Cinco años después, los inmigrantes afganos que ayudaron a EEUU viven con miedo
Ana Milena Varón y Alejandra Arredondo
Los Ángeles/Austin (EE.UU.), 15 ago (EFE).- Cinco años después de llegar a EE.UU. en busca de la seguridad prometida, Sultán teme perder su residencia permanente y cuestiona el creciente distanciamiento de la Casa Blanca hacia los refugiados afganos que, como él, arriesgaron sus vidas para apoyar la misión militar estadounidense, un sentimiento que se replica por todo el país entre estos refugiados.
«El miedo a ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), a sus incursiones y a su intromisión en la vida cotidiana nos ha afectado profundamente, creando una atmósfera de gran temor; es un miedo que casi se puede percibir en el aire», cuenta a EFE el inmigrante, de 52 años, que prefiere no dar su apellido.
Sultán, padre de cinco hijos, había encontrado en California, el estado que alberga mayor número de inmigrantes afganos, un lugar seguro dónde comenzar una nueva vida junto a su familia, tras huir de su país en agosto de 2021 como parte de la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, que puso fin a la llamada ‘guerra contra el terror’, la más larga en la historia de EE.UU.
El programa ‘Bienvenida a los Aliados’ le permitió obtener su residencia permanente, gracias a que apoyó el trabajo EE.UU. como parte de los Equipos de Reconstrucción Provincial (PTR) y realizó una amplia labor en el servicio de aduanas.
Pero la política migratoria del presidente estadounidense, Donald Trump, lo ha obligado a él y a sus compatriotas a mantenerse en alerta, incluso no salir de casa.
«Temo perder mi ‘green card’ (residencia permanente) sin motivo aparente», señala.
Asegura que los agentes de ICE han llegado continuamente a su vecindario y han tocado su puertas y la de sus compatriotas desde el año pasado, a pesar de que llegaron a este país en aviones estadounidenses y con la promesa de que estarían seguros.
Su temor crece debido al ritmo al que el gobierno estadounidense está cambiando sus políticas para los inmigrantes y para los afganos en particular.
El año pasado, la Administración Trump impuso restricciones de ingreso para personas provenientes de Afganistán y suspendió la emisión de visas de inmigrante para sus ciudadanos, incluidos los solicitantes de SIV, que se otorga a aquellos extranjeros que ayudaron o trabajaron para el gobierno estadounidense.
Mayores revisiones
Organizaciones como el Proyecto Internacional de Asistencia a Refugiados (IRAP) y la Coalición por los Derechos Humanos del Inmigrante (CHIRLA) han reportado que los afganos están en la mira de las autoridades migratorias de EE.UU.
El Departamento de Estado ha estado revisando las aprobaciones emitidas previamente por medio del programa SIV y «ha retirado cientos, o incluso más» tanto para solicitantes cuyas visas aún no se han emitido como para beneficiarios que ya han llegado a los EE. UU. y ahora tienen residencia permanente legal o ciudadanía estadounidense, explicó a EFE Jennifer Patota, directora de servicios legales de IRAP.
Aunque la organización no tiene conocimiento de que el gobierno esté tomando otras medidas, como someterlos a procedimientos de deportación o desnaturalización, advierte que «esto sigue siendo posible”.
La Casa Blanca también eliminó el Estatus de Protección Temporal (TPS) para Afganistán que protegía a unos 8.000 inmigrantes y ha limitado el procesamiento de refugiados para ese país, en el año fiscal 2026 tan solo tres afganos han logrado ingresar al país.
Olvidados después de cinco años
Ismail Alizai, un afgano de 36 años radicado en San Antonio (Texas), cree que parte del problema es que ahora » no existe el mismo apoyo» para Afganistán, pese a que, a su juicio, las condiciones en su país han empeorado, en comparación con la situación de agosto de 2021 cuando las imágenes de personas desesperadas por abordar los últimos aviones militares estadounidenses dieron la vuelta al mundo, según dijo a EFE.
Alizai, un periodista que colaboró con ‘Voice of America’, la emisora financiada por EE.UU., considera que el Ejecutivo debe cumplir la promesa que hizo a los afganos que colaboraron con Washington durante las dos décadas de presencia estadounidense en ese país.
«Trabajaron y se sacrificaron, ellos y sus familias…Hicieron su trabajo con honestidad y dignidad, y ahora creo que es responsabilidad de Estados Unidos ayudarlos y cumplir lo prometido», agregó.
Un pensamiento con el que coincide Angélica Salas, directora de CHIRLA, organización que apoyó a Sultán: «Estas familias han forjado raíces en nuestras comunidades y por ningún motivo se debe permitir que vuelvan a revivir el miedo e incertidumbre que dejaron atrás», puntualizó. EFE
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