Berlín planea abandonar los combustibles fósiles. ¿Y Suiza?
Alemania es el tercer país europeo que fija una fecha para dejar atrás el petróleo, el carbón y el gas. ¿Debería hacer lo mismo Suiza, donde casi el 60% de la energía consumida procede de fuentes fósiles?
Para 2045, la mayor economía de Europa pondrá fin a su dependencia de los combustibles fósiles, anunció en septiembre el Ministerio de Medio Ambiente alemán.
La decisión responde al aumento de los fenómenos meteorológicos extremos y a las crisis geopolíticas, como la situación en el estrecho de Ormuz, que ha dificultado el transporte mundial de productos energéticos de origen fósil. Según las autoridades alemanas, estos acontecimientos «demuestran la urgente necesidad de reforzar la protección del clima». El uso de combustibles fósiles genera el 68% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y casi el 90% de las emisiones de CO₂.
Suiza aspira a alcanzar las cero emisiones netas en 2050. Sin embargo, a diferencia de Alemania, no contempla una prohibición explícita de los combustibles fósiles ni dispone de una hoja de ruta nacional detallada para eliminarlos.
«Una hoja de ruta explícita para abandonar los combustibles fósiles tiene la ventaja de generar un fuerte impacto psicológico y aportar claridad al mercado», explica a Swissinfo Gianfranco Guidati, subdirector del Energy Science Center del Instituto Tecnológico Federal de Zúrich (ETH). Por ejemplo, ofrece una orientación clara a quienes se plantean sustituir la caldera de gasóleo o comprar un coche diésel.
>> ¿Cómo utiliza Suiza los combustibles fósiles? Se lo explicamos en este breve vídeo.
Tres países europeos anuncian el fin del petróleo y el carbón
Alemania es el tercer país europeo que presenta una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles, después de Países Bajos y Francia. El pilar de su estrategia es la electrificación del transporte, la calefacción y la industria. La proporción de energías renovables en la producción de electricidad deberá aumentar del 55% al 80% para 2030. El objetivo es que, a partir de 2035, todos los coches nuevos matriculados sean eléctricos de batería.
El calendario de FranciaEnlace externo es aún más detallado: prevé abandonar el carbón en 2030, el petróleo en 2045 y el gas natural en 2050. A partir de 2030 se instalará al menos un millón de bombas de calor al año.
Estas decisiones forman parte de un compromiso más amplio con la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada el año pasado en Brasil (COP30), unos 80 países, entre ellos Suiza, respaldaron la propuesta de elaborar una hoja de ruta mundial para abandonar estas fuentes de energía.
Esta voluntad se reafirmó en abril de este año en Colombia, durante la celebración de la primera cumbre internacional dedicada exclusivamente a la transición para abandonar los combustibles fósiles. La cuestión volverá a ocupar un lugar central en las negociaciones de la COP31, que se celebrará en Turquía.
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¿Hasta qué punto depende Suiza de los combustibles fósiles?
Los Verdes reclaman una hoja de ruta para Suiza
El partido político suizo Los Verdes considera que la Confederación también debería elaborar una hoja de ruta «clara, vinculante y socialmente justa»Enlace externo para abandonar de forma rápida y sistemática las energías fósiles. A través de dos mociones parlamentarias, reclaman que se acelere su eliminación en los sectores de la calefacción de edificios y la movilidad.
Cada año, Suiza paga más de 8.000 millones de francos en el extranjero para importar precisamente esos recursos energéticos que dañan el clima, alimentan los conflictos y nos hacen peligrosamente dependientes de otros países, denuncia el partido ecologista.
Abandonar los combustibles fósiles implica encontrar alternativas para sustituir la mayor parte de la energía que consume el país. En 2024, el 58% de la energía final consumida en Suiza procedía de productos derivados del petróleo, como la gasolina, el gasóleo para calefacción y el combustible para aviación, así como del gas natural. La proporción era del 65% en Alemania y del 57% en Francia.
«Una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles también tendría sentido en Suiza, aunque no nos gusten las prohibiciones y prefiramos dejar la puerta abierta a los avances tecnológicos», sostiene Gianfranco Guidati. En su opinión, sería una herramienta útil para facilitar el cumplimiento de los objetivos climáticos, ya que permitiría supervisar y medir parámetros concretos, como el volumen de combustibles fósiles importados, en lugar de basarse en las emisiones de CO₂, cuyo cálculo es más complejo.
Guidati precisa que abandonar los combustibles fósiles significa dejar de extraer carbono del subsuelo, no eliminarlo de nuestra economía. Este elemento seguirá siendo indispensable para fabricar productos como plásticos y fertilizantes, pero deberá proceder de fuentes renovables, como la biomasa, en lugar del petróleo, el gas y el carbón.
Consultado por Swissinfo, el Ministerio de Medio Ambiente suizo (OFEV) afirma que las hojas de ruta nacionales e internacionales para abandonar los combustibles fósiles refuerzan la seguridad del suministro energético y permiten planificar con mayor previsibilidad, al tiempo que envían señales importantes al sector económico. «Abandonar los combustibles fósiles es ya una realidad», señala el Ministerio, que añade que «Suiza está estudiando la posibilidad de elaborar su propia hoja de ruta nacional».
¿Adiós a la gasolina y el diésel en Suiza en 2040?
«Suiza ha fijado por ley el objetivo de alcanzar las cero emisiones netas en 2050, pero por ahora no está claro cómo se logrará», afirma Nathan Solothurnmann, experto en energía de Greenpeace Suiza. El propio ministro de Medio Ambiente, Albert Rösti, ha reconocido que el país podría incumplir el objetivo climático intermedio para 2030, que contempla reducir las emisiones un 50%.
La descarbonización debe avanzar más rápido, sostiene Solothurnmann. Eso no significa, sin embargo, que Suiza pueda limitarse a copiar las hojas de ruta de Alemania y Francia, ya que cada país parte de condiciones diferentes.
Por ejemplo, la producción de electricidad en Suiza ya está prácticamente libre de combustibles fósiles, gracias sobre todo a la energía hidroeléctrica, la solar y la nuclear. Además, las emisiones industriales por habitante son inferiores a las de los países vecinos. «Por otra parte, las hojas de ruta fijan objetivos, pero a menudo no explican cómo alcanzarlos», señala Solothurnmann.
En su opinión, Suiza debería centrarse en las principales medidas a su alcance: prohibir en todo el país los sistemas de calefacción que utilizan combustibles fósiles, siguiendo el ejemplo del cantón de Glarus; descarbonizar el transporte por carretera; encarecer el transporte aéreo, y reforzar el transporte público. Después llegaría el turno de la agricultura, la industria y la gestión de residuos.
«Si Suiza fomentara la movilidad eléctrica con la misma determinación que los países escandinavos o prohibiera los coches con motor de combustión, como ha hecho Etiopía, sería perfectamente realista abandonar casi por completo los combustibles fósiles en el transporte para 2040», afirma el representante de Greenpeace.
La industria petrolera suiza rechaza una hoja de ruta nacional
Aunque no pertenece a la UE, Suiza está integrada en el mercado energético europeo. Por tanto, acelerar el abandono de los combustibles fósiles en otros países también tendrá repercusiones en la Confederación. «Podría modificar las rutas de importación de productos petrolíferos», señala Ueli Bamert, portavoz de Avenergy, la asociación que agrupa al sector petrolero suizo.
Actualmente, alrededor del 70% de los productos petrolíferos refinados que consume Suiza procede de la UE. Según Bamert, el país ya está notando la reducción de la capacidad de refino europea registrada en los últimos años. «Estamos sufriendo las consecuencias de unas políticas climáticas excesivamente restrictivas», afirma.
Bamert considera innecesario que Suiza elabore una hoja de ruta propia para abandonar los combustibles fósiles siguiendo el modelo alemán. «No vemos ninguna ventaja en endurecer las medidas existentes», asegura. «No sabemos si será posible alcanzar la neutralidad climática en Suiza para 2050 sin pérdidas significativas de bienestar económico, y mucho menos para 2045».
A su juicio, la política suiza debería adaptar sus leyes a las necesidades del mercado interno, la población y la economía, en lugar de seguir los planteamientos de los países vecinos. Los principales obstáculos para alcanzar las cero emisiones netas son, en su opinión, las dificultades técnicas y las cuantiosas inversiones necesarias para sustituir los sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles y renovar el parque automovilístico con vehículos eléctricos.
«El coste recaería sobre todo en la población, que ya se enfrenta al aumento de los alquileres y los gastos sanitarios», afirma Bamert. Además, en la industria y la aviación todavía no existen alternativas plenamente viables a los combustibles fósiles. Por ahora, Suiza no parece dispuesta a seguir el ejemplo de Alemania. Sin embargo, si los países vecinos aceleran su abandono del petróleo y el gas, la Confederación también tendrá que plantearse si conviene fijar una fecha concreta para poner fin a su propia dependencia de los combustibles fósiles.
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Artículo editado por Gabe Bullard y adaptado al español por Carla Wolff.
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