Las malas relaciones con Occidente y con Serbia marcan las elecciones en Kosovo
Ivan Blazhevski
Skopie, 5 jun (EFE).- La exprovincia serbia de Kosovo celebra este domingo sus terceras elecciones en 18 meses con las relaciones con Occidente deterioradas por la política del primer ministro, el nacionalista Albin Kurti, de intentar acabar con la influencia de Serbia entre la minoría serbia del país, un conflicto sin visos de resolverse.
Kurti y su partido Autodeterminación ganaron sus primeras elecciones en 2019, acabando con el tradicional dominio de los partidos surgidos de la guerrilla que luchó contra Serbia en la década de 1990 y que llevaron al país de mayoría étnica albanesa a declarar en 2008 su independencia de forma unilateral.
Serbia había perdido de facto el control sobre Kosovo en 1999, cuando los bombardeos de la OTAN acabaron con las represivas políticas del Gobierno autoritario de Belgrado y pusieron fin a la guerra entre las fuerzas serbias y la guerrilla independentista albanokosovar.
Kurti ha ganado las cuatro elecciones celebradas desde 2019 y ha ido renovando el cargo de primer ministro desde 2021.
Tras abandonar su inicial defensa de una unificación de Kosovo con Albania, Kurti ha dado pasos para erradicar la influencia del Estado serbio en el norte del país, donde vive buena parte de la minoría serbia.
Por ejemplo, ordenó prohibir el uso de la moneda serbia para que se emplee el euro, oficial en Kosovo; que los vehículos cambiaran la matrícula serbia por una kosovar; o el cierre de oficinas de correos o centros médicos que estaban aún gestionados por el Estado serbio.
El primer ministro se opone también a la creación de una comunidad de municipios serbios, algo pactado en 2013 bajo mediación de la Unión Europea (UE), y que daría a esa minoría cierta autonomía, pero que en opinión de Kurti, crearía una autoridad paralela dentro del Estado.
En general, mantiene que el conflicto con Serbia, y con los ciudadanos kosovares de etnia serbia, no se resolverá hasta que Belgrado reconozca la independencia y la soberanía de Kosovo.
Esa dura actitud contrasta con la del LDK, el mayor de los grandes partidos tradicionales y principal rival ahora de Kurti, que defiende una actitud más pragmática y que se vaya normalizando la relación con Serbia bajo la mediación de la UE, con el reconocimiento de la independencia como el objetivo final, pero no como una condición previa.
Tensiones con Washington y Bruselas
La postura de Kurti ha molestado a Estados Unidos y a la Unión Europea (UE), que mantiene que mejorar las relaciones con Serbia es la condición para que los dos Estados puedan entrar algún día en el club comunitario.
En junio de 2023, la UE impuso sanciones a Pristina, congelando unos 150 millones de euros en financiación y suspendiendo los contactos de alto nivel.
Ese mismo otoño, el asesinato por parte de paramilitares serbios de un policía kosovar elevó las tensiones a su punto más alto en años y provocó que Kurti cerrara las instituciones respaldadas por Serbia en el norte y prohibiera el dinar serbio.
Dos años después, EE.UU. redujo su colaboración con Kosovo, argumentando que las políticas de Kurti habían incrementado la inestabilidad.
La sombra de Osmani
Estas elecciones anticipadas han sido convocadas ante la falta de acuerdo para elegir a un nuevo jefe del Estado en sustitución de Vjosa Osmani, una popular política que durante sus cinco años en el cargo estableció buenas relaciones con Bruselas y con Donald Trump.
De hecho, se presenta como una líder equilibrada y prooccidental frente al estilo polarizador que achaca al actual primer ministro.
Kurti, por su parte, afirma que sólo su partido garantiza una mayoría parlamentaria que acelere las reformas para entrar en la UE y resista las presiones de Serbia.
Osmani colaboró en el pasado con Kurti pero ahora ha vuelto a aliarse con sus antiguos correligionarios del LDK.
Aunque Osmani no es candidata de este partido para primera ministra, sino oficialmente para volver a ocupar la jefatura del Estado, varios analistas no descartan que sea ella finalmente quien dirija el Gobierno si el partido gana las elecciones.
Aunque no se han publicado encuestas de intención de voto, la sensación es que Kurti parte como favorito tras haber ganado las elecciones del pasado diciembre con el 51 % de los votos, quedándose a sólo cuatro escaños de la mayoría absoluta de 61.
Shkelzen Maliqi, uno de los más respetados politólogos, indicó a EFE que es probable que el LDK mejore el 13 % de los votos que tuvo en diciembre, en parte por el tirón de Osmani.
En el resultado influirá mucho cómo voten los 110.000 kosovares que viven en otros países y han solicitado participar, más del 5 % del electorado.
Si el pasado diciembre el apoyo de la diáspora fue esencial para el triunfo de Kurti, en esta ocasión muchos de esos votos podrían ir al LDK y a Osmani. EFE
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