«Durante la Guerra Fría, los objetores de conciencia eran considerados deficientes o egoístas»
Aunque durante mucho tiempo fueron una minoría, a partir de la década de 1960 los objetores de conciencia fueron a más en Europa occidental. Un libro del historiador Niels Rebetez arroja luz sobre la larga lucha de quienes se negaron a prestar el servicio militar.
Negarse a cumplir el servicio militar no siempre ha sido una opción en Suiza. Los objetores de conciencia durante décadas fueron marginados, criminalizados e incluso tachados de «deficientes» o «egoístas» por la justicia.
A partir de la década de 1960 su número aumentó considerablemente en un contexto de contestación social y política.
En el libro Au temps de l’objection. Histoire du refus du service militaire en Suisse (1960-1996)Enlace externo [En la época de la objeción. Historia de la objeción al servicio militar en Suiza (1960-1996)], publicado a mediados de mayo, el historiador Niels Rebetez repasa la evolución que llevó a que, en 1996, los objetores de conciencia fueran reconocidos legalmente a través del servicio civil. Un debate de cierta actualidad en Suiza en los últimos meses, ya que el 14 de junio se votó sobre la posibilidad de endurecer las condiciones para acceder al servicio civil.
Swissinfo: ¿Por qué tantos hombres se negaron a cumplir con la obligación de prestar el servicio militar a partir de la década de 1960?
Niels Rebetez: En primer lugar, se observa un cambio en el perfil de los objetores de conciencia. Hasta entonces, se trataba sobre todo de hombres que, para justificar su negativa a prestar el servicio militar, alegaban motivos religiosos, en particular los Testigos de Jehová. A partir de la década de 1960, las motivaciones se diversificaron. En particular se observa un auge de la objeción política, vinculado al surgimiento de un activismo en favor de los objetores.
También desempeñan un papel importante las transformaciones sociales impulsadas por los movimientos de protesta de los años 60. Los valores que promueven —el rechazo al modelo familiar tradicional y a la moral conservadora— están en total desacuerdo con los del ejército, basados en la disciplina, el espíritu de sacrificio y la obediencia incondicional. Por otra parte, tras la Segunda Guerra Mundial, la etapa de la juventud —educación obligatoria, estudios o formación profesional— se alarga, lo que entra en conflicto con el servicio militar.
Niels Rebetez es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Friburgo. Su obra se basa en su tesis doctoral, defendida en 2023. Especialista en historia oral e historia social, se ha interesado especialmente por la historia de la antipsiquiatría en la Suiza francófona. Lleva varios años trabajando como colaborador científico, primero para los servicios del Parlamento y después en la Oficina Federal de Salud Pública. En la actualidad es responsable de las cuestiones relacionadas con el colectivo LGBTIQ en la Oficina Federal para la Igualdad entre Mujeres y Hombres.
¿El movimiento suizo es un fenómeno específico o forma parte de una ola de protesta internacional?
Se trata de un movimiento generalizado, que va más allá de la mera cuestión de la objeción de conciencia. Se observa un aumento de todo tipo de conductas destinadas a eludir el servicio militar en casi todo Occidente. La deserción o las ausencias injustificadas también van en aumento.
Suiza, sin embargo, presenta una particularidad importante. Es uno de los últimos países de Europa occidental en haber introducido el servicio civil. La mayoría del resto de Estados establecieron antes un régimen para los objetores de conciencia, lo que pudo contribuir a que las solicitudes aumentaran.
Por otra parte, el apego a la institución militar en Suiza es mayor que en otros países, sobre todo porque el país no participó en la Segunda Guerra Mundial. Así, el modelo de defensa nacional basado en el servicio militar obligatorio no se vio afectado y se mantuvo, mientras que, en otros lugares, la obligación de prestar el servicio militar se fue abandonando progresivamente.
Durante ese periodo, la obligación de prestar el servicio militar revestía una importancia especial desde el punto de vista social y negarse a cumplirla acarreaba consecuencias penales. ¿Quiénes eran aquellos hombres que se atrevían a oponerse a pesar de todo?
No existe un perfil único, pero se observan ciertas tendencias. Se trata sobre todo de estudiantes o de hombres que trabajan en el sector servicios. También son, en su mayoría, de zonas urbanas. Se observa, asimismo, una sobrerrepresentación de francófonos respecto a los de habla alemana.
Por otra parte, mis investigaciones han puesto de manifiesto un perfil inédito, muy diferente. Se trata de hombres en situación de precariedad, procedentes de entornos desfavorecidos, a menudo. Sin titulación profesional, encadenan empleos poco o nada cualificados y suelen acumular dificultades personales. Para estas personas, el servicio militar se presenta como una carga adicional en un conjunto de dificultades de las que ya les resulta difícil salir.
¿A qué consecuencias se exponían los objetores de conciencia?
La primera consecuencia es la pena de prisión, con condenas que podían oscilar entre unos pocos días y más de un año. A partir de finales de la década de 1960, no obstante, se introdujo una distinción para aquellos cuyos motivos se reconocían como «honorables» y derivados de un grave conflicto de conciencia. Podían beneficiarse de una pena más leve, denominada «detención represiva». Estas personas eran encarceladas por la noche y los fines de semana, mientras que se les asignaba, durante el día entre semana, un trabajo fuera de la prisión, por ejemplo, en un hospital. Los objetores que no se beneficiaban de este reconocimiento, por el contrario, cumplían penas de prisión efectiva y eran encarcelados junto con los reclusos comunes.
¿Cómo se vive esta experiencia carcelaria?
Se trata de una prueba que dista mucho de ser insignificante. Están expuestos a las mismas condiciones de reclusión que el resto de los presos: promiscuidad, violencia y arbitrariedad. Para algunos, las consecuencias han sido especialmente graves. En el marco de mi investigación, he identificado a tres objetores que fallecieron en prisión: dos por suicidio en Bellechasse y otro, probablemente, por una sobredosis de medicamentos.
En términos más generales, la experiencia carcelaria ha podido dejar huellas duraderas. Varios testimonios mencionan su carácter profundamente difícil, incluso traumático. Algunos antiguos reclusos han tenido grandes dificultades para recuperarse.
Más allá de la cárcel, en su libro también muestra que hubo consecuencias a más largo plazo.
Sí, en el ámbito profesional, sobre todo. Se sabe que en el sector privado algunos objetores fueron despedidos o tuvieron dificultades para encontrar un nuevo empleo, pero documentar estas situaciones sigue siendo difícil. En el sector público, en cambio, los efectos son más visibles. Se ven especialmente afectados los profesores y los educadores, ya que las autoridades temen que ejerzan una mala influencia sobre los chicos jóvenes.
A esto se suma una cuestión de principios: desde el punto de vista de las autoridades, resulta difícilmente aceptable servir al Estado como empleado y, al mismo tiempo, negarse a cumplir con una obligación constitucional como el servicio militar.
>> Artículo explicativo sobre la votación celebrada el 14 de junio sobre la restricción del acceso al servicio civil:
Mostrar más
Suiza decide si apoya a su Gobierno para limitar la alternativa al servicio militar a sus jóvenes
Usted también ha analizado el trato que la justicia militar dispensó a los objetores de conciencia. En este sentido, ¿cómo se les trataba?
La justicia militar ante todo busca explicar una negativa a prestar servicio que le parece inconcebible, en el contexto de la Guerra Fría, sobre todo. A los jueces y a los peritos psiquiatras les cuesta comprender estos comportamientos y buscan, por lo tanto, explicaciones en los propios individuos, más que en las motivaciones que estos expresan.
Dos grandes interpretaciones se repiten con frecuencia. La primera consiste en considerar que los objetores son deficientes o que tienen un «desarrollo mental incompleto». Esta interpretación permite dar sentido a un acto que se considera incomprensible sin poner en tela de juicio la institución militar.
Cuando esta interpretación no es aplicable, surge una segunda lectura: la del egoísmo. Los objetores entonces son descritos como personas que rechazan cualquier forma de deber. El tono entonces se vuelve mucho más virulento, lo que puede traducirse en penas más severas. Sus motivaciones son ampliamente deslegitimadas y despolitizadas en todos los casos.
¿Qué papel desempeñaron los objetores de conciencia en el desarrollo del servicio civil?
Se puede considerar que, a largo plazo, el activismo contribuyó a preparar el terreno y a hacer que la idea de un servicio civil resultara, poco a poco, concebible. A pesar de décadas de movilización, sin embargo, el pueblo rechazó rotundamente, en 1977 y 1984, las dos primeras iniciativas populares destinadas a introducir un servicio civil.
Su introducción se aceptó finalmente en una votación celebrada en 1992. El fin de la Guerra Fría desempeñó un papel clave a la hora de hacer aceptable, para una mayoría, la idea de que algunas personas pudieran realizar un servicio sustitutivo por motivos de conciencia.
Artículo editado por Samuel Jaberg; y adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.