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Y tú, ¿cómo sobreviviste? La pregunta del «último día» para hallar supervivientes en Nepal

Indira Guerrero

Rasuwa (Nepal), 28 ago (EFE).- Deepak KC espera junto a la zona de aterrizaje la llegada de cada helicóptero. Cuando se abren las puertas y comienzan a bajar los supervivientes de las aldeas aisladas por la riada que arrasó el norte de Nepal hace dos días, el militar se acerca y casi siempre hace la misma pregunta: ¿Cómo lograron salvarse?

De una de las aeronaves bajaron tres niños muy pequeños. KC detuvo a uno de ellos mientras caminaba hacia el lugar donde atendían a los evacuados y volvió a preguntar.

«Corrí un riesgo y salvé mi vida», respondió el niño. Cuando llegó el agua, había decidido correr hacia la montaña.

Dos días después de la riada que devastó el valle del Bhote Koshi, esa sencilla decisión resume para KC la delgada frontera que separó a muchos de los que sobrevivieron de quienes siguen desaparecidos.

Los que reaccionaron corriendo hacia las zonas altas tuvieron más posibilidades; muchos de quienes buscaron refugio en sus vehículos o trataron de escapar siguiendo las carreteras quedaron atrapados porque las vías discurren en numerosos tramos prácticamente al mismo nivel que el río.

Ahora el tiempo también empieza a agotarse.

«Hoy es el último día», dice KC, uno de los oficiales al frente de las operaciones, mientras espera el siguiente helicóptero.

No significa que mañana vaya a terminar la búsqueda, sino que, después de dos días, las posibilidades de encontrar con vida a quienes continúan desaparecidos se reducen drásticamente.

A decenas de kilómetros, en un hospital de Katmandú, Girilal Budhathoki había llegado a la misma conclusión unas horas antes.

El camionero de 38 años sobrevivió con la cabeza herida y enormes dificultades para caminar después de que la corriente destruyera la casa donde vivía con su familia. Su mujer y sus cuatro hijos, dos varones de 10 y 12 años y dos hijas de 16 y 18, desaparecieron con ella.

«Vi algo que parecía un tsunami. Hubo un ruido enorme, como si algo hubiera explotado», relató a EFE. «La casa donde vivíamos se derrumbó. El agua la levantó varios metros», asegura.

Budhathoki consiguió arrastrarse y trepar hasta un lugar seguro, desde donde posteriormente fue evacuado en helicóptero. Durante un día siguió creyendo que su familia podía haber hecho lo mismo.

«Hasta ayer todavía tenía esperanza de encontrarla», dijo frente a una lista de muertos y desaparecidos pegada en la pared del hospital. Pero, continúa, «ahora ya no tengo esperanza de encontrarlos vivos».

Una carretera, dos direcciones

En el valle, sin embargo, no todo el mundo está preparado para dejar de buscar. La única carretera que acompaña al río Bhote Koshi se ha convertido en una vía recorrida por dos urgencias opuestas.

De un lado bajan familias enteras con niños, colchones, sacos de ropa, bidones y animales después de que una nueva alerta de crecida devolviera el miedo a las comunidades que sobrevivieron al primer golpe. En sentido contrario avanzan quienes llevan dos días sin saber nada de sus familiares.

Durante el recorrido de EFE por la zona, quienes descendían gritaban desde sus vehículos a los que todavía pretendían subir que dieran la vuelta y se alejaran del río.

Unos kilómetros más arriba, Ramesh Khadka intentaba hacer exactamente lo contrario. Había llegado desde otro distrito para buscar a su cuñado, desaparecido desde la riada, pero su vehículo quedó atrapado en uno de los desvíos de tierra abiertos entre los desprendimientos.

La Policía le había pedido que regresara. También se lo pedían quienes bajaban.

«Pero cuando tú no sabes si tu familia está viva o muerta, es imposible dar media vuelta y marcharte sin mirar», explica.

Desprendimientos y grietas han reducido algunos tramos de la carretera a un único carril de barro, donde los vehículos de quienes escapan se cruzan con los de quienes todavía intentan entrar y obligan al Ejército y la Policía a detener el tráfico para abrir paso a los convoyes de emergencia.

Incluso los todoterrenos que forman parte del paisaje turístico de las montañas de Nepal han cambiado de función. Los vehículos que habitualmente transportan visitantes hacia los valles llevan ahora familiares de desaparecidos, periodistas y personas que intentan recuperar lo que dejaron atrás.

Cómo sobrevivir

Cada aparato que regresa a la base trae también pequeñas respuestas a una pregunta que los rescatistas llevan dos días reconstruyendo: por qué algunas personas sobrevivieron a una corriente capaz de levantar casas y arrastrar vehículos mientras otras, a pocos metros, desaparecieron.

Para KC, una parte de la respuesta está en aquellos primeros segundos.

Subir.

Alejarse de la carretera.

No intentar ganarle velocidad al agua.

Prakash Gautam, agente de aduanas en Timure, estaba en su habitación cuando escuchó un estruendo. «De repente hubo un ruido enorme. En cuestión de segundos, todo el mercado quedó cubierto por un barro negro y espeso que enterró a decenas de personas», recordó.

Salió corriendo sin saber hacia dónde.

«No tenía idea de dónde ir ni por dónde correr. Solo quería sobrevivir», rememora.

Pritam Tamang, un camionero de 31 años que transporta mercancías entre Nepal y China, vio la riada desde una colina cerca de Trishuli. Desde arriba contempló cómo el barro inundaba la zona. «Estaba llorando», recordó.

Su hermano, también conductor, desapareció en Rasuwa.

En la carretera, quienes saben que sus familias están a salvo cargan cuanto pueden y bajan hacia lugares más seguros. Quienes todavía no saben si los suyos viven siguen intentando subir.

Los helicópteros continúan llegando con evacuados y equipos de rescate. KC los espera junto a la pista, pero advierte que el margen para encontrar a alguien con vida se agota.

«Hoy es el último día», dice. EFE

sp-igr/lgm/mra

(foto)(vídeo)

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