Trump 2.0: el Gobierno a golpe de amenazas maximalistas a países, aliados e instituciones
Washington, 5 sep (EFE).- La última amenaza de Donald Trump consiste en imponer posibles embargos comerciales para presionar a la Fed a bajar los tipos de interés; antes amenazó con anexionar Canadá y Groenlandia, recuperar el canal de Panamá, apropiarse de Gaza o destruir la civilización iraní. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente de EE.UU. ha convertido las amenazas maximalistas en una herramienta recurrente de su Gobierno.
Ese modelo alcanzó un nuevo nivel cuando Trump advirtió a la Reserva Federal (Fed), una institución independiente, de que si no reduce los tipos de interés, dejará de comerciar con países con los que Estados Unidos mantiene déficits, con la errada premisa de que importar bienes es equivalente siempre a perder dinero.
«Podríamos hacernos un enorme favor simplemente dejando de comerciar con países», dijo el mandatario, que puso como ejemplo a la Unión Europea y añadió que Estados Unidos debería tener los tipos de interés «más bajos del mundo».
Consecuencias extremas para amigos y enemigos
La declaración resume una estrategia utilizada repetidamente durante los casi veinte meses transcurridos desde su segunda investidura: plantear inicialmente consecuencias extremas, desde aranceles prohibitivos hasta la absorción territorial o la destrucción militar, para presionar a Gobiernos, instituciones o individuos.
En algunos casos, la retórica ha alcanzado dimensiones apocalípticas. El pasado 7 de abril, durante la guerra con Irán, Trump advirtió en Truth Social que «una civilización entera morirá esta noche» si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz.
También amenazó con destruir todos los puentes y centrales eléctricas iraníes (algo que no hizo). El papa León XIV calificó de «verdaderamente inaceptable» la amenaza contra el pueblo iraní.
Pero el maximalismo también ha alcanzado a tradicionales aliados estadounidenses. Trump ha insistido desde el comienzo de su mandato en que Canadá debería convertirse en el estado número 51 y, cuando el primer ministro canadiense, Mark Carney, le dijo en mayo de 2025 que su país «nunca estará en venta», respondió: «Nunca digas nunca».
Con Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, otro aliado de la OTAN, declaró ante el Congreso en marzo de 2025: «De una forma u otra, vamos a conseguirla».
Y ya en su discurso de investidura del 20 de enero de 2025 anunció que Estados Unidos se haría con el canal de Panamá: «Se lo dimos a Panamá y vamos a recuperarlo».
Semanas después añadió Gaza a sus ambiciones territoriales al proponer que Estados Unidos tomara el control de la Franja, trasladara a los palestinos a otros países y desarrollara el territorio como un resort turístico.
La amenaza radical como táctica negociadora
Aliados de Trump, como el secretario de Estado, Marco Rubio, han quitado peso a las amenazas más extremas del presidente y han presentado sus palabras como parte de una táctica negociadora.
«Trump no va a empezar lo que ve como una negociación o conversación renunciando de antemano a instrumentos de presión; es una táctica habitual del mundo empresarial aplicada a la política exterior», declaró Rubio en enero de 2025 cuando el presidente causó alarma en Europa con sus amenazas de anexionarse Groenlandia.
La coerción económica constituye otro de los instrumentos favoritos de Trump. Ha amenazado con aranceles de al menos el 100 % contra los países BRICS si intentan sustituir al dólar y del 200 % sobre vinos y otras bebidas alcohólicas europeas.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya anticipó en febrero de este año la posibilidad de recurrir a medidas comerciales más drásticas después de que el Tribunal Supremo limitara la capacidad de Trump para imponer aranceles.
«El Tribunal Supremo le ha quitado capacidad de presión al presidente, pero, en cierto modo, ha hecho que la capacidad de presión que conserva sea más draconiana, porque reconoció que sí tiene derecho a imponer un embargo total», explicó.
Las amenazas tampoco se limitan al exterior. Trump amenazó con retirar a Harvard su exención fiscal y ha reclamado actuaciones de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) contra medios y periodistas críticos.
«Llega un punto en el que el cumplimiento de las promesas de campaña se basa solo en imágenes de antagonismos de lo enemigos políticos de la Administración y sus simpatizantes», indica a EFE el filósofo y profesor de la Universidad de Georgetown, Olufemi Taiwo.
Pero en el Trump 2.0, la amenaza de aplicar la consecuencia máxima, aunque después se retire, modifique o negocie, se ha convertido en una parte habitual del ejercicio del poder presidencial. Mientras, sus críticos, como el Partido Demócrata, consideran que esta práctica no hace más que poner en peligro «la seguridad estadounidense y el orden internacional». EFE
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