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Por qué Suiza acoge negociaciones de paz

Darse la mano sobre el antiguo símbolo de la paz: una rama de olivo
«El modelo suizo de mediación se basa en la confianza, la confidencialidad y la perseverancia», según la experta Sabina Stein. Illustration: Kai Reusser, Swissinfo

Suiza es un escenario habitual para albergar negociaciones de paz: desde los históricos edificios de Ginebra hasta las elegantes estaciones de montaña. ¿Por qué las partes en conflicto suelen elegir Suiza para negociar y qué gana el país alpino al acogerlas?

En 1925 y 1926, un trío de ministros de Asuntos Exteriores europeos ganó el Premio Nobel de la Paz por negociar un pacto de seguridad continental tras la Primera Guerra Mundial. Un logro notable para Francia, Gran Bretaña y Alemania, acérrimos adversarios durante el conflicto.

El escenario de las conversaciones fue una ciudad del sur de Suiza que dio nombre al pacto: Locarno. Allí, las autoridades helvéticas proporcionaron alojamiento de lujo, seguridad, discreción y múltiples espacios para las reuniones en las que se ultimaron los tratados.

Un siglo después, Suiza sigue siendo uno de los principales destinos para las cumbres de paz. Una tradición diplomática que se ha construido cuidadosamente invirtiendo en infraestructuras de mediación.

¿De dónde proviene la responsabilidad de Suiza como sede de las negociaciones?

La Constitución helvética recoge que Suiza debe promocionar la paz. Para cumplirlo, ofrece los denominados «buenos oficios», en los que el país puede actuar como tercera parte para ayudar a resolver un conflicto. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores, en los últimos años, Suiza ha acompañado más de 30 procesos de paz en más de 20 países.

Suiza puede ofrecer —o se le puede pedir— que reúna a las partes beligerantes en la mesa de negociaciones. Esta labor, según reconoce Sibylle Obrist, subdirectora de la división de paz y derechos humanos del ministerio, cuenta con el apoyo de todo el espectro político.   

«La voluntad política de desempeñar este papel ha sido reafirmada en varias ocasiones por el Consejo Federal [el Gobierno] y el Parlamento —y también por la ciudadanía, si nos fijamos en las encuestas—. Por eso solemos decir que forma parte del ADN de Suiza», dice Obrist.

¿Qué tipo de conversaciones acoge Suiza?

Las cumbres que más atención acaparan son las de alto nivel, como la celebrada en Ginebra en 2021 entre el entonces presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el de Rusia, Vladímir Putin. Antes de que den comienzo a puerta cerrada, las conversaciones a menudo cuentan con un fuerte dispositivo de seguridad, alfombra roja y el saludo del presidente suizo ante una multitud de periodistas.

El presidente ruso, Vladímir Putin, y el presidente estadounidense, Joe Biden, reunidos en Villa La Grange, en Ginebra, el 16 de junio de 2021
Putin y Biden se reunieron en la histórica Villa La Grange, donde en 1864 se celebró la gala con motivo de la firma del primer Convenio de Ginebra sobre el trato a los combatientes heridos. Copyright 2021 The Associated Press. All Rights Reserved.

Lejos de los focos, Suiza también acoge reuniones a puerta cerrada. Pueden ser conversaciones técnicas sobre el desmantelamiento de armas o casos de personas desaparecidas, por ejemplo. Aunque la mayor parte de las reuniones que acoge Suiza son de este tipo, rara vez aparecen en las noticias.

«Estos procesos de negociación menos visibles son muy importantes para preparar cualquier acuerdo definitivo que pueda firmarse», explica Obrist.

¿Qué ofrece Suiza como sede de las conversaciones de paz?

La céntrica ubicación de Suiza en Europa, sus buenas conexiones de transporte y su eficiente administración contribuyen a convertir Suiza en una sede ideal, aunque también han influido los esfuerzos activos por desarrollar este papel.

«En el periodo posterior a la Guerra Fría, Suiza amplió sus inversiones en un ecosistema de mediación para acompañar y apoyar los procesos de paz», indica Sabina Stein, subdirectora del Equipo de Apoyo a la Mediación del Centro de Estudios de Seguridad (CSS, por sus siglas en inglés) del Instituto Federal de Tecnología de Zúrich (ETH). Eso genera conocimientos especializados sobre cómo llevar a cabo las negociaciones y resolver cuestiones relacionadas con la justicia y la gobernanza tras el fin de los conflictos, tanto en el Ministerio de Asuntos Exteriores como en instituciones como el CSS y el grupo de investigación Swisspeace.

«El modelo suizo de mediación —según Stein— se basa en la confianza, la confidencialidad y la perseverancia». La neutralidad militar del país también «desempeña un papel importante: ayuda a generar confianza, ya que Suiza no tiene ningún interés particular en un resultado concreto».

¿Qué gana Suiza al acoger tantas conversaciones?

La mediación, afirma Stein, «es una forma de que los países pequeños tengan un peso superior al que les corresponde realmente. Suiza no es una excepción: ha utilizado la mediación como modo para aumentar su influencia y poder de negociación en la escena internacional».

Al acoger estas conversaciones, Suiza se abre paso en los círculos de poder de capitales como Washington y contribuye a promover un orden internacional basado en normas que beneficia a la Confederación.

«Invertir en un mundo más capaz de prevenir y gestionar los conflictos, así como de preservar cierto nivel de estabilidad, también redunda en nuestro interés económico —y de seguridad—», dice Stein.

¿Quién corre con los gastos de acoger estas conversaciones?

Tal y como indica Obrist, del Ministerio de Asuntos Exteriores, la cuantía y el reparto de los gastos depende de si Suiza organiza una reunión por su cuenta, o lo hace junto a otro país o las Naciones Unidas. Depende, asimismo, del número de personas que asisten, la ubicación y la condición de quienes participan.

En junio, cuando el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, se reunió con funcionarios iraníes para debatir sobre el programa nuclear de Irán, Catar se hizo cargo de los gastos del lugar de reunión —el complejo turístico de montaña Bürgenstock, propiedad del fondo soberano catarí—, mientras que Suiza se encargó de los gastos de seguridad.

Obrist sostiene que «la mediación es una herramienta diplomática muy rentable que contribuye al poder blando de Suiza». Su división, que lidera los esfuerzos de mediación del país, recibe en torno al 2 % del presupuesto destinado a la cooperación internacional —unos fondos que se han reducido frente a los destinados al Ejército, otra forma de invertir en construir la paz—.

El enviado especial de EE. UU. para Sudán, Tom Perriello, en el centro, sentado entre la jefa de la delegación suiza, Sibylle Obrist, a la izquierda, y el jefe de la delegación de Arabia Saudí, Ali bin Hassan Jafar, a la derecha, habla con los medios de comunicación tras una ronda de conversaciones destinadas a lograr el cese de las hostilidades en Sudán, durante una nueva rueda de prensa celebrada en la Misión de Estados Unidos en Ginebra, Suiza, el viernes 23 de agosto de 2024.
Obrist, a la izquierda, en las conversaciones que en agosto de 2024 se celebraron en Ginebra para poner fin a las hostilidades en Sudán. Suiza también acoge reuniones confidenciales entre las fuerzas políticas sudanesas como parte del «Proceso de Nyon», que busca una solución pacífica. Keystone / Salvatore Di Nolfi

«Participar en la mediación implica relacionarse con actores cuyas posiciones o acciones no necesariamente compartimos o que podemos considerar moralmente cuestionables», afirma Stein. «Eso puede llamar la atención y acarrear un coste político ante el electorado suizo, ante el que el Gobierno, en última instancia, es responsable, pero también ante algunos de nuestros socios». Por lo que añade que, para crear consenso político y público, es importante explicar claramente el papel de Suiza.

Un mediador también puede recibir críticas si no consigue reunir a ambas partes en la mesa de negociaciones, como ocurrió cuando Rusia se negó a participar en la cumbre de paz de alto nivel sobre Ucrania celebrada en junio de 2024 en Bürgenstock. Tampoco asistió el principal aliado de Rusia, China, que propuso su propio proceso para resolver la guerra. Otros países, como la India y Sudáfrica, enviaron a funcionarios de menor rango.

¿Colabora Suiza con otros países que actúan como mediadores?

Para Stein, el riesgo de incurrir en costes políticos ha aumentado con las crecientes divisiones a lo largo de líneas geopolíticas erróneas. «El mundo está más polarizado; ahora es más difícil tender puentes». Suiza debería «evaluar continuamente dónde puede aportar valor añadido y desempeñar un papel de mediación positivo, y mantener un enfoque estratégico en sus intervenciones», cuenta.

Otro enfoque consiste en colaborar con otros países y organizaciones. Suiza ha trabajado, por ejemplo, junto a varios Estados —entre ellos Noruega— en un proceso de paz de más de dos décadas entre el Gobierno y los grupos armados en Colombia. «La era del mediador en solitario ha evolucionado; no creemos que ese sea el camino a seguir», apunta Obrist.

Para aprovechar lo que Obrist denomina «nuestras diferentes ventajas comparativas» —como las redes de contactos, la ubicación geográfica, la historia, el entendimiento cultural y el idioma— recientemente Suiza ha firmado memorandos de entendimiento con Catar, Sudáfrica y Omán. Suiza, asimismo, participó como observadora en la puesta en marcha de un nuevo organismo internacional de mediación creado por China. Y también está muy interesada en transferir conocimientos a nuevos actores, como Irak, ofreciéndoles el beneficio de sus propias experiencias.

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Según Stein, que haya más países dispuestos a mediar —siempre que cuenten con cierta experiencia y exista una buena coordinación entre ellos— puede ser positivo para la paz.

«Conflictos como el de Sudán tienen muchas capas, incluida una dimensión regional», afirma Stein. «Para abordar un sistema de conflictos de este tipo, se necesitan procesos de paz múltiples y complementarios», o lo que se denomina «multimediación», facilitada por diferentes mediadores.

Todo esto para Suiza puede suponer una fuente de apoyo, más que de competencia. «Necesitamos diferentes puntos de partida y formas de influencia para la paz. Y, en ocasiones, puede ser necesario ejercer presión, que no es un papel que Suiza pueda o quiera desempeñar en los procesos de paz», dice Stein.

Artículo editado por Tony Barrett; y adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.

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