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Quebec devuelve el soberanismo al centro de la política canadiense, pero debilitado

Julio César Rivas

Toronto (Canadá), 6 oct (EFE).- La victoria del Partido Quebequés (PQ) en las elecciones provinciales ha devuelto la cuestión de la independencia de Quebec al centro del debate político canadiense, pero el soberanismo regresa al poder tras 12 años de ausencia con uno de los mandatos electorales más débiles de la historia de la provincia.

El PQ de Paul St-Pierre Plamondon obtuvo 59 de los 127 escaños de la Asamblea Nacional, cinco menos de la mayoría absoluta, con el 27,9 % de los votos, el porcentaje más bajo conseguido por un partido ganador en la historia electoral de Quebec.

Ese porcentaje se aproxima al que tiene la independencia entre la población quebequesa, que según los sondeos de opinión se sitúa en el 30 %.

La estrechez de la victoria se aprecia también al compararla con sus principales rivales. El federalista Partido Liberal de Quebec (PLQ) obtuvo alrededor del 24,2 % de los votos, apenas 3,7 puntos menos que el PQ, y consiguió 40 escaños, mientras que el Partido Conservador de Quebec (PCQ), con el 20,7 %, quedó a poco más de siete puntos de los independentistas y logró 19 diputados.

Por ello, varios comentaristas políticos, especialmente en Quebec, señalan este martes que aunque la provincia ha elegido un gobierno independentista, difícilmente puede afirmarse que haya votado por la independencia.

Victoria contradictoria

La prensa francófona de Quebec reflejó este martes esa contradicción.

Brian Myles resumió en Le Devoir el resultado como una «hazaña excepcional, mandato frágil» y destacó que, pese a su extraordinaria reconstrucción desde los tres diputados obtenidos en 2022, el PQ no ha convencido ni siquiera a uno de cada tres electores.

Michel David fue todavía más explícito al sostener que los quebequeses no habían dado luz verde a la celebración de un referéndum.

A pesar del resultado, Plamondon dejó claro en su discurso de victoria que mantiene su compromiso de celebrar una consulta independentista, que sería la tercera de Quebec tras las de 1980 y 1995, después de que Donald Trump abandone la Casa Blanca en enero de 2029.

Y pidió para ello la colaboración de otros diputados independentistas, en clara alusión al izquierdista Québec solidaire (QS), que obtuvo nueve escaños.

Juntos, PQ y QS suman 68 diputados, cuatro más de los necesarios para controlar la Asamblea, y la líder de QS, Ruba Ghazal, ya ha asegurado que su formación estará en el campo del «sí» en un eventual referéndum.

Sin embargo, una coalición entre ambos parece altamente improbable. Los dos comparten el objetivo último de la independencia, pero están muy alejados en su proyecto político.

QS se define como izquierdista, feminista, ecologista e independentista y propone un proceso constituyente propio, mientras que el PQ se ha desplazado hacia posiciones nacionalistas más conservadoras, especialmente en inmigración e identidad.

Quebec, Alberta y Trump

Incluso después de una victoria del «sí», de acuerdo con la histórica decisión del Tribunal Supremo de Canadá de 1998 y la Ley de Claridad de 2000, Quebec tendría que negociar su salida con Ottawa y todas las demás provincias del país, y conseguir la aprobación de las reformas constitucionales necesarias.

Esas reformas podrían requerir al menos el respaldo federal y de siete provincias que representen el 50 % de la población, e incluso unanimidad para determinados cambios.

Aún así, la consulta no vinculante que la provincia de Alberta celebrará el próximo 19 de octubre, y que incluye la posibilidad de iniciar el proceso legal hacia una futura consulta vinculante sobre la separación de la provincia, y las tensiones entre Ottawa y Washington añaden más complejidad a la situación.

Durante la campaña quebequesa se denunciaron posibles intentos de injerencia estadounidense a favor de posiciones que pudieran desestabilizar Canadá, mientras que dirigentes separatistas de Alberta afirmaron haber mantenido contactos con representantes estadounidenses, aunque el embajador de Estados Unidos en Canadá negó que la Administración Trump se estuviera reuniendo con ellos.

La posibilidad de que Donald Trump pueda explotar las divisiones internas canadienses preocupa especialmente porque su estrategia de aranceles y presión política ya ha convertido la unidad nacional en uno de los ejes de la respuesta de Ottawa. EFE

jcr/lfp/jlp

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