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Suiza busca impulsar los negocios con China mientras los antiguos vínculos comerciales se desmoronan   

El Acuerdo de Libre Comercio entre Suiza y China entró en vigor en 2014
El primer acuerdo de libre comercio entre Suiza y China despertó esperanzas de un auge comercial. Keystone-SDA

La perspectiva de mejorar el actual acuerdo de libre comercio (ALC) entre Suiza y China llega en un momento crítico para las empresas helvéticas, que se enfrentan a condiciones comerciales volátiles, tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea (UE).

Washington ha anunciado aranceles de hasta el 12,5 % sobre algunos productos suizos; un porcentaje superior al que aplica a otros muchos países europeos. Bruselas ha aumentado los aranceles sobre el acero suizo, mientras el acceso de Suiza al mercado eléctrico de la UE depende de nuevas condiciones marco que regulen las relaciones bilaterales.

El acuerdo entre Suiza y China para ampliar el actual TLC es oportuno, ya que las empresas suizas buscan diversificar sus negocios en otros mercados regionales.

Según la Federación Empresarial Suiza, economiesuisse, «la economía suiza necesita relaciones comerciales amplias con todos los principales mercados de exportación. La diversificación reduce las dependencias unilaterales».

Para los medios de comunicación suizos las negociaciones comerciales con China son un gran éxito. Algo que contrasta con el supuesto fracaso de la diplomacia suiza en Washington durante los últimos 12 meses.

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El periódico Tages Anzeiger defiende que los últimos aranceles impuestos por EE. UU. se han interpretado en Berna «como una advertencia para que no se estrechen más los lazos con Pekín». Y añade: «El Consejo Federal [el órgano ejecutivo], sin embargo, está dejando claro que no permitirá que nadie le dicte con quién debe comerciar».

El actual acuerdo de libre comercio entre Suiza y China está en vigor desde 2014. De una manera optimista, se preveía que el tratado original iba a ahorrar al año —en aranceles— 290 millones de francos (359 millones de dólares) a las empresas suizas. El ahorro real en 2017 fue de apenas 100 millones de francos.

Una avalancha de papeleo

Ahora ambos países están dispuestos a quitar los aranceles a una mayor variedad de productos, entre los que destacan los relojes y los productos farmacéuticos. Si el nuevo acuerdo se aprueba, el 99,8 % de las exportaciones suizas quedarán libres de aranceles —durante diez años desde que entre en vigor—, frente al 53,6 % actual. El Ministerio de Economía suizo estima un ahorro anual de hasta 244 millones de francos.

+ ¿Quién se beneficia de los acuerdos de libre comercio con Suiza?

El verdadero valor del acuerdo comercial dependerá de diversos factores, entre los que destacan las denominadas «barreras técnicas»: una avalancha de permisos y normativas que pueden frenar el comercio.

Las barreras más comunes son «los complejos procedimientos de registro y certificación de productos, las diferencias en las normas y los requisitos de ensayo, los trámites aduaneros y de concesión de licencias, y las variaciones en la forma en que se aplican las normativas a nivel local», explica Guillaume Joyet, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Suiza-China (Swisscham) en Pekín.

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Antes de poder evaluar los avances en este ámbito, las asociaciones del sector necesitan más detalles sobre la mejora propuesta del TLC.

La industria relojera suiza sería una de las principales beneficiarias de que mejoren las condiciones del TLC; ya que quedarían exentos de aranceles todos los relojes suizos, frente al 1 % de ahora. Tal y como señala la Federación de la industria relojera suiza, los aranceles chinos —según las actuales condiciones del TLC— cuestan a las empresas del sector unos 100 millones de francos al año.  

Pero también hay que tener en cuenta otros factores. Entre principios de 2024 y finales de 2025, las exportaciones de relojes suizos a China se redujeron un tercio. «La economía china se está viendo afectada por las dificultades en su sector inmobiliario, que representa una parte significativa del PIB», dice Philippe Pegorar, economista jefe de la federación relojera.

+ Cronología de los 75 años de relaciones entre Suiza y China

En China en el primer semestre de este año se han vendido un 7,1 % menos de relojes. Esto se ha debido «en gran medida al deterioro del entorno financiero y, más recientemente, a las medidas de austeridad fiscal que afectan a los consumidores con un elevado patrimonio», añade Pegorar.

Restricciones tecnológicas de EE. UU.

El volumen total de comercio entre Suiza y China pasó de 36.300 millones de francos en 2022 a 33.500 millones el año pasado. El descenso general se explica por la volatilidad de la situación económica, tanto en el mundo como en China.

Otra amenaza para el fortalecimiento del comercio con China es la agresiva política económica de Washington, diseñada para frenar el crecimiento chino. Estados Unidos con frecuencia impone a China restricciones a la exportación de tecnología de vanguardia. Y espera que el resto del mundo las respete.

«En el contexto del actual conflicto comercial entre Estados Unidos y China, las empresas deben mantenerse bien informadas sobre el marco normativo en todos los mercados relevantes y cumplir con los requisitos aplicables en materia de control de exportaciones y cumplimiento normativo», afirma una persona en representación de Switzerland Global Enterprise, una agencia gubernamental que facilita el comercio con otros países.

La propuesta de mejorar el TLC con China —en caso de que el acuerdo comercial se someta a referéndum— también se enfrenta a la posibilidad de que el Parlamento o el electorado la diluyan o bloqueen. Los partidos de izquierdas no ven motivos para que las disputas comerciales con EE. UU. y la UE empujen ciegamente a Suiza a los brazos de China.

Amenaza de referéndum

El Partido Ecologista amenaza con convocar un referéndum. «China vigila y persigue a las minorías tibetana y uigur en Suiza. Y el trabajo forzoso es un grave problema en China», dice la presidenta del partido, Lisa Mazzone.

El Partido Socialista también ha exigido pruebas de que China va a cumplir sus promesas de salvaguardar los derechos de la clase trabajadora y el medioambiente.

El lento avance del acuerdo de libre comercio propuesto entre los Estados de la AELC —Suiza, Islandia, Liechtenstein y Noruega— y los países del Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— es un recordatorio aleccionador de que la economía y la política están profundamente entrelazadas.

Después de que en junio la Asamblea Federal (Cámara de Diputados) rechazara el TLC, el acuerdo sigue estancado tras ocho años de negociaciones. Incluso si finalmente el Parlamento lo aprueba, el acuerdo podría ser objeto de referéndum.

Artículo editado por Reto Gysi von Wartburg y adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.

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