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«Trabajamos para pagar las facturas»: la clase media suiza, bajo presión

de tres dígitos
El aumento de los precios ya no afecta únicamente a los grupos más vulnerables. La clase media, considerada el motor económico del país, también está viendo cómo se erosiona su poder adquisitivo. Imagebroker / Dasha Petrenko

Cada vez más personas en Suiza tienen dificultades para llegar a fin de mes, aunque tengan empleo estable y unos ingresos razonables.

El aumento de los gastos fijos, el temor a los imprevistos y los recortes en las actividades de ocio: la presión económica ya no da tregua a la clase media, que expresa cada vez más su malestar.

En Vevey, localidad del cantón de Vaud, al suroeste de Suiza, entre los coloridos puestos del mercado, hay una opinión generalizada: el coste de la vida se está convirtiendo en una carga cada vez mayor. «Los precios se están volviendo insoportables. El año que viene habrá algo que, sencillamente, no podré permitirme», afirma una clienta.

Otra persona resume el sentir general: «Queremos comprar dos o tres cosas, ¡pero parece que estemos intentando comprar oro!».

Las personas jubiladas y quienes tienen ingresos muy bajos se encuentran entre las más afectadas. Con una pensión estatal de 1.700 francos suizos (2.040 dólares) al mes, una vecina de Vevey ha tomado la drástica decisión de vender su coche. «Ya no puedo permitirme pagar el aparcamiento, el seguro y todos los demás gastos», explica.

El aumento del coste de la vida ya no afecta únicamente a los sectores más vulnerables. La clase media, considerada el motor económico del país, también ve mermado su poder adquisitivo.

En Lucens, también en el cantón de Vaud, Sabrina Meriem, enfermera de atención domiciliaria, y su pareja, Mathieu Rochat, jardinero municipal, ingresan conjuntamente 11.200 francos netos al mes. Sin embargo, al sumar los impuestos, la hipoteca, las primas del seguro médico, la alimentación y el combustible, sus gastos fijos superan los 7.000 francos.

La subida del precio del gasóleo de calefacción

El fuerte encarecimiento del gasóleo de calefacción es motivo de especial preocupación. Por eso, Mathieu Rochat ha decidido no llenar por completo el depósito de calefacción de su casa. «Con los precios actuales, espero poder pasar todo el invierno con lo que queda y esperar a que bajen considerablemente», explica.

Más allá de las cifras, la presión económica también está pasando factura psicológica a esta familia. «Podemos pagar las facturas, no tenemos ningún problema en ese sentido. Pero miramos lo que nos queda a final de mes y cada vez es menos. Estamos recortando todas las actividades adicionales que podemos hacer en familia», añade.

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Para su pareja, la indignación es aún mayor. «La clase media paga los platos rotos de todo el mundo», afirma. «Somos vacas lecheras. Si eres rico, puedes tenerlo todo. Si eres pobre, tienes la suerte de recibir ayudas. Pero si estás en medio, pagas la factura tanto de los de arriba como de los de abajo. Eso no es justo en la sociedad en la que vivimos».

Menos vacaciones

Según una encuesta realizada en enero de 2026 por la empresa de estudios de mercado Qualinsight, el 89% de la población de la Suiza francófona vigila ahora de cerca sus gastos mensuales. Más de la mitad está recortando las actividades de ocio y las vacaciones, mientras que el 47% de las personas encuestadas está haciendo concesiones en la alimentación.

La misma situación se repite en Poliez-Pittet, en la región de Gros-de-Vaud. Aurore y Lionel Carrard regentan una explotación agrícola familiar. Pese a tener unos ingresos brutos anuales de unos 280.000 francos suizos, sus gastos mensuales alcanzan habitualmente los 20.000 francos.

«Trabajamos para pagar las facturas, y nada más», afirma Aurore Carrard. «Es triste vivir en un país rico y no poder decirte: ‘Este fin de semana vamos a un restaurante’».

Su marido, Lionel, comparte esta frustración. «Antes, mi abuelo daba trabajo a mi padre, que a su vez tenía empleados. Yo, en cambio, trabajo solo. Únicamente tengo a una persona que me sustituye un domingo al mes».

«Es frustrante. Antes, nuestra explotación era más pequeña y daba para mantener a dos familias, quizá incluso a más. Hoy estamos desbordados de trabajo y, al final, nuestra situación económica no ha mejorado».

¿Qué soluciones hay?

En Berna, las opiniones sobre cómo afrontar el problema están divididas. El diputado socialista Benoît Gaillard considera que una aplicación más estricta de la ley podría reducir los alquileres y permitir un mayor control de los márgenes que se aplican al precio de los combustibles.

Por su parte, Yvan Pahud, del partido conservador Unión Democrática de Centro (UDC), defiende una reducción de los impuestos para dar un respiro a los hogares. Su propuesta se inspira en el reciente éxito de una iniciativa popular cantonal que logró reducir un 12% los impuestos sobre la renta y el patrimonio en el cantón de Vaud.

Sin embargo, las perspectivas siguen siendo poco alentadoras. Los alquileres, el transporte público, los servicios postales y la energía no dejan de encarecerse. Para muchas personas en Suiza, se afianza la sensación de que su nivel de vida está empeorando.

Artículo adaptado al español por Carla Wolff

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