Las llaves del Palacio presidencial brasileño, en manos de los votantes indecisos
Ailén Desirée Montes
Sao Paulo, 30 sep (EFE).- Mientras las encuestas hablan de una extrema igualdad entre el presidente progresista Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro, analistas consideran que el resultado de las elecciones brasileñas del 4 de octubre depende de un amplio sector que observa el proceso con distancia y escepticismo: los indecisos.
Las mediciones espontáneas revelan una grieta que puede ser decisiva de cara al próximo domingo, cuando se espera que unas 158 millones de personas acudan a la urnas: entre el 18 % y el 35 % de los votantes se declara indeciso cuando no se le presenta una lista cerrada de candidatos.
A este contingente se suma un 21 % de votantes en las encuestas guiadas que admite que podría cambiar de parecer antes del 4 de octubre.
Las dudas acerca de a quién votar, según las encuestas, son más altas entre las mujeres, los mayores de 60 años y personas de baja renta en las regiones sureste y sur del país.
Esto indica que la elección no la van a resolver los núcleos duros, sino esa franja del medio, «los independientes y los indecisos», que posterga su decisión hasta los últimos días, cree el analista político y escritor brasileño Sérgio Abranches.
De acuerdo con el experto, el fenómeno se explica en gran parte por la migración del debate hacia el entorno digital, que generó una «campaña fría» que aisló a los electores no politizados.
«La campaña digital es un medio frío, no tiene el mismo calor ni la emoción del mitin en la calle», explica Abranches. Al trasladar todo a las redes, la contienda pierde intensidad y hace que mucha gente postergue su decisión.
Asimismo, el analista político de la Universidad de Campinas Fabiano Pereira afirma que los dos candidatos principales han tocado su techo de intención de voto.
«Desde que se consolidaron las candidaturas en agosto, los promedios de las encuestas no han mostrado saltos ni caídas significativas. (el presidente Lula y el senador Flávio) llegaron al límite de lo que pueden convencer por afinidad», cree Pereira.
Los datos más recientes de los principales sondeos reflejan dos bloques consolidados alrededor de las candidaturas principales, pero también muestran el tope de ambos liderazgos, que arrastran niveles de rechazo que en varios casos superan el 45 %.
Por ejemplo, una de las últimas encuestas de la firma Quaest ubica el rechazo en un 55 % para el oficialismo y en un punto porcentual más para el primogénito del expresidente Jair Bolsonaro, mientras que Datafolha señala un empate del 45 % en la tasa de desaprobación.
Este nivel de resistencia refleja que el margen para que cada fuerza crezca a costa del adversario es extremadamente estrecho.
La contienda que definirá el futuro de la mayor economía latinoamericana se ha convertido en una disputa de rechazos cruzados, en la que el voto en contra pesa tanto o más que la empatía por un proyecto político.
En este escenario de alta polarización, como explica Pereira, la decisión del electorado que no es «ni lulista ni bolsonarista» suele traducirse en un «voto pragmático», en el que evalúan la contienda «desde su situación económica personal y sus condiciones materiales de vida».
Sin embargo, el analista advierte un desfase entre las preocupaciones reales del ciudadano y la agenda del debate público, que, en lugar de discutir sobre «salud, educación o seguridad», se ha visto consumido por escándalos de corrupción y acusaciones cruzadas.
¿Hay un plan C?
La fuerte polarización ha neutralizado el crecimiento de una ‘tercera vía’, como se le llama en Brasil a los candidatos alternativos, que podrían magnetizar algunos votos de los principales contendientes.
Candidaturas independientes como las del psiquiatra y escritor Augusto Cury o el ultraderechista Renan Santos no han logrado romper el cerrojo mediático y de recursos que concentran las alianzas principales.
En un sistema hiperfragmentado como el brasileño, la tercera vía «es un sueño», dice Pereira.
Los electores prefieren no «desperdiciar» su voto y terminan decantándose por una de las candidaturas principales para evitar la victoria de aquel que consideran «más perjudicial», sostiene el cientista político.
En este escenario, ambos analistas coinciden en que la posibilidad de que el próximo domingo alguno de los candidatos supere el 50 % de los votos válidos y resulte electo es remota.
Para ellos, la contienda se trasladará a la segunda vuelta, en la que el estado de Sao Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, los tres principales colegios electorales del país que concentran alrededor del 40 % del total de votos nacionales, se erigirán como el verdadero fiel de la balanza. EFE
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