Los expulsados de EEUU a Guinea Ecuatorial enfrentan además la violencia policial
Policías encapuchados irrumpieron en la habitación de hotel de Ahmed Soliman, un egipcio expulsado de Estados Unidos y enviado a Guinea Ecuatorial. Luego lo arrastraron fuera, junto a una veintena de otros deportados como él, y armas en mano, les advirtieron: «Váyanse a su país».
«Unos policías me tiraban del cuello, intentaban lanzarme al suelo, otros me daban codazos en la espalda», cuenta a la AFP Soliman, de 30 años, sobre este incidente ocurrido hace dos semanas.
Tenían «ametralladoras apuntando a nuestras caras, todo eso solo para decirnos que están hartos de vernos aquí, en este país», recuerda.
Las autoridades ecuatoguineanas intensifican la presión sobre los expulsados retenidos en un hotel de Malabo, la capital, que se ha convertido en un verdadero almacén para los inmigrantes expulsados de Estados Unidos, entre ellos Soliman, que llegó en abril.
Este Estado petrolero autoritario de África Central es ahora un punto de tránsito clave en la política de represión migratoria del presidente estadounidense Donald Trump, que consiste en enviar a «terceros países» como Guinea Ecuatorial a las personas que Estados Unidos no puede legalmente devolver a su país de origen.
Desde noviembre, Washington ha expulsado al menos 50 personas a Guinea Ecuatorial, en una mayoría africanas.
Veintisiete de ellas siguen en el hotel, pues Guinea Ecuatorial ya expulsó a algunos inmigrantes a sus países de origen o a otros Estados.
– «Intentan intimidarte» –
Mientras su estancia en el hotel se prolonga, bajo la vigilancia de guardias armados, las autoridades pierden la paciencia, explicaron a la AFP varios expulsados, algunos de los cuales afirman además sufrir violencia verbal y física por parte de los policías.
Un abogado local también confirmó que están siendo presionados para que regresen a su país de origen.
«Cada vez que surge un problema, cada vez que reclamamos nuestros derechos, nos dicen: ‘Mira, si no te gusta, vuelve a tu país'», cuenta Soliman, que vivía en Estados Unidos desde los tres años y teme volver a su Egipto natal porque es homosexual.
A las personas expulsadas no se les permite solicitar asilo en Guinea Ecuatorial, pero afirman que no pueden marcharse, porque temen por su vida en su país de origen y porque ya no tienen pasaporte.
Petagaye, jamaiquina de 35 años que llegó a este hotel en junio, relata las amenazas de «todos los días».
«Te dicen: ‘Oh, tienes que volver a tu país’, o bien te dicen: ‘Oh, ve y suicídate, porque a Estados Unidos no le importas'».
Antes, los expulsados podían pasearse por el recinto del hotel y hasta podían contar con escolta policial para ir a una tienda de comestibles cercana, a menudo a cambio de unos cuantos dólares, pero esta práctica también ha sido objeto de represión, detalla a la AFP un expulsado que se identificó con el seudónimo de Him.
«Intentan intimidarte», afirma este eritreo de unos cuarenta años que huyó de su país entonces en guerra y había obtenido estatus de refugiado en Estados Unidos a los 13 años.
Ni el Departamento de Estado estadounidense ni el ministro de Seguridad Nacional de Guinea Ecuatorial respondieron a las solicitudes de comentarios de la AFP.
– Alerta por el virus del Ébola –
En julio, los expulsados cayeron en pánico cuando un guardia les anunció que un paciente con Ébola estaba alojado en el hotel.
Unos videos enviados a la AFP mostraban a hombres con trajes de protección atravesando el edificio.
Las autoridades no comentaron este incidente y Guinea Ecuatorial no ha notificado hasta ahora ningún caso de Ébola.
Las tres personas expulsadas interrogadas por la AFP habían vivido en Estados Unidos desde la infancia y hablaban con acento estadounidense.
Las tres habían obtenido medidas de protección contra la expulsión que impedían que fueran devueltas a su país de origen, después de que los jueces consideraran que su vida correría peligro allí.
Bajo las administraciones anteriores, las personas que se beneficiaban de estas protecciones, aunque jurídicamente menos sólidas que el estatus de refugiado, estaban autorizadas a trabajar y vivir legalmente en Estados Unidos.
La administración Trump sostiene que igual puede expulsarlas, siempre y cuando no los regrese a su país de origen.
En junio se interpuso una acción judicial ante la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, la máxima instancia del continente en materia de derechos humanos, con el fin de tratar de poner fin a las expulsiones estadounidenses hacia Guinea Ecuatorial.
Pero las expulsiones continúan: otras diez personas llegaron el 30 de julio a Malabo.
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