La odisea de Tostão: campeón mundial con Pelé, retirada forzosa con 26 años y médico
Carlos Meneses
São Paulo, 8 jun (EFE).- Pocos futbolistas han vivido una transformación tan radical en tan poco tiempo como Tostão. Campeón del mundo en México 1970 con la Brasil de Pelé, se vio obligado a retirarse apenas tres años después por un grave problema ocular y encontró una segunda vocación en la medicina.
Algunos le apodaron el ‘Pelé Blanco’, pero Eduardo Gonçalves de Andrade (Belo Horizonte, 1947) pasó a la historia como ‘Tostão’.
Hoy, con 79 años, recuerda en una entrevista con EFE que empezó a jugar «desde la infancia, tanto en el césped como en las canchas de fútbol sala».
Lo de ‘Tostão’ no salió de su propia cosecha. Se lo pusieron porque siempre jugaba con niños mayores que él y estos, a medio camino entre el cariño y la sorna, le bautizaron con el nombre que recibía una antigua moneda de la época de escaso valor.
Su talento innato le llevó al fútbol profesional. Empezó a destacar en el Cruzeiro siendo apenas un adolescente. El equipo celeste hoy es uno de los grandes clubes de Brasil, pero en la década de los sesenta «apenas era conocido en Belo Horizonte», comenta.
Venció a Pelé en la Taça Brasil
Pronto ocuparía los primeros titulares, sobre todo después de salir victorioso ante el mismísimo Santos de Pelé en la Taça Brasil de 1966, principal torneo nacional de la época.
El Cruzeiro de un puñado de jóvenes como Tostão, Dirceu Lopes, Piazza y Natal endosó un sonoro 6-2 en el partido de ida de la final al Santos de los galácticos de la época, con Pelé, Pepe, Zito y compañía.
Tostão marcó uno de los goles y repitió en la vuelta, en el estadio Pacaembu de São Paulo, donde su equipo volvió a imponerse por 2-3 para sorpresa de todos.
No fue el mejor año de Pelé. Meses antes, salió por la puerta de atrás del Mundial de Inglaterra 1966. La Canarinha, defensora del título, cayó en la fase de grupos en un torneo que los brasileños recuerdan por la violencia empleada contra Pelé sobre el campo.
Pero en México la historia sería diferente. En su último baile en una Copa del Mundo, el ’10’ lideró un ataque de leyenda con Jairzinho, Rivelino, Gérson y Tostão.
Aunque el joven jugador del Cruzeiro casi se lo pierde. En septiembre de 1969, en un partido contra el Corinthians, con el campo encharcado por la lluvia, recibió un balonazo potente del zaguero Ditão en el ojo derecho que le provocó un desprendimiento de retina.
Se operó en Estados Unidos y estuvo seis meses totalmente parado. Sin embargo, entró en la convocatoria, pese a las dudas sobre su estado de forma.
«Había grandes dudas sobre si tendría condiciones para jugar. Confié en la autorización del médico y seguí adelante. El médico, el doctor Roberto, viajó desde Houston (EE. UU.) a México, me visitaba y asistió a todos los partidos de la Copa», relata.
Con todo, el seleccionador Mário Zagallo apostó por él, pero en una posición diferente a la habitual.
«Fui delantero centro, camisa 9, solo en el Mundial de 1970. Durante la mayor parte de mi carrera era una mezcla de organizador y atacante, un número 10, aunque en el Cruzeiro jugaba con el 8», explica.
Brasil consiguió el tricampeonato mundial en una final memorable contra Italia (4-1). Como agradecimiento, ‘Tostão’ le regaló su medalla de campeón al médico que le operó de la vista.
Nuevo desprendimiento de retina y adiós
Estaba en pleno auge de su carrera, cuando volvieron los problemas. ‘Tostão’ militaba desde 1972 en el Vasco da Gama de Río de Janeiro. La retina se había desprendido de nuevo. Volvió a Estados Unidos, se operó de nuevo, pero los médicos le invitaron a parar definitivamente.
Se retiró con 26 años. Con toda una vida por delante, ‘Tostão’ decidió «seguir los sueños de la adolescencia».
«En aquella época, el fútbol era solo una diversión. Dudé entre medicina y psicología, y decidí ser médico. Me gustó mucho», afirma.
Llegó a ejercer la profesión e incluso fue profesor. «Solo veía el fútbol por la televisión. Quería separar una carrera de la otra», añade.
No obstante, con el tiempo la añoranza por el fútbol le invadió por completo. El estrés, la ansiedad y la preocupación por la gravedad de muchos de sus pacientes hizo el resto. Aparcó la medicina y volvió como cronista deportivo, labor que aún hoy desempeña en su columna del diario Folha de S.Paulo. EFE
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