¿Los demócratas giran hacia la izquierda, se disparan los rendimientos de los bonos y regresan los «glassholes»?
Les damos la bienvenida a nuestro repaso de prensa sobre la actualidad de Estados Unidos. Cada semana analizamos cómo los medios suizos han informado sobre tres grandes acontecimientos en EE. UU. y cómo han reaccionado ante ellos: uno de política, uno de finanzas y uno de ciencia.
Un enigma político: ¿por qué gastaron los republicanos 5 millones de dólares (4 millones de francos suizos) en anuncios para apoyar a una persona demócrata en unas recientes primarias en Wisconsin? La respuesta se desvela en el análisis de esta semana sobre Estados Unidos.
¿Cuál es la mejor estrategia del Partido Demócrata para derrotar a los republicanos: girar hacia la izquierda o intentar mantenerse en el centro? Según el periódico Neue Zürcher Zeitung (NZZ), las personas que votan por el Partido Demócrata han enviado «señales contradictorias» en las recientes elecciones primarias.
«A menos de tres meses de las elecciones de mitad de mandato, las candidaturas más a la izquierda del Partido Demócrata están cosechando victorias en las primarias», señaló el viernes la radiotelevisión pública suiza RTS.
«Dentro del Partido Demócrata, desde hace tiempo existe una preferencia por presentar candidaturas moderadas, capaces de atraer votos más allá de su propio electorado, en lugar de candidaturas que generen entusiasmo principalmente entre la base del partido. Ahora, este enfoque está siendo cuestionado», afirmó RTS.
El 4 de agosto, Abdul El-Sayed, descrito por el diario NZZ como un «populista musulmán de izquierdas», derrotó a su rival centrista Haley Stevens en la carrera por la candidatura demócrata al Senado en Michigan. Una semana después, Peggy Flanagan, candidata progresista de izquierdas al Senado, se impuso en Minnesota. Después, el 18 de agosto, Angie Nixon, miembro de Democratic Socialists of America, ganó inesperadamente las primarias en Florida.
Sin embargo, NZZ señaló el sábado que unas primarias celebradas en Wisconsin demostraron que «las candidaturas excesivamente “woke” no gozan de buena aceptación entre el electorado demócrata».
El 11 de agosto, Francesca Hong, descrita por NZZ como socialista, perdió por un estrecho margen las primarias demócratas para la gobernación frente a David Crowley, candidato respaldado por el aparato del partido. Hong había llegado a tener una ventaja de unos 20 puntos en las encuestas, pero posteriormente se produjo una importante movilización de votantes demócratas moderados que consideraban que Hong estaba demasiado a la izquierda. «Por ejemplo, había pedido la abolición de la celebración estadounidense del Día de Acción de Gracias, que consideraba un legado colonial», informó NZZ.
El periódico de Zúrich señaló que organizaciones vinculadas al Partido Republicano habían gastado 5 millones de dólares (4 millones de francos suizos) en publicidad electoral para apoyar a Hong, con la esperanza de que demostrara ser una rival más débil frente a la candidatura republicana. «De hecho, las encuestas indicaban que, con Hong como candidata, los demócratas habrían perdido claramente las elecciones para la gobernación», afirmó NZZ.
Las elecciones de noviembre serán decisivas, declaró el politólogo Gary Jacobson a RTS. «Si las candidaturas progresistas no logran ser elegidas, o si los demócratas obtienen en general peores resultados de lo esperado pese a que el contexto nacional les es favorable, esto demostrará que la apuesta del ala izquierda ha fracasado y que esta asumirá la responsabilidad por ello».
Al igual que la deuda, los rendimientos de los bonos estadounidenses continúan aumentando, informa Le Temps. El periódico ginebrino añade que la deuda de Estados Unidos sigue encontrando compradores, pero que quienes invierten en ella exigen una rentabilidad mayor.
«El mercado de la deuda está experimentando una subida tras otra», escribió Le Temps el lunes. El periódico señaló que el 13 de agosto, una subasta de bonos del Tesoro estadounidense a 30 años por valor de 25.000 millones de dólares (20.250 millones de francos suizos) ofreció una rentabilidad del 5,22 %, «el nivel más alto registrado en un cuarto de siglo». A finales de julio, una emisión de bonos a diez años por valor de 42.000 millones de dólares había alcanzado una rentabilidad que no se veía desde 2007.
Estas subidas de los rendimientos de los bonos a largo plazo se producen mientras el déficit presupuestario de Estados Unidos alcanzó los 432.300 millones de dólares en julio, escribió Le Temps. «Hay que remontarse a marzo de 2021, en plena pandemia de COVID-19, para encontrar una cifra superior», señaló el periódico. Según explicó, de acuerdo con el Tesoro estadounidense, este déficit se debe al aumento del gasto en el programa Medicare, al reembolso de los derechos de aduana y al coste de los intereses de la deuda.
«Las últimas emisiones de deuda estadounidense demuestran que el interés por los bonos del Tesoro a largo plazo sigue siendo elevado. Sin embargo, quienes invierten en ellos exigen mayores rendimientos para justificar la asunción de riesgos», escribió Le Temps.
«Además, aunque la probabilidad de que el banco central suba sus tipos de interés de referencia antes de que termine el año está disminuyendo, los rendimientos de los bonos a largo plazo se han mantenido sin cambios. Los tipos a corto plazo llevan varias semanas bajando, pero siguen en niveles muy superiores a los de 2022».
Por último, concluyó Le Temps, está la propia magnitud de la deuda estadounidense. «Se espera que alcance muy pronto los 40 billones de dólares. Además de la emisión de nuevos bonos, el aumento de los tipos de interés plantea la cuestión de cómo refinanciar los bonos que llegan a vencimiento».
El periódico ginebrino citó a John Plassard, responsable de inversiones del banco ginebrino Cité Gestion, quien afirmó que, en lo que respecta a la refinanciación, «2027 será un año bastante colosal para Estados Unidos. Estamos hablando de unos 9 billones de dólares en bonos que llegarán a vencimiento».
«Las gafas con inteligencia artificial están conquistando Estados Unidos», afirmó el fin de semana el periódico Neue Zürcher Zeitung (NZZ), que se pregunta por qué las grandes empresas tecnológicas están poniendo el foco en el rostro y por qué quienes defienden la protección de datos están dando la voz de alarma.
«Hay un aire de Black Mirror en Menlo Park, la sede de Meta en California», escribió Le Temps el martes. «En un escenario que sin duda aprobarían los productores de la serie de ciencia ficción, el grupo dirigido por Mark Zuckerberg está considerando equipar sus gafas inteligentes con un sistema de reconocimiento facial. Esta noticia llega en un momento en el que estos dispositivos, incluso sin esta función, ya están siendo objeto de fuertes críticas».
Para Meta, lo que está en juego es mucho, señaló el periódico ginebrino. La empresa controla el 84 % del mercado de gafas inteligentes y las ventas siguen aumentando, impulsadas también por la bajada de los precios: los modelos más recientes cuestan menos de 300 francos suizos (370 dólares). Se espera que Google lance sus gafas inteligentes este otoño, mientras que Snap continúa presentando nuevos modelos.
¿Es inevitable que lleguen al mercado gafas equipadas con reconocimiento facial? «Si esto se convierte en una práctica habitual en los espacios públicos, no estoy segura de que sea bien recibido», declaró a Le Temps Laetitia Ramelet, responsable de proyectos de la Fundación para la Evaluación de Tecnologías (TA-SWISS). «A la mayoría de las personas no nos gustaría que cualquiera pudiera identificarnos por la calle. Podría ser peligroso si tenemos en cuenta, por ejemplo, casos de acoso o de vigilancia relacionados con nuestras actividades profesionales, políticas o privadas».
Sin embargo, una periodista de NZZ parece haberse convertido en una entusiasta de esta tecnología. «Después de solo diez minutos, ya no quiero quitarme las gafas inteligentes», escribió desde San Francisco sobre las Meta Display Glasses. «Para hacer una foto, solo tengo que tocar brevemente el borde de las gafas; la música se transmite a través de las patillas directamente a mis oídos. Proyectan en la lente derecha la ruta hasta el café más cercano. Las flechas indican el camino: salir de la óptica y girar a la izquierda. En lugar de recorrer las calles mirando fijamente el teléfono, solo tengo que echar un vistazo a la esquina de mis gafas».
Las Meta Display Glasses, cuyo precio ronda los 800 dólares, todavía no están disponibles en Europa por motivos relacionados con la protección de datos, y las informaciones sobre una posible función de reconocimiento facial están avivando aún más el debate. «Incluso ahora, para terceras personas es casi imposible saber si las gafas de Meta están grabando», según NZZ. «A esto se suma el pésimo historial de Meta en materia de protección de los datos de sus usuarios».
Entonces, ¿es inevitable que las gafas inteligentes se vuelvan tan omnipresentes como los teléfonos inteligentes? No necesariamente. «Silicon Valley lleva años intentando hacerse un hueco en el mercado de las gafas inteligentes, hasta ahora sin éxito», escribió el periódico de Zúrich. «Google Glass, lanzadas en 2013, se convirtieron en uno de los mayores fracasos de la historia de la tecnología. No porque el producto fuera malo, sino porque la sociedad no estaba preparada para él. La posibilidad de que alguien pudiera fotografiarte en secreto en cualquier lugar provocó una enorme polémica en aquel momento. A quienes llevaban las gafas se les empezó a llamar “Glassholes”».
El periódico señala que «incluso las personas expertas temen que el “efecto Glasshole” pueda repetirse: que las gafas inteligentes vuelvan a fracasar debido a las preocupaciones sobre la privacidad y a una reacción negativa por parte de la sociedad».
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Traducido por José Kress
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