Los desbordados vertederos de Trinidad y Tobago, medio de subsistencia y problema nacional
Elena Varisca
Claxton Bay (Trinidad y Tobago), 1 oct (EFE).- Cientos de personas rebuscan entre montañas de basura materiales que puedan vender en el vertedero de Forres Park de Trinidad y Tobago, país que genera más residuos per cápita que el promedio de América Latina y el Caribe, lo que plantea un problema medioambiental y de salud pública.
En busca de chatarra, hierro, botellas de vidrio, alimentos y ropa, algunos pasan la noche en chozas improvisadas o bajo coberturas de lona, vigilando contenedores llenos de materiales ya clasificados.
«La basura de otros se convierte en nuestro tesoro», afirma a EFE Gregory Robert, quien se gana la vida en el vertedero y señala que más de 250 personas dependen de este lugar para su sustento.
El vertedero de Forres Park, ubicado en Claxton Bay, en el sur de la isla de Trinidad, ofrece una imagen cruda de las presiones sociales y ambientales que enfrenta el país, rico por otra parte en recursos energéticos.
«Un vertedero sin ley»
Los tres principales vertederos en funcionamiento del país -Beetham, Forres Park y Guanapo- están llegando a su límite de capacidad o ya lo han alcanzado, y el vertido ilegal de basura sigue siendo una práctica generalizada.
A las afueras de la capital, Puerto España, se encuentran botellas de plástico y otros residuos tirados en las calles, mientras que en San Fernando, a lo largo de la avenida Lady Hailes, se quema basura y se arroja por un acantilado con vistas al golfo de Paria.
La primera ministra Kamla Persad-Bissessar declaró en una ocasión que Trinidad y Tobago «se ha convertido en un vertedero sin ley debido a las actitudes de ciertos ciudadanos que creen poder hacer lo que quieran», culpando también a la Administración anterior.
El problema es que aún no se han establecido prácticas nacionales integrales de reciclaje y, en los vertederos, los residuos orgánicos se entierran junto con el resto de la basura, al tiempo que se desechan cantidades considerables en ríos, carreteras y basureros no autorizados.
Desde que en 2021 se implementó el Reglamento de Gestión de Residuos, se han instalado contenedores de reciclaje en diversas partes del país, pero la mayoría de los hogares no separa los residuos antes de desecharlos.
Un estudio gubernamental de 2023 estimó que anualmente se generan más de 733.000 toneladas de residuos y, aunque alrededor del 77 % del material es potencialmente reciclable, no existen vertederos modernos de ingeniería avanzada.
La empresa estatal de gestión de residuos sólidos de Trinidad y Tobago (SWMCOL) ha completado estudios para abrir un vertedero adecuado y colabora con la Autoridad de Gestión Ambiental en la realización de una evaluación de impacto ambiental y social.
El Banco Mundial estima que Trinidad y Tobago genera unos 1,45 kilogramos de residuos sólidos municipales por persona al día, frente a una media regional de aproximadamente 1,05 kilogramos, en parte debido a que importa una gran cantidad de alimentos, lo que contribuye a un alto volumen de envases de plástico.
Una contradicción incómoda
Los incendios en el vertedero de Beetham propagan humo por zonas de Puerto España, mientras que los líquidos contaminados conocidos como lixiviados pueden filtrarse y amenazar el suelo y las fuentes de agua de los alrededores.
Montañas de desechos amenazan el medioambiente y, al mismo tiempo, proporcionan un medio de vida precario a personas que rebuscan entre la basura.
«Te vuelves independiente. Trabajas a tu propio ritmo. Quienes trabajan aquí son, en ocasiones, personas con antecedentes penales que no encuentran trabajo en otros sitios», explica Robert.
Los vertederos también atraen a personas en busca de artículos que puedan reutilizar o vender. Decenas de mujeres acuden especialmente los sábados para revisar ropa y alimentos desechados en Forres Park.
«El vertedero les beneficia porque hay personas que no tienen comida, ropa ni trabajo, y cuyos hijos pasan hambre», cuenta a EFE Sharlene Alexis, quien vende comida y bebidas en las cercanías.
En esa misma línea, Knaguse Simon, de 29 años, quien creció en el vertedero, lo considera una fuente de apoyo fundamental para quienes enfrentan la pobreza.
«Este lugar salva a mucha gente de la delincuencia y la miseria. El vertedero es una verdadera ayuda. Quizás parezca un sitio desagradable, pero realmente ayuda a las personas pobres», afirma. EFE
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