Rechazo rotundo a las iniciativas sobre neutralidad y seguridad alimentaria
El electorado suizo no quiere cambiar de forma sustancial la política de neutralidad. El domingo rechazó por una clara mayoría una propuesta para fijar en la Constitución una definición más estricta, y también dijo no a una iniciativa para aumentar la producción nacional de alimentos.
¿Es Suiza suficientemente neutral? Para la mayoría de la población, la respuesta está clara: sí. El domingo, el 70,2% rechazó la «iniciativa sobre la neutralidad», que proponía una definición más estricta y habría limitado la capacidad del Gobierno para imponer sanciones a países como Rusia. Ninguno de los 26 cantones votó a favor. La participación fue del 47%.
Lukas Golder, codirector del instituto gfs.bern, declaró a la radiotelevisión pública suiza SRF que el electorado no había rechazado la neutralidad, sino que había optado por una versión más «matizada» de la misma. Según Golder, una mayoría considera claramente que el Parlamento y el Gobierno deben conservar un «margen de maniobra» a la hora de definir la política de neutralidad, en lugar de quedar vinculados permanentemente a una definición constitucional.
Los resultados finales sobre las dos iniciativas rechazadas este domingo en este gráfico:
La iniciativa, promovida por Pro Schweiz, reavivó varios de los debates que se han sucedido en Suiza desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, especialmente a raíz de la decisión de Berna de adoptar las sanciones de la Unión Europea (UE) contra Moscú.
De acuerdo a las voces que promovieron esta iniciativa, esas decisión había diluido la posición tradicional del país y, en su opinión, no servía ni a los intereses de Suiza ni a la paz internacional. Por ello, la propuesta pretendía impedir nuevas sanciones de este tipo en el futuro, salvo que fueran aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Su definición de una neutralidad «perpetua y armada» también habría limitado la cooperación con alianzas militares como la OTAN, excepto en caso de una guerra inminente.
>> Nuestro análisis sobre el resultado de la iniciativa de neutralidad:
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Seis lecciones que deja el rechazo a la iniciativa sobre la neutralidad
¿Cuánta cooperación es demasiada?
La senadora del partido del Centro Marianne Binder-Keller declaró el domingo a la radio y televisión pública suiza SRF que la iniciativa habría llevado al país a un «aislamiento total» en un momento marcado por nuevos desafíos en materia de seguridad. El resultado, señaló, demuestra que el país «forma parte de la arquitectura de seguridad occidental basada en normas, es un socio para la cooperación y participa en las sanciones» cuando se vulnera el derecho internacional. Según Binder-Keller, esta posición también responde a los intereses de seguridad de Suiza.
Para Stephan Rietiker, presidente de Pro Schweiz, el grupo promotor de la iniciativa, la cuestión clave es hasta dónde llega esa «cooperación». «¿Significa integrarse en las estructuras militares de la OTAN o prepararse para un posible ataque?», se preguntaba. Según Rietiker, la iniciativa habría dejado margen para esta última posibilidad, pero no se consiguió transmitir bien este mensaje.
>> Reacciones en directo desde Berna, el corazón político de Suiza:
Una batalla cuesta arriba
A pesar de contar con una financiación considerable —entre otros apoyos, el del multimillonario y exministro Christoph Blocher—, las encuestas realizadas al principio de la campaña ya mostraban que la iniciativa tenía pocas posibilidades de éxito. Aunque contaba con algunos apoyos en la izquierda pacifista, solo una gran formación política, la Unión Democrática de Centro (UDC), se pronunció a favor. El resto de partidos y el Gobierno defendieron el statu quo: una neutralidad que respeta los Convenios de La Haya, pero permite responder con flexibilidad a los cambios geopolíticos. También rechazaron que el país hubiera cambiado de rumbo en los últimos años. «Suiza era neutral, es neutral y seguirá siendo neutral», afirmó en varias ocasiones durante la campaña el ministro de Exteriores, Ignazio Cassis.
La iniciativa también tuvo dificultades para atraer apoyos con una campaña basada en la imagen de una paloma y el lema «Demos una oportunidad a la paz». Suiza podía hacer más por la paz mediante la mediación diplomática que a través de las sanciones, consideran las voces que la promovieron. Quienes se mostraban en contra señalaron que la iniciativa era «pro-Putin» y sostuvieron que una neutralidad extremadamente estricta puede acabar beneficiando a los Estados agresores, un argumento que cobró fuerza cuando el propio Kremlin se pronunció a favor de la propuesta.
En última instancia, el rechazo de la iniciativa no supone el fin de la neutralidad suiza, pero tampoco de los debates sobre ella. Berna seguirá al margen de los conflictos y de las alianzas militares, pero tendrá que seguir respondiendo a preguntas sobre su papel en una Europa que está reforzando sus capacidades de defensa y sobre el grado de cooperación que quiere mantener con la OTAN y sus países vecinos. El electorado suizo volverá pronto a abordar cuestiones similares: en noviembre está prevista una votación sobre una propuesta para flexibilizar las normas del país sobre la exportación de material de guerra.
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Segundo tema rechazado: iniciativa sobre la seguridad alimentaria
Tal y como habían anticipado las encuestas, la iniciativa sobre seguridad alimentaria, que pretendía aumentar la autosuficiencia de Suiza en la producción de alimentos, también fue claramente rechazada. El domingo, el 72,5% del electorado votó en contra. Aunque el rechazo fue unánime en todo el país, la oposición fue menor en las ciudades que en las zonas rurales.
Según Golder, del instituto gfs.bern, la iniciativa pretendía conseguir demasiado en muy poco tiempo. Por su parte, Franziska Herren, promotora de la iniciativa, declaró a SRF que «no hicimos nada mal». Añadió que había sido «surrealista», por decirlo suavemente, comprobar que todo el grupo de poder político se había opuesto a la propuesta. Herren advirtió de que, pese al resultado, los problemas relacionados con los recursos hídricos y la agricultura en el contexto del cambio climático siguen siendo los mismos.
«La población no quería que le quitaran la libertad de elegir por sí misma lo que comía», afirmó Petra Gössi, representante del bando contrario. Según Gössi, senadora de centro-derecha del Partido Liberal Radical, la política agrícola suiza sigue siendo una cuestión importante, pero el mercado también desempeña un papel en su definición y condenar el consumo de carne no es una opción viable.
Anne Challandes, vicepresidenta de la Unión Suiza Campesina, se mostró satisfecha con el resultado. «Es una muestra de apoyo a las familias campesinas», afirmó.
La propuesta quedó en gran medida eclipsada por los debates en torno a la iniciativa sobre la neutralidad y no consiguió ganar fuerza durante la campaña. En teoría, debería haber contado con más apoyo en el entorno campesino, ya que pretendía aumentar del 46% al 70% en una década la autosuficiencia de Suiza en materia alimentaria mediante el fomento del cultivo y el consumo de alimentos de origen vegetal. Sin embargo, el sector agrario la percibió como una amenaza existencial por temor a que afectara al consumo de carne y productos lácteos.
Con un presupuesto de campaña de 1,63 millones de francos (1,96 millones de dólares), el bando del «no», formado por asociaciones que representan a las industrias cárnica y láctea, así como por la Unión Suiza Campesina, intentó frenar desde una fase temprana de la campaña el avance de la iniciativa sobre seguridad alimentaria, cuyo presupuesto era de 720.000 francos.
Para las voces opuestas a esta propuesta, ésta era un «dictado vegano» que pretendía decir a la población qué debía comer, aunque el texto de la iniciativa no prescribía una dieta concreta ni reclamaba restricciones a la producción de carne. Para complicar aún más las cosas, ningún partido político salvo los Jóvenes Verdes respaldó la iniciativa y ni siquiera organizaciones ecologistas como Greenpeace y WWF le dieron su apoyo.
El resultado demuestra que el lobby agrario sigue siendo un adversario de peso en la política suiza, especialmente cuando no cuenta con el apoyo de la izquierda y de los Verdes. Como otros intentos anteriores de hacer más sostenible la agricultura suiza, la iniciativa sobre seguridad alimentaria se enfrentó a una batalla cuesta arriba para convencer al electorado. En definitiva, la iniciativa cometió el mismo error que había hecho fracasar otras propuestas similares, como las iniciativas sobre la prohibición de los pesticidas y el agua potable en 2021 y la de biodiversidad en 2024: plantear buenas intenciones, pero objetivos demasiado ambiciosos.
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Artículo editado por Reto Gysi von Wartburg y adaptado al español por Carla Wolff, revisado por Patricia Islas
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