Los rescatistas sirios conmemoran dos años del sismo que se llevó a sus familias
Damasco, 6 feb (EFE).- Hace este jueves dos años, Mohamed Hamady se despertó en medio de la noche con la tierra temblando bajo su colchón en el noroeste de Siria, donde pocos días más tarde ayudó a hallar los cuerpos de once familiares que murieron junto a otros miles de personas en un fuerte terremoto con epicentro en Turquía.
Hamady, rescatista de la organización de socorro Cascos Blancos, les recordó hoy durante una concentración convocada por su colectivo en Damasco para conmemorar el segundo aniversario de la tragedia, que azotó con especial fuerte la provincia de Idlib, entonces el último bastión opositor en Siria.
Él y sus compañeros, que desde el reciente derrocamiento del régimen de Bachar al Asad han extendido su área de operaciones a todo el país, portaron pancartas en las que se pudieron leer lemas como «Continuamos el trabajo por los supervivientes, la espera no se derrumba» o «Un recuerdo nunca se olvida de las heridas».
«Vinimos para revivir el recuerdo de la gente valiosa para nosotros que perdimos en el terremoto del 6 de febrero, mucha gente perdió a su familia y sus casas. Estamos aquí para recordar que ese día hubo en terremoto en el se perdió a mucha gente querida», dijo Hamady a EFE durante el acto en la capitalina plaza de las Omeyas.
Sin recursos
No olvida cómo aquella noche se despertó «aterrorizado» en un campamento para desplazados en las montañas de Harem, cerca de la frontera con Turquía, y cómo ninguno de los miembros de su familia le cogió el teléfono cuando les contactó.
«Entonces fui a verles y en ese momento me encontré un edificio derrumbado. Intentamos quitar los escombros con herramientas ligeras, pero desgraciadamente era un edificio de cinco plantas, era muy difícil quitar los montículos con rapidez», explicó el socorrista.
«Al principio participé en numerosas operaciones de rescate, rescatamos a muchos niños que estaban vivos, también recuperamos a muchos niños, hombres y mujeres que estaban muertos tras dos días enteros de trabajo. Hasta que pude llegar a mi familia», agregó Hamady.
El seísmo acabó con la vida de once de sus parientes: su madre, su hermano y los hijos de este.
Aunque el 6 de febrero de 2023 evoca recuerdos «muy difíciles» que se han quedado grabados a fuego en su memoria, este jueves se ha unido a sus compañeros en la plaza de las Omeyas para rememorar «sobre todo las risas y sonrisas» de sus seres queridos, prefiriendo quedarse con lo compartido en vida.
A Mahmoud Adam, otro voluntario de los Cascos Blancos participante en la concentración, la catástrofe le cogió fuera del país trabajando como parte del equipo de comunicación que trabajó para difundir las labores de rescate de la organización y para lanzar un llamamiento urgente a la comunidad humanitaria.
Recordó que en Idlib, hace dos años un territorio aislado del resto del país solo accesible a través de la divisoria turca, se encargaron solos de rescatar a las víctimas con «herramientas limitadas» y «con todo lo que podían», apoyados únicamente por los propios vecinos.
La región no recibió su primer cargamento de ayuda de la ONU hasta pasados casi cuatro días del terremoto, un envío que no incluyó alimentos ni la tan necesaria maquinaria para las labores de rescate, y cuya demora levantó fuertes críticas dentro y fuera de Siria.
Por aquel entonces, Naciones Unidas enviaba ayuda a los bastiones opositores del noroeste de Siria a través de un único paso fronterizo con Turquía, el de Bab al Hawa, que sufrió daños a causa del sismo.
«Se lo estábamos comunicando a las agencias, canales, organismos que se denominan humanitarios y a todo el mundo. Comunicando que Siria necesitaba una intervención inmediata de ayuda humanitaria y equipos de rescate, así como herramientas desarrolladas», denunció Adam.
«Pero, desgraciadamente, todo el mundo fue testigo de que esto no ocurrió», zanjó el voluntario. EFE
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