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Turquía, Arabia Saudí y Pakistán, una alianza defensiva simbólica y disuasoria

El Cairo/Estambul/Islamabad, 14 ago (EFE).- El acuerdo de defensa firmado la semana pasada por Turquía, Arabia Saudí y Pakistán supone un paso en la construcción de un arquitectura regional propia de cooperación defensiva con enorme simbolismo, pero con un carácter más disuasorio que de participación en los conflictos que afectan a sus propios miembros.

El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán; el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, firmaron el 7 de agosto el acuerdo en La Meca, el lugar más sagrado del islam, reforzando su dimensión simbólica como marco de cooperación defensiva basado en la solidaridad islámica, los intereses estratégicos compartidos y la búsqueda de estabilidad regional.

El acuerdo se produce en un momento de dudas en el Golfo sobre la fiabilidad de Estados Unidos como garante único de seguridad, un debate agravado por la guerra con Irán y por la falta de una respuesta contundente de Washington tras el bombardeo israelí contra dirigentes de Hamás en Doha en septiembre de 2025.

“El pacto de La Meca se entiende mejor como un intento de reducir la dependencia de todas las potencias externas de forma simultánea, occidentales y chinas, mediante la construcción de una capacidad colectiva para garantizar su propia seguridad”, escribió el exembajador de Italia en Pakistán y antiguo representante civil de la OTAN en Kabul, Stefano Pontecorvo.

Arabia Saudí mira más allá del mundo árabe

De acuerdo con el analista geopolítico saudí Salman al Ansari, con este pacto se puede ver cómo Riad ha querido mirar más allá del golfo Pérsico, pero no debe ser considerado como algo negativo por sus vecinos árabes.

La inclusión de Turquía aporta «un peso militar, industrial y geopolítico significativo al pacto con Pakistán, ya que refuerza la de ambos países y diversifica sus alianzas de seguridad», indicó a EFE.

Pakistán acrecienta su protagonismo internacional

Para Pakistán, única potencia nuclear musulmana, el pacto supone un salto en su papel tradicional como socio militar de Arabia Saudí y lo proyecta como ancla de seguridad de un bloque que incluye también a Turquía, miembro de la OTAN y potencia militar con creciente presencia tecnológica y diplomática en la región.

Además, consolida una posición que va más allá de su relación bilateral con Riad: Pakistán pasa a ocupar un lugar central en una red de defensa que conecta el Golfo, Asia Occidental y el sur de Asia, en un momento de creciente competencia entre potencias y de reordenamiento de las alianzas de seguridad en el mundo musulmán.

El pacto también será observado con atención desde la India, rival histórico de Pakistán y principal referencia de su doctrina militar y nuclear, aunque el analista de seguridad Rasul Bakhsh indicó a EFE que Islamabad «nunca cambiará su doctrina nuclear de una doctrina centrada en la India a una disuasión extendida que cubra cualquier parte de Oriente Medio”.

¿Turquía ve un beneficio comercial?

En Turquía fue aplaudido por la prensa progubernamental e islamista como «una alianza del mundo islámico», pero Yetkin destaca también otro motivo: el pacto podría aportar un beneficio económico, más que militar, a Turquía.

De hecho, aunque el comunicado conjunto de los tres firmantes no lo menciona, Erdogan subrayó el mismo día que, aparte la defensa mutua, el pacto permitiría «desarrollar proyectos conjuntos de la industria militar».

Turquía ocupa el puesto 11 entre los mayores exportadores de armas del mundo y su industria está en plena expansión, con proyectos conjuntos en España e Italia, entre otros, y su primer cliente por ahora es Pakistán, seguido de Emiratos Árabes Unidos.

Arabia Saudí, tercer importador de armas del mundo en el último lustro, aún es un mercado por conquistar para las empresas turcas, y aunque el pacto de defensa no obliga a pasar por caja, la cercanía política que expresa podría facilitar el negocio.

Un pacto ofensivo o defensivo

Los firmantes han asegurado que el acuerdo no va contra nadie, e incluso el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, subrayó directamente el sábado pasado que «Irán no es el objetivo», algo a lo que Irán reacción diciendo que «no hay motivos para temer que el acuerdo esté dirigido contra Irán».

No parece probable que Turquía vaya a intervenir en los ocasionales enfrentamientos entre Pakistán e India, si bien el pacto ya ha causado, como reacción, cancelaciones de turistas indios en Turquía, según el digital turco Turizm Aktüel.

Un adversario contra el que Turquía podría colaborar con Riad sería el movimiento de los hutíes en Yemen, aunque para ello no hacía falta un pacto formal.

Además, visto el discurso propalestino con el que los hutíes justifican sus acciones, una intervención turca tendría mala acogida en el electorado del partido islamista AKP, que gobierna Turquía.

El exsecretario de Exteriores paquistaní Aizaz Chaudhry, cree que el pacto debe leerse como un acuerdo estrictamente defensivo para la seguridad colectiva de Asia Occidental.

“El énfasis está en la seguridad colectiva y, a mi juicio, no es un acuerdo ofensivo, sino defensivo”, dijo a EFE. “No está dirigido contra nadie, contra ningún país, ni Irán ni Israel ni ningún otro”, añadió.EFE

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