Gloria Steinem, feminista y curiosa hasta el final
Alicia García de Francisco
Redacción Internacional, 3 sep (EFE).- «Para mí, una de las mejores partes de publicar un libro siempre ha sido la oportunidad de recorrer el país, visitar librerías y conocer a lectores de todo tipo». Gloria Steinem publicó esta frase en su Instagram hace nueve semanas y resume a la perfección la curiosidad innata de quien fue uno de los símbolos principales del feminismo.
Unas ganas de aprender que mantuvo hasta el final, como resalta el comunicado que en sus redes sociales anunció este jueves su fallecimiento, a los 92 años en su casa de Nueva York.
«Pasó sus últimos años haciendo las dos cosas que más amaba: compartir con los demás y escribir», destaca el texto, que además lanza un mensaje a sus seguidores: «En lugar de flores, Gloria ha pedido que quienes deseen honrarla con un obsequio realicen una donación a la Fundación Gloria».
Una fundación creada hace apenas dos años para preservar el lugar que Steinem consideró su hogar desde 1967, su apartamento en la ciudad de Nueva York.
«La visión de Gloria siempre ha sido que su casa siga siendo lo que ha sido hasta ahora: un punto de encuentro, un refugio para activistas internacionales y un espacio seguro para trabajar y descansar», señala la web de una fundación que gestionará el legado de una escritora y activista que dedicó toda su vida a trabajar para que la sociedad fuera más inclusiva.
Nacida el 25 de marzo de 1934 en Toledo (Ohio), desde pequeña tuvo que acostumbrarse a los continuos traslados de residencia asociados a la irregular vida laboral de su madre, que sufrió problemas mentales.
Eso hizo que Gloria, que no acudió regularmente al colegio hasta los 11 años, se diera cuenta muy pronto de la presión y los problemas que padecía su madre en el trabajo.
Desde la separación de sus padres, cuando solo tenía 10 años, tuvo que ocuparse de su madre, una experiencia que, según ella misma contó en varias ocasiones, le hizo rechazar la idea del matrimonio, que en aquellos años implicaba tener que supeditarse a las necesidades del marido, aunque finalmente se casó a los 66 años con David Bale (padre del actor Christian Bale).
Steinem diría entonces que ella no había cambiado, que lo que había cambiado era el matrimonio en Estados Unidos, que por fin podía ser igualitario y no la obligaba a cambiarse el apellido ni a perder parte de sus derechos civiles.
Estudió Gobierno en la universidad Smith College, una carrera poco habitual entre las mujeres, y después pasó dos años en India, aunque antes de aquel viaje tuvo que hacer frente a un aborto, cuando tenía 22 años y vivía en Londres.
Años después describiría aquel aborto, que entonces solo se podía practicar si la salud física o mental de la mujer corría peligro, como un «momento de revelación» en el que se dio cuenta de que Estados Unidos necesitaba un movimiento más amplio en defensa de los derechos de la mujer.
Tras regresar a Estados Unidos trabajó como directora de la ‘Independent Research Service’, organización financiada por la CIA, pero pronto se volcó en el periodismo como ‘freelance’ y escribía temas relacionados con el feminismo para la revista Esquire.
En los años sesenta se infiltró en el Playboy Club de Hugh Hefner como ‘conejita’ para destapar las condiciones en las que vivían esas mujeres, un trabajo que tuvo una gran repercusión pública.
Fue miembro del equipo fundacional de New York Magazine en 1968 y, tras cubrir un acto sobre el aborto, inventó el concepto ‘libertad de reproducción’, es decir, la libertad de tener hijos o no tenerlos.
Creó junto a otras feministas como Bella Abzug y Betty Friedan el ‘Caucus Político Nacional de Mujeres’ y fue fundadora en los años setenta junto con Dorothy Pitman Hughes de la primera revista feminista, Ms (Señora).
En 1972 Steinem fue la primera mujer en dar un discurso en el Club Nacional de Prensa, criticando la composición de las redacciones. Sus mensajes feministas la llevaron a escribir en 1978 para Cosmopolitan la sátira ‘Si los hombres pudieran menstruar’.
Publicó ‘Outrageous Acts and Everyday Rebellions’ (‘Actos escandalosos y rebeliones cotidianas’, 1983) y ‘Marilyn: Norma Jean’ (1986), con el que quiso desmontar el mito de la «ambición rubia».
Steinem, que sufrió cáncer de mama en los años ochenta, escribió su biografía -‘Mi vida en la carretera’ (2015)- y no paró de posicionarse públicamente, como cuando apoyó a Hillary Clinton cuando se presentó a las elecciones o en sus muchas críticas a Donald Trump.
Fue una de las 150 personas que firmaron en 2020 la carta contra la intolerancia y la censura publicada en julio en la revista Harper’s. Y en 2021 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por «una trayectoria marcada por la independencia y el rigor con la que ha sido motor de una de las grandes revoluciones contemporáneas».
En 2024, por su 90 cumpleaños, concedió una entrevista a la BBC en la que señaló que esperaba que su legado «pudiera ayudar a personas individuales a convertirse en la persona única, valiosa, querida y adorable que quieran ser». EFE
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