración y Asilo, «un pacto de endurecimiento de las condiciones de acceso que debió llamarse de control de fronteras», complementa Ferrero.
Y el investigador en racismo y migraciones Youssef Ouled coincide: «España, por mucho que a nivel discursivo pueda parecer más afín a los derechos humanos, no se sale ni un ápice de la política migratoria de la Unión Europea».
La respuesta a esta crisis ha sido lenta porque se ha priorizado el retorno a la acogida y Ouled apunta que además está siendo «deficiente» y con un efecto «de castigo, disciplinante».
La devolución, como quiere España y pide Europa, de quienes aún quedan en Ceuta no va a ser rápida porque no se puede repatriar a solicitantes de asilo sin resolver sus casos ni a los menores no acompañados.
«Retrasar durante semanas la acogida, y dejarlos confinados en Ceuta sin traspasos a la Península es lo que crea la crisis humanitaria y, detrás de ella, el rechazo de parte de la población en Ceuta», dice Garcés, y Ferrero añade: «es abono para la extrema derecha y para las mafias que van a empezar a aflorar».
Un escenario perfecto para la extrema derecha
La crispación de los vecinos ha aumentado según pasaban las semanas y no se buscaba solución para sacar de las calles y playas a los migrantes, y esa crispación, sumada a la desinformación, ha derivado en episodios de violencia xenófoba.
Para Ouled, la omisión institucional envía un mensaje peligroso y es «el caldo de cultivo perfecto» para la ultraderecha: «Si tú lanzas el mensaje de que no se van a atender esas necesidades para no generar un efecto llamada, sumado a los discursos deshumanizantes y racistas, la consecuencia es lo que estamos viendo: auténticas cacerías».
La primera semana un diputado ultra de VOX pedía en el Congreso «salir a cazar migrantes» y, mientras el Gobierno no actuaba, la ultraderecha ha estado «azuzando toda una serie de narrativas de invasión», de fake news de violaciones en masa, hacia un electorado cansado porque ve que la situación no se resuelve, recuerda Ouled.
La derecha del Partido Popular también está usando esta crispación y su líder, Alberto Núñez Feijóo, pidió el confinamiento de los migrantes por la posibilidad de epidemias, sin que hubiera datos sobre ello.
Los expertos señalan la necesidad de desmontar el marco del pánico moral mediante el rigor de los datos, desvincular el debate fronterizo de la lógica de seguridad nacional para devolverlo al terreno de la gestión administrativa eficiente, y evitar responder con el mismo lenguaje defensivo que impone la extrema derecha.
«Si tú pones vallas más altas, lo único que vas a conseguir es que caiga más gente por el camino, pero no vas a impedir que la gente busque una vida digna. La respuesta europea no puede ser militarizar más, sino lo opuesto», zanja Ouled. EFE
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