Serbia y Hungría achacan las protestas ciudadanas a la «injerencia» extranjera
Budapest, 30 jun (EFE).- Los gobiernos nacionalistas de Serbia y Hungría responsabilizaron este lunes a una supuesta «injerencia» extranjera de las manifestaciones ciudadanas contra de algunas de sus políticas, como la multitudinaria Marcha del Orgullo del pasado sábado en Budapest.
«Hay serios paralelismos entre lo que hemos visto en las calles de nuestras capitales», afirmó el ministro serbio de Exteriores, Marko Duric, en una rueda de prensa con su homólogo húngaro, Péter Szijjártó, en la ciudad húngara de Szeged.
Duric agregó que los «centros de poder extranjeros» quieren «arruinar» las políticas de los gobiernos de los dos países, sin dar más detalles sobre su acusación.
El líder de la diplomacia serbia aludió así a la masivas manifestaciones del fin de semana en Belgrado, en las que cientos de miles de personas, lideradas por universitarios, exigieron elecciones anticipadas, y a la Marcha de Orgullo, organizada pese a estar prohibida y que denunció los ataques a las personas LGBTI en Hungría.
Duric enfatizó que su Gobierno, con mayoría absoluta en el Parlamento, representa «la verdadera democracia» y que los «centros de poder extranjeros» quieren derrocar los gobiernos de Serbia y Hungría.
Szijjártó, por su parte, opinó que «Bruselas (la Unión Europea) usa instrumentos cada vez más duros» y realiza «intentos de sustituir gobiernos en los países de la región que están gobernados por soberanistas».
«Tanto en Hungría como en Serbia hay gobiernos que dan prioridad a la soberanía y al interés nacional, contra los que se están llevando a cabo acciones claramente dirigidas desde el extranjero, con financiación extranjera, con la intención de lograr un cambio de gobierno», afirmó.
El Gobierno serbio lleva seis meses afrontando movilizaciones populares que comenzaron para pedir justicia por la muerte el pasado 1 de noviembre de 16 personas en el derrumbe del techo de una estación que acababa de ser renovada.
Las protestas han evolucionado en una exigencia de más democracia y en una acusación de autoritarismo y corrupción del Gobierno.
En Budapest se celebró el pasado sábado la Marcha de Orgullo, con la participación de unas 200.000 personas según los organizadores, una concentración convocada por el alcalde progresista, Gergely Karácsony, como opción a la prohibición del Gobierno del primer ministro Viktor Orbán.
Orbán, que gobierna con mayoría absoluta desde 2010, ha promovido una ley que prohíbe la Marcha de Orgullo aludiendo al derecho de los menores de una desarrollo «adecuado», dentro de una serie de normas que vienen recortando desde hace años los derechos de las personas LGBTI. EFE
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