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Isidoro Valcárcel Medina regresa a Buenos Aires 50 años después con ‘El transcurrir’

Esther Rebollo

Buenos Aires, 7 oct (EFE).- Tiene 89 años y el frío del invierno austral le impidió viajar a Buenos Aires para inaugurar ‘El transcurrir’, una exposición en la que el español Isidoro Valcárcel Medina, leyenda del arte conceptual, revisita 50 años de su trayectoria, los mismos que han discurrido desde su anterior visita a Argentina, en plena dictadura. Esta vez llegó por zoom.

‘El transcurrir’ es, además del nombre de la muestra, el título de la obra central: 50 piezas por cada año transcurrido y cada una de ellas con una frase, llámese pensamiento o reflexión.

“Algunas me llevaron semanas y meses crearlas”, afirma el artista desde España, en una videoconferencia proyectada en el porteño Centro Cultural Recoleta, poco después de que el exdirector del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) y actual curador de la Bienal de Shanghái, Ferrán Barenblit, presentara la muestra.

“La conexión entre el momento histórico y el proceso creativo justifica el uno y el otro”, es una de esas frases que explican el “transcurrir” del tiempo.

A esta pieza se suman legajos con la memoria escrita por el artista de sus exposiciones de 1976 en Argentina, Uruguay y Brasil, que incluye anotaciones de lo que significó aquellas experiencias de arte performático y conceptual: desde conversaciones en la calle con ciudadanos hasta impresiones sobre cómo había manejado la censura en tiempos de la Operación Cóndor.

“Hablar sin voz” fue una de las estrategias que usó en su acción de Buenos Aires: apagó la voz en la mitad de una charla e hizo creer que había problemas técnicos, lo que creó un halo de misterio y muchos comentarios sobre lo que nunca había dicho. Al explicarlo, los asistentes no pudieron evitar las risas.

“La censura caminaba a mis espaldas”, recordó Valcárcel Medina en otro momento de su intervención, donde contó que “el transcurrir entonces era arriesgado”.

Esos juegos de palabras y de pensamientos, convertidos en una expresión artística única, le valieron el Premio Nacional de Artes en 2007 y el Velázquez en 2015, así como el título de ser uno de los más grandes artistas españoles vivos.

Proyectos personales del artista

La muestra ‘El transcurrir’ cuenta con otros proyectos del artista, como ‘2.000 D. DE J.C’ (2001), una recopilación de hechos históricos ocurridos durante 2.000 años y elegidos por el creador tras una minuciosa investigación, no precisamente por ser relevantes desde el punto de vista formal o académico.

“La intrascendencia de la historia” es la frase que pronunció Valcárcel Medina para definir esta obra, quizás, como dijo su curador, el hispano-argentino Ferrán Barelbilt, la más magna de todas. Al artista no le importa lo que se piense sobre esos hechos históricos que pueden parecer absurdos, lo importante para él es cómo transcurren.

La exposición incluye también ‘Los motores’ (1973), que es el registro sonoro -grabado en dos pistas simultáneas en un antiguo casete- de dos vehículos recorriendo la carretera Madrid-El Escorial, que parten en el mismo momento. Por la diferente calidad de los autos (y sus motores), los ruidos son distintos y uno se detiene primero porque llega antes al destino. Esa simpleza marca diferencias, hasta de clase.

‘Relojes’ (1973) es una selección de fotografías de relojes-calendarios de ese año ubicados en las calles de Madrid, parecen similares pero cambia el ambiente, las personas de alrededor, la vestimenta de invierno o verano de los transeúntes, pues están repartidas en doce lotes, uno por cada mes.

A Valcárcel Medina le gusta la gente en la calle, por eso les pregunta cosas, lo que sea, y les fotografía. Muchas veces les dice ser forastero para esperar una reacción que luego escribe en sus memorias y legajos, convertidos en importantes obras de arte.

‘El transcurrir’ es «una reflexión no solo sobre el papel del arte, sino también sobre el papel del artista y el de todos nosotros”, afirma a EFE el curador Barenblit.

Opina que “casi ninguna obra de Valcárcel Medina, como de muchos artistas de su generación, se puede entender como obras autónomas que funcionan sin relación con el espectador y con aquellas personas que nos ponemos ante ellas y empezamos una serie de reflexiones, acciones, pensamientos e incluso reacciones que son las que realmente constituyen el trabajo”.

El artista de Murcia “es un referente del arte con mayúsculas desde los años 60 hasta ahora”, ahonda Barebilt, quien añade que junto a otros y otras de su generación, como Esther Ferrer, “marcaron un camino a seguir”

«Yo me atrevo a decir que el arte de hoy no sería igual sin esa generación» que «nos enseñó a pensar desde el arte críticamente y que nos dio la vuelta en lo que era la producción, disolviendo gran parte del dilema del binomio arte y vida», afirma el curador.

Para Valcárcel Medina todo es más sencillo: “El arte es una cosa que ocurre en la calle, en el transcurrir”. EFE

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