El desafío de Sudán del Sur: organizar sus primeras elecciones sin fondos ni consenso
Atem Simón Mabior
Yuba, 8 oct (EFE).- Las calles de Yuba amanecen estos días entre la apatía y el nerviosismo mientras el país más joven del mundo se asoma a las primeras y más controvertidas elecciones generales de su historia, previstas para el 22 de diciembre.
La capital vive volcada en un complejo diálogo a contrarreloj para salvar la cita con las urnas, en un escenario atravesado por el repunte de la violencia en el interior, la parálisis logística y la falta de consenso sobre el futuro del proceso de paz.
En el centro de las conversaciones en Yuba está la decisión del presidente, Salva Kiir, adoptada el pasado 22 de septiembre, de disolver el Gobierno de Transición de Unidad Nacional, el parlamento y los gobiernos estatales para imponer en su lugar a unas autoridades provisionales -pero todas leales a su figura- hasta que se produzcan las elecciones.
El movimiento de Kiir ha reordenado el tablero político, dejando al Ejecutivo provisional sin los contrapesos que preveía el acuerdo de paz de 2018 que puso fin a la guerra civil.
Sin apoyo y con violencia
Mientras las autoridades insisten en que las urnas se abrirán sin problema, las principales fuerzas de la oposición ya han dado la espalda al proceso.
Así, el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán en la Oposición (SPLM-IO), liderado por el ex vicepresidente Riek Machar, y la Alianza de Movimientos de Oposición consideran que votar sin haberse completado los acuerdos de seguridad y sin tener una constitución definitiva equivale a «dinamitar» la transición.
Y lejos de los despachos de Yuba, el escenario es aún más hostil.
En estados como Jonglei (centro-este), Alto Nilo (noroeste), Unidad (norte) y Warrap (noroeste), los choques armados y los conflictos intercomunitarios no han cesado.
Solo en Jonglei, la ONU contabilizó en enero más de 180.000 desplazados tras una ola de enfrentamientos, y en agosto una emboscada contra una patrulla de cascos azules se cobró la vida de dos efectivos de la ONU e hirió a otros siete.
Esta inestabilidad armada dibuja un mapa electoral fracturado.
El analista político Manthiang Angok advierte a EFE de que forzar la cita electoral en estas condiciones puede ser el «detonante» de un nuevo ciclo de hostilidades.
«Existe una alta probabilidad de un repunte de violencia en gran parte del país», explica Angok.
«Ciertos grupos armados consideran que avanzar hacia las elecciones sin un consenso amplio bloquea definitivamente cualquier vía de negociación política que garantice su participación», aseveró.
Bajo sospecha y vacíos legales
A la tensión en las provincias se suma una agria disputa política.
Poco antes de la disolución de las cámaras, el Parlamento aprobó una reforma de la ley electoral de 2012 que blindó la permanencia de Kiir al frente de la presidencia hasta la toma de posesión del mandatario electo, pero decretó el cese del resto de las instituciones transitorias.
Esta modificación rompió el equilibrio de poderes diseñado en los acuerdos de paz.
Según advirtió a EFE el jurista y docente de la Universidad Católica de Sudán del Sur, Aban James, las enmiendas dejaron al jefe de Estado con amplias atribuciones pero sin un órgano legislativo activo.
Un escenario que, en caso de que la cita con las urnas deba posponerse, dejaría al país en un vacío constitucional sin un parlamento capacitado para gestionar crisis o ajustar los plazos legales.
Sin censo ni presupuesto
A todo esto se une que la logística electoral afronta graves deficiencias.
De hecho, el registro de votantes aún ni ha comenzado.
La Comisión Electoral Nacional pretende llevar a cabo un censo presencial y manual en un país castigado por la falta de carreteras y las dificultades de transporte.
A dichas dificultades se une el factor económico, y es que de los 250 millones de dólares necesarios para organizar la logística de los comicios, el Gobierno central apenas había transferido unos 25 millones a finales de septiembre.
El presidente de la Comisión Electoral, Gabriel Bol Deng, confirmó a EFE que las delegaciones del organismo en los diez estados y en las tres zonas administrativas especiales carecen hoy de los recursos más elementales, desde oficinas y vehículos hasta equipos informáticos o fondos para pagar los salarios de los agentes electorales.
«Estamos en una carrera contrarreloj, pero la falta de recursos dificulta gravemente nuestra capacidad operativa», admite Deng,
Con el calendario apretando y el consenso estancado, las partes sentadas en el diálogo de Yuba han comenzado a explorar alternativas.
Una de las opciones con más fuerza es reducir el alcance de los comicios: votar únicamente a la presidencia, a los gobernadores estatales y al parlamento nacional, dejando para más adelante el resto de instituciones locales.
Sin embargo, por ahora no hay pacto formal. EFE
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