¿Podrá Ginebra seguir garantizando el orden mundial en plena crisis del derecho internacional?
Según la comunidad jurídica y humanitaria, las naciones y quienes ostentan el poder deben proteger las normas y exigir responsabilidad en tiempos de conflicto, polarización e indiferencia.
48 estudiantes de universidades de África, Asia, Europa y América presentaron sus alegatos en el Palacio de las Naciones, sede de las Naciones Unidas en Ginebra, como finalistas del 18.o Concurso Mundial de Juicios Simulados sobre Derechos Humanos Nelson Mandela.
El tribunal, compuesto por especialistas internacionales en derechos humanos, profesionales del derecho y representantes de la magistratura, planteó ingeniosas preguntas al alumnado que debía defender los alegatos de dos naciones ficticias cuyas relaciones conflictivas amenazaban la estabilidad de la región.
Aunque se trataba de un juicio simulado, este conflicto ficticio evidenció los momentos difíciles que atraviesan el derecho internacional, el multilateralismo y el papel de Ginebra como garante del orden global, retos a los que las nuevas generaciones tendrán también que hacer frente.
Para Daksh Balakrishnan, estudiante de segundo año en la National Law School de la India, la experiencia de este juicio de cinco días, celebrado a mediados de julio, estuvo directamente relacionada con el profundo impacto de los conflictos en Gaza, Irán, Ucrania, Sudán y otras partes del mundo.
En este sentido, afirmó a Swissinfo desde el Palacio de las Naciones que «ahora hay más margen para la agresión y la hostilidad, ya que en los últimos años se ha tendido hacia una perspectiva nacionalista más aislada». Sin embargo, confía «en que los intereses comunes, la cooperación y el diálogo ayudarán a que el derecho internacional prevalezca».
Recortes, ataques e indiferencia
Ginebra, sede del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial del Comercio, más de 40 organismos multilaterales y casi 500 ONG, ha sido durante mucho tiempo un centro neurálgico del derecho internacional. La ciudad suiza es también la cuna del derecho humanitario: el primer Convenio de Ginebra, firmado en dicha sede en 1864, estableció las normas jurídicas para proteger a la población en tiempos de guerra.
Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones se comprometieron a respetar un orden jurídico común. Partiendo de tratados anteriores, los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales han sido el pilar de la labor de la ONU, de la estabilidad internacional y de décadas de progreso. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), garante de las convenciones, también tiene su sede en Ginebra.
En conjunto, el entramado de tratados y convenciones internacionales rige ámbitos que abarcan desde la seguridad y el comercio hasta el medio ambiente y los derechos humanos. Las violaciones más graves incluyen el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y la agresión.
Hoy en día, sin embargo, resulta cada vez más difícil defender y aplicar esta normativa. Durante los últimos años, el sistema ha sufrido fuertes recortes presupuestarios en las Naciones Unidas, un retroceso generalizado del multilateralismo y diversos ataques de grandes potencias contra la legitimidad de la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Según la comunidad experta, las normas globales se vulneran sin disimulo ante la indiferencia o escasa reacción internacional. El embajador Zaheer Laher, representante permanente de Sudáfrica ante las Naciones Unidas en Ginebra, advirtió durante una mesa redonda sobre el declive del multilateralismo y los riesgos que afronta el derecho internacional de los derechos humanos, que «el Estado de Derecho se encuentra a prueba» y que «no es un menú a la carta del que se pueda elegir».
Estados Unidos, el país con las cuotas más altas de las Naciones Unidas, ha provocado un perjuicio considerable al sistema al negarse a saldar sus contribuciones impagadas y deudas, así como al impulsar su salida de más de 30 organismos de la ONU, entre ellos ONU Mujeres y la Organización Mundial de la Salud. Esta crisis financiera se ha visto agravada por la demora en los pagos de China, Rusia y otros Estados miembros, así como por la reducción de los presupuestos destinados a la ayuda exterior.
La Ginebra internacional, expuesta ya a la competencia de rivales diplomáticos y multilaterales como Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kenia y varios núcleos asiáticos, ha sufrido de lleno este varapalo. Según reveló ReutersEnlace externo a principios del pasado mes de mayo tras consultar a una docena de agencias y autoridades locales, desde 2025 se han recortado o trasladado más de 3.000 empleos dentro de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales en Ginebra a lugares más económicos, lo que representa cerca de un quinto de los puestos de la ONU en la ciudad.
En respuesta a los recortes y al plan de austeridad de las Naciones Unidas, el Parlamento suizo aprobó una partida de 122,6 millones de francos suizos (152 millones de dólares) para el periodo 2026-2029, con el fin de respaldar a la Ginebra internacional, mejorar infraestructuras y fomentar la diplomacia multilateral. Asimismo, el cantón cuenta con su propio plan de rescate por valor de 50 millones de francos suizos, cofinanciado junto a la Fundación Hans Wilsdorf.
Un sistema manipulado y eludido
Según George Ulrich, director académico del Global Campus of Human Rights, una red de más de 100 universidades que forma a profesionales en derechos humanos y democracia, aunque las violaciones y los desacuerdos no son nuevos en el derecho internacional, la tendencia actual se está invirtiendo y se aleja de querer reforzar las normas, la previsibilidad y la responsabilidad.
En declaraciones a Swissinfo, Ulrich advirtió de que «la sensación de que el sistema jurídico internacional está siendo de algún modo gestionado, manipulado y eludido, no siempre por los motivos adecuados, es una preocupación que debería tomarse en serio». Asimismo, añadió que «las instituciones internacionales, como las Naciones Unidas y otros organismos con sede en Ginebra, están sufriendo en realidad las consecuencias de estas divisiones que estamos presenciando».
Por su parte, Cordula Droege, jefa de la oficina jurídica del Comité Internacional de la Cruz Roja, señaló que el derecho internacional humanitario ha funcionado bien para salvar vidas a lo largo de los años, pero que resulta difícil de aplicar, sobre todo cuando la ciudadanía y los Estados ignoran las reglas.
En una entrevista por correo electrónico con Swissinfo, Droege denunció que «las violaciones del derecho internacional humanitario, algunas incluso constitutivas de crímenes de guerra, se observan hoy con un grado preocupante de tolerancia o indiferencia. Esto es lo que tiene que cambiar».
A su juicio, «el derecho internacional humanitario exige a los Estados no sólo respetarlo, sino también garantizar su observancia a nivel global, lo que implica emplear su influencia para hacer que las partes beligerantes vuelvan a respetar la legalidad».
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Respeto, reforma y renovación
Según Marco Sassòli, profesor honorario de derecho internacional de la Universidad de Ginebra, incluso las naciones más poderosas deberían estar interesadas en mantener el orden jurídico, ya que su poder no es ilimitado. En una entrevista por vídeo concedida a Swissinfo, hizo hincapié en que «los Estados deberían reaccionar de una forma más contundente y, sobre todo, evitar el doble rasero, ya que supone un auténtico veneno para la credibilidad de la ley». Desde su punto de vista, «la prioridad pasa por conseguir que se respeten las reglas actuales».
Aunque el derecho internacional tiene defectos, Sassòli y otros miembros de la comunidad experta coinciden en que parte de las dificultades para cumplir y hacer cumplir las reglas se remonta a la configuración del sistema global de posguerra hace casi 80 años, incluido el derecho de veto que ostentan Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido en el Consejo de Seguridad de la ONU. Para Sassòli, «la mayoría de los Estados coincidirán en que necesitamos un nuevo sistema. Es decir, el Consejo de Seguridad no es funcional. No sólo es injusto que estos Estados tengan derecho de veto, sino que tampoco dan resultados. El verdadero problema reside en cómo cambiar esta realidad».
Por último, añadió que «es mejor tener una estructura imperfecta bajo las normas de siempre que quedarse sin nada, por lo que quienes critican el sistema deberían tener cuidado de no destruirlo antes de poder construir una alternativa».
Durante el juicio simulado, Simon Muriithi, estudiante de derecho en Kenia, afirmó que el sistema de las Naciones Unidas debe evolucionar y cambiar, incluida la forma en que las grandes potencias ven al resto de los países del mundo. Muriithi, alumno de último año en la Universidad de Kenyatta, declaró a Swissinfo que «se trata de verlos como Estados iguales, dejando de lado los intereses particulares, la ayuda prestada y la imposición de restricciones o presiones». «Si no somos capaces de proteger la dignidad humana, no llegaremos a ninguna parte como mundo».
Durante su intervención en el panel del juicio simulado, Bertrand Ramcharan, abogado y profesor con una trayectoria de 30 años en las Naciones Unidas, afirmó que se requiere una serie de medidas para proteger el orden jurídico internacional. Entre sus propuestas destacan proteger y reforzar la Carta de la ONU, explorar el papel de la humanidad como fuente de derecho internacional, potenciar la función y la autoridad de la Corte Internacional de Justicia y encontrar fórmulas innovadoras para que el multilateralismo funcione con un respaldo mayoritario y abrumador, aun cuando las potencias mundiales recurran al unilateralismo.
Al finalizar, Ramcharan señaló a Swissinfo que «sería una buena idea que las Naciones Unidas declararan ahora una segunda era para el derecho internacional, de modo que los gobiernos y los pueblos comprometidos con él pudieran manifestar su apoyo». Y añadió: «debemos apoyar a Suiza en sus esfuerzos por defender este derecho; ahora podrían promover un proceso de reflexión para fortalecerlo».
Según Droege, responsable de la asesoría jurídica del Comité Internacional de la Cruz Roja, la eficacia del derecho internacional en el futuro depende de dos factores clave. «En primer lugar, es necesario erradicar las causas de base de las guerras. Los conflictos armados no ocurren de la nada, las guerras se desencadenan donde la política fracasa. En segundo lugar, los líderes de todo el mundo deben convertir el derecho internacional humanitario en una prioridad política». Asimismo, señaló que «sin un mundo basado en el derecho internacional, será imposible garantizar que las próximas generaciones vivan con seguridad, salud y paz».
Artículo editado por Virginie Mangin; y adaptado al español por Cristina Esteban. Revisado por Carla Wolff.
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