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Gustavo Petro, el «revolucionario» que termina su mandato bajo la sombra de la corrupción

Nicole Andrea Vargas

Bogotá, 4 ago (EFE).- Gustavo Petro llegó a la Presidencia de Colombia como un líder «revolucionario» y con la promesa de atender a sectores históricamente olvidados, una tarea que cuatro años después cumplió a medias ya que avanzó en materia de derechos pero acumuló en la misma medida acusaciones de corrupción en su entorno que ensombrecieron el final de su mandato.

En un acto público en junio pasado, Petro, vestido de blanco y con lágrimas en los ojos, comenzó su despedida frente a una multitud que lo ovacionaba en el escenario, un espacio cómodo para el mandatario que se ha caracterizado por su oratoria encendida.

«Siempre, siempre y siempre por la vida y por la libertad. Viva Colombia, país de la belleza. Les habló Gustavo Petro y fui su presidente con mucho orgullo», dijo entonces en Cali, donde invitó a votar por el candidato de izquierdas Iván Cepeda, que fue derrotado por el ultraderechista Abelardo de la Espriella, quien el 7 de agosto será investido como presidente en la misma ciudad.

Este martes tendrá otra despedida, a solo tres días de terminar su mandato, cuando asista en Soacha, al sur de Bogotá, al Festival por la Defensa de la Educación Pública, en el que se juntará con jóvenes y grupos de música vallenata.

Los inicios de un rebelde

Nacido el 19 de abril de 1960 en Ciénaga de Oro, en el departamento caribeño de Córdoba, Petro creció y estudió en Zipaquirá, un pueblo andino cercano a Bogotá. Es el mayor de tres hermanos, de familia de clase media.

En el colegio La Salle de Zipaquirá contestaba a los curas con altanería y allá comenzó su militancia, leyendo a intelectuales marxistas, hasta que en 1978, con 18 años, entró a la guerrilla del M-19, donde hizo sobre todo labores de enlace urbano hasta su desarme en 1990.

Su nombre durante los doce años que estuvo en la guerrilla era ‘Aureliano’, como el legendario personaje de la novela ‘Cien años de soledad’, de los cuales tres los pasó en la clandestinidad y otros dos en prisión.

Durante su mandato, el presidente trató de alejar su imagen del conflicto armado y aseguró que no fue «guerrillero», sino «oficial del ejército de Bolívar».

Ascenso a la Presidencia

Petro comenzó su vida política en 1983 como personero de Zipaquirá, luego fue concejal, representante a la Cámara y senador en dos periodos, en los que proyectó su perfil hasta convertirse en presidente en 2022, en su tercer intento.

Como senador, ganó popularidad por sus denuncias sobre nexos entre políticos y paramilitares, volviéndose también un dolor de cabeza para su némesis, el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010).

Entre 2012 y 2015 fue alcalde de Bogotá y desde ese entonces se posicionó como una opción del progresismo en Colombia.

Durante su carrera política ha sido objeto de muchas amenazas, lo que lo llevó a exiliarse en 1994 en Bélgica donde hizo estudios en la Universidad de Lovaina como complemento a su título de economista de la Universidad Externado de Colombia.

El costo sentimental del poder

Petro llegó a la Casa de Nariño el 7 de agosto de 2022 casado con Verónica Alcocer, madre de tres de sus seis hijos. Sin embargo, en octubre de 2025 el mandatario confirmó que la relación había acabado hace tiempo, aunque aún no se han divorciado legalmente.

La vida sentimental del presidente estuvo bajo el escrutinio público durante su mandato. Desde las críticas a la primera dama por sus frecuentes viajes al exterior hasta las versiones sobre presuntas relaciones extramatrimoniales del mandatario ocuparon espacio en el debate público.

El último escándalo de Petro está relacionado con Juliana Guerrero, una joven de 23 años acusada de facilitar la obtención de contratos en distintas entidades del Estado mediante el pago de comisiones, aprovechando su cercanía al presidente.

La firme defensa que Petro ha hecho de Guerrero despertó sospechas sobre un vínculo sentimental, algo que el presidente niega y que le ha costado incluso críticas de compañeros del partido y del Gobierno.

Otros escándalos, como el millonario desvío de dinero de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la investigación por corrupción contra su hijo mayor y denuncias contra varios funcionarios suyos han opacado su despedida del cargo.

El ocaso presidencial

Quienes lo conocen de cerca dicen que Petro no es fácil de tratar, que toma decisiones solo y es poco dado a escuchar consejos, una postura que se hizo evidente durante su presidencia, en la que tuvo al menos 65 ministros y una alta dosis de improvisación.

Su obstinación con algunos temas o causas lo llevó a enfrentarse públicamente con sus opositores e incluso con el presidente estadounidense, Donald Trump, y a publicar informaciones cuestionables para validar sus afirmaciones.

«Yo no he sido feliz en la Presidencia», dijo en mayo en una entrevista con Caracol Radio en la que señaló que en este cuatrienio se sostuvo «a punta de amor, libros y abrazos del pueblo».

Petro deja la Presidencia pero todavía medio país lo aclama como líder de la izquierda y después del 7 de agosto volverá a ser jefe de la oposición. EFE

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